Qué hay detrás del fin de la era dorada de las tarjetas de crédito en Nicaragua, más de 400 mil fuera del mercado

Los bancos han perdido hasta septiembre de este años más de 400 mil préstamos aprobados vía tarjeta de crédito, según cifras de la Siboif. Por años este crédito creció con fuerza y se expandió rápidamente en la última década. ¿El fin de una era dorada?

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En medio de la recesión económica que se encamina a su tercer año, se ha observado una fuerte reducción en la circulación de  préstamos vía tarjetas de crédito, el dinero plástico que venía en crecimiento desde el 2014, pero tras la crisis sociopolítica ahora viene en descenso y cada vez son menos personas las que tienen acceso a este tipo de financiamiento rápido.

Entre enero y septiembre del año pasado, según cifras de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif), había 790,009 préstamos aprobados mediante tarjetas de crédito, inferior a los 871,657  en igual periodo del 2019, es decir 81,648 préstamos menos (-9.3 por ciento).

Eso ocasionó que el saldo que había en tarjetas de crédito pasara de 9,949.58 millones de córdobas hasta septiembre de 2019 a 8,520.03 millones de córdobas en igual periodo de este año, lo que implica 1,429.55 millones de córdobas menos.

No obstante si se compara con marzo del 2018 (antes que iniciara la crisis sociopolítica), cuando habían circulaban 1,190,96 préstamos en tarjetas, se han perdido hasta septiembre de este año 400,952 créditos de este tipo, según cifras de la Siboif. En saldo, el monto pasó de 11,917 millones de córdobas a 8,520 millones, equivalente a una reducción real de 3,397 millones de córdobas, de marzo 2018 a septiembre 2020.

Una tarjeta de crédito es una herramienta de financiamiento rápido, que tiene establecido un límite de dinero para compra o retiro. La mayor ventaja es la flexibilidad que le da al usuario, quien puede pagar sus saldos por completo en su fecha límite mensual o pagar el mínimo.

A criterio del economista Néstor Avendaño, la contracción en la colocación de tarjetas de crédito principalmente se debe a que se ha reducido fuertemente el empleo formal, lo que generalmente usaban este financiamiento.

“El empleo formal se ha reducido en un 10 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), desde marzo 2018 hasta agosto del 2020 se han perdido 201,002 puestos de trabajo del sector formal de la economía y las tarjetas están más en manos de trabajadores del sector formal que del sector informal, esa es la razón más poderosa para explicar por qué se ha reducido el número y el saldo”, explicó Avendaño.

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De hecho para el empleo, que es indicador determinante en la colocación de tarjetas de crédito, los pronósticos este año no son nada alentadores, al menos eso es lo que indican las proyecciones oficiales sobre el comportamiento de la cartera de afiliados del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. El régimen espera este año que el INSS acabe con 617,537 afiliados, por debajo de los 727,025 del año pasado y para el 2021 apenas espera una recuperación de apenas 23,117 plazas.

Hasta agosto 2020 se acumuló desde 2017 una reducción de 218,329 personas fuera del sistema de Seguridad Social, que son fundamentales para el negocio de las tarjetas de crédito. En el 2017 el instituto contaba con 914,196 cotizantes, según cifras del Banco Central.

El impacto en la clase media

De igual forma el sociólogo y economista Óscar René Vargas indica que el empleo fue determinante para la caída de este tipo de financiamiento, pero además indica que esto revela cómo ha sido impactada la clase media.

“El empleo cayó en los diferentes sectores, tanto en sectores medios y medios bajos, que son los sectores que más usan tarjetas de crédito, muchas empresas y negocios cerraron, eso significa, que los dueños de esas empresas que tenían su tarjeta, pasaron a tener menos o nada de ingresos, ese sector perdió su capacidad de pagar, y muchas de estas personas estaban pagando una vivienda a plazo, automóvil, los hijos los tenían en universidades privadas y al no tener ingresos correspondientes para cumplir con los compromisos dejaron de pagar las tarjetas o las cancelaron”, dijo Vargas.

No quieren endeudarse

Pero también puede estar incidiendo otro factor: la gente no quiere deudas.  Al respecto, Avendaño señala que los que no han perdido su empleo,  están siendo más cautelosos con las deudas.

“La banca ofrece tarjetas de crédito a personas que demuestren cierta capacidad de pago, y esa es la conexión que tiene con la reducción de empleo formal, pero también la gente que no ha sido despedida puede haber reducido su endeudamiento, porque la demanda de dinero se vuelve más precautoria en momentos de crisis, las personas en tiempo de crisis ahorran más, ya sean consumidores o empresarios. Los consumidores principalmente con la precaución de que vienen tiempos peores y hay que estar preparado y los empresarios porque en momentos de incertidumbre invierten menos y va en consonancia con los menores niveles de producción”, añadió el economista.

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Para el economista Luis Murillo la reducción en el número y saldo de tarjetas de crédito se debe al achicamiento de la economía, “desde que se dio la crisis sociopolítica la economía se  ha contraído y en consecuencia también el consumo, pero además muchas familias han entrado déficit, no han podido honrar sus deudas, entonces si no pagás te bloquean la tarjeta o el mismo usuario la cancela y la deja de usar”.

Normativa de la Siboif no tuvo impacto

Por otra parte es importante señalar, que en junio la Siboif modificó el porcentaje del pago mínimo de los deudores de tarjetas de crédito de 3 a 2 por ciento, más los intereses corrientes y moratorios, precisamente para hacer frente a la legión de morosos que se temen en el sector financiero por mayor desempleo.

En su momento la Siboif indicó que la institución financiera podría negociar el saldo de la tarjeta de crédito bajo nuevas condiciones más favorables a través de un crédito personal, que son menos onerosos que un crédito de tarjeta.

A criterio de los economistas consultados por LA PRENSA, tal medida no tuvo mayor alcance y que hubiese tenido mayor impacto reducir la tasa de interés o congelarla por un tiempo.

“La normativa no tuvo impacto porque en momentos de crisis la actitud racional del consumidor es pagar las deudas rápidamente para no verse en problemas posteriores, el hecho de pagar no el 3 sino el 2 por ciento de la deuda de los tenedores de tarjetas como pago mínimo, eso no hace ni cosquillas y los que quedaron en el mercado laboral (…) prácticamente pagan más del 2 por ciento para salir rápido de la deuda, entonces no le veo una gran importancia”, dijo Avendaño.

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“En mi opinión para contribuir al gasto de los consumidores, hubiera sido mejor bajar las tasas de interés, esa hubiera sido la mejor medida financiera para apoyar el gasto”, añadió.

Para Vargas también es una opción racional bajar la tasa de interés o bien haber otorgado una moratoria por 3 o 5 meses, sin afectar el récord crediticio del trabajador o tenedor de este tipo de crédito.

“Lo lógico hubiese sido que el Estado declarara que el interés de la tarjeta de crédito se congelaba durante tres meses para evitar que el monto por intereses se incrementara y lo que hicieron fue reducir el monto de pago, pero el interés sigue afectando al tarjetahabiente, yo creo que fue una mala política”, sostuvo Vargas.

Al respecto Murillo dijo que “es una medida superficial, paliativa a la situación porque prácticamente no genera alivio a las personas, más bien creo que debería de hacer una regulación de la normativa y bajar las tasas de interés de los bancos que se han mantenido elevadas en tiempos de crisis cuando la economía está en recesión”.

El peso de las tarjetas

Pero más allá del planteamiento de los economistas, lo cierto es que la crisis ha trastocado uno de los principales negocios de los bancos.  Del total de tarjetas de crédito que estaban circulando hasta septiembre de este año, 415,835 eran con pagaderos en dólares y 374,174 en córdobas.

Además de los 1.12 millones de préstamos que hasta septiembre de este año tenían activos las instituciones financieras, el 70 por ciento de estos están concentrados en las tarjetas de crédito.

No obstante, la participación del monto global colocado a través del dinero plástico es menor dentro del saldo de la cartera crediticia, que hasta septiembre se situó en 121,995 millones de córdobas. De este último monto, las tarjetas representaban el 7 por ciento. La mayor participación en término de monto lo ocupa el crédito comercial (3 por ciento), seguido por el crédito hipotecario (17) y el industrial (13.3 por ciento).

La reducción en la circulación de tarjeta de crédito, no solo coincide con el aumento del desempleo, sino también con la tasa de riesgo y de mora.

Los números oficiales de la Siboif indican que hasta agosto de este año el indicador de cartera en riesgo alcanzó un 16.6 por ciento, aumentado un 514 por ciento desde el 2017, cuando la tasa estaba en 2.7 por ciento. Según cálculos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) ese 16.6 por ciento equivale a 550 millones de dólares en riesgo.

Mientras que la tasa de mora hasta agosto alcanzó un 3.6 por ciento, cuando en el 2017 era del 1 por ciento. A eso se suma que la cartera de crédito entre enero y agosto se ha contraído 266 millones de dólares, aunque los depósitos han aumentado 352 millones de dólares, incrementando la liquidez de la banca, que en agosto de este año llegó a 46 por ciento, cuyo dinero al estar en las bóvedas de estas entidades se pierden la oportunidad de reactivar la economía.

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