Carlos «Chocorroncito» Buitrago parece resignado en su carrera

Carlos "Chocorroncito" Buitrago ha fallado seis veces en busca de un título mundial de boxeo y siempre se concluye que le faltó entregarse más

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Es septiembre del 2008. En el estrado principal de una rueda de prensa, la figura es Román “Chocolatito” González, quien se acaba de coronar campeón del mundo, tras vencer a Yutaka Niida en Japón.

Prodesa, la empresa que manejaba la carrera del nuevo monarca mundial aprovecha el evento y en un video aparece Carlos “Chocorroncito” Buitrago, quien dispara desde una silla sin vacilar.

“Yo no sé por qué Silvio Conrado (Jr.) se emociona tanto con el “Chocolatito”, si yo voy a ser mejor que él”… En el salón todos sonríen, hasta “Chocolatito”. La frase es un poco atrevida, pero a nadie le lució disparatada.

Es que no lo era. Buitrago había asomado con fuerza y mucho fuego en el boxeo, que parecía enrrumbado en una carrera sin límites. Elegante, vistoso y eficaz. Así lucía su boxeo y avanzaba sin pausas.

A los 11 años ya era una figura conocida en el pugilismo nacional. Sus presentaciones emocionaba por su intensidad y desde Alexis Argüello, pasando José «Quiebra Jícara» Alfaro y otros conocedores del boxeo, le atribuían un futuro impresionante.

Quizá se podía cuestionar su potencia, pero no su explosividad y agresividad. Se había impuesto por nocaut en ocho de sus primeras diez peleas. Así que solo le faltaba esperar por la oportunidad para exhibir su talento en escenarios de mayor repercusión.

Incluso, cuando peleó con el azteca Edgar «Power» Jiménez, a quien noqueó en el 2009, dio la impresión que estaba listo para dar el salto. Y las oportunidades comenzaron a llegar y fue fallando una tras otra, hasta llegar a seis.

La última pasó este viernes, cuando se enfrentó al nada deslumbranre monarca mundial Elwin Soto y tras un arranque prometedor, comendó a aflojar, mientras el titular se ajustaba hasta tomar control absoluto de una pelea que ganó con claridad.

Buitrago, en lugar de ir a buscar a su oponente, acosarlo y obligarlo a pelear en su terreno más conveniente, se movió hacia atrás, contragolpeado y boxeando sin intensidad ni hambre de triunfo, hasta que fue derrotado sin objeciones.

Ahora Buitrago es un púgil que pasó de ser un prospecto, a una promesa devaluada y envejecida, empujado por un marchito espíritu competivo y un corazón que cada vez late con más lentitud.

Y lo más triste es que sus habilidades están ahí. Su técnica no ha caducado, pero su empuje continúa ausente. Se ha vuelto un rival pequeñito, que va hacia atrás y se refugia en las cuerdas, resignado a sobrevivir.

No alcanzó al «Chocolatito», pero si ha logrado extraer la mejor versión de él mismo, habría tenido suficiente para entrar a la historia por las razones correctas. Ahora lo está pero por las seis oportunidades perdidas en busca de un título.

A lo mejor el error fue de nosotros, al creer que sería capaz de volar a gran altura y su talento no da para más, sin enbargo, demasiada gente y conocedora apostó a él creyendo que sería grande.

Por ahora, Buitrago solo ha extendido sus tropiezos.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR 

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