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Si hay una lección que el beisbol te da cuando das el primer paso a una organización de Grandes Ligas, es que nadie es imprescindible. Hay demasiados talentos golpeando la puerta por una oportunidad como para desperdiciar el tiempo en alguien que no quiere evolucionar o cambiar su actitud. Si yo no hubiera rectificado mi enfoque y atacado el alcoholismo, seguramente los Orioles lo hubieran lamentado un día y al día siguiente hubiesen estado probando a nuevos prospectos. Cuando nos elevamos, nos creemos que somos los ungidos, que somos imprescindibles, el destino se encarga de ponerte en tu lugar. La autenticidad del ser humano no se refleja en lo que decimos, sino en lo que hacemos. Le pasó a Trevor Bauer en Cleveland, lo cambiaron a pesar de ser el mejor lanzador. También les pasa a muchas personas fuera del deporte.
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Recientemente, he visto que en Nicaragua hay muchos con esa enfermedad. Creen que son el pueblo, que sin ellos el país no encontrará su liberación de las ataduras. No obstante, hay una gran lección que está dando la gente: no les importa los pleitos de cúpulas o quién se va de la unidad, porque el ciudadano común y corriente quiere una solución para la crisis que se vive, la liberación de los presos políticos, justicia para tantos muertos y dejar de ver sufrir a las madres. El ciudadano de las calles no pretende puestos políticos, sino llevar comida a su casa, que haya seguridad y servicios básicos al alcance de todos. El pueblo ya se cansó.
Me preocupa cuando ocurren esos quiebres porque dejan a las personas con la sensación de que tantos muertos y tantas injusticias no son suficientes para despojarse de los egos y mirar por el bien común. Aplastan la memoria de los que entregaron su vida por un verdadero cambio.
Todavía hay tiempo para rectificar. Lo importante no es cómo se empieza sino cómo se acaba. Recuerdo ser uno de los lanzadores a los que les bateaban en los primeros innings, si el rival no me descifraba, en muchas de las ocasiones, me los terminaba devorando. Los Nacionales de 2019 comenzaron con un ritmo desastroso y concluyeron como los reyes del mundo en el beisbol.
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Los movimientos dependen del apoyo del pueblo. Sin el respaldo popular son cero. Ojalá y la Alianza Cívica haya aprendido la lección que nadie es imprescindible, porque hasta sus bases y personas de mucho respeto decidieron tomar distancia de esa decisión. Recuerden que la autenticidad del ser humano se refleja en nuestro actuar, no en las palabras ni comunicados.
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