«Chocolatito» González no es el mismo, pero aún tiene cuerda para seguir

El nica llegó a 50 victorias en medio de una llamativa demostración de combatividad y oficio cuando el tiempo comienza a hacer estragos

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Quince años después de su debut como pugilista profesional, el nicaragüense Román “Chocolatito” González todavía es capaz de extraer agua de una piedra aunque ahora más lentamente.

Aun sin la intensidad ni el brillo y probablemente sin la potencia resolutiva que exhibía en su época de esplendor, Román mostró el fuego y el oficio para vencer sin dudas al mexicano Israel González.

Fue una pelea de una sola cara en la que el nica ejerció una autoridad férrea, luego de descifrar los movimientos y la estrategia de un rival valiente pero limitado que se resignó a sobrevivir.

Una vez que le encontró la vuelta al combate, el nica se apoderó del ring, impuso el ritmo y estableció la distancia para edificar un éxito alterado solo en el cuarto y el décimo asalto.

Sin embargo, el resultado de la pelea nunca estuvo en riesgo. El azteca comenzó con intensidad cada asalto, pero luego el nica lo ponía en su lugar y lo obligaba a moverse o retroceder.

De esta manera, el legendario boxeador pinolero retuvo su título de las 115 libras de la AMB y conquistó una cuarta victoria en línea desde sus caídas ante Srisaket Sor Rungvisai en el 2017.

¿Ya no es el mismo? Claro que no lo es. ¿Y quién puede serlo por tanto tiempo? Por supuesto que no es el aquel boxeador capaz de estremecer mediante combinaciones prolongadas y efectivas.

Su volumen de golpes sigue siendo altísimo (1,241) y su precisión para aterrizarlos es buena, pero ya no causan tantos estragos como antes. Su movilidad es más lenta y se vio hasta agotado.

Sin embargo, González aún conserva la inteligencia, habilidad y coraje para asumir nuevos retos, incluso su esperada pelea ante el “Gallo” Estrada, para la que tendrá que prepararse mejor.

Después de construir un récord de 50-2 con 41 nocauts y cuatro títulos, Román es un pugilista inmortal, cuyo legado no podrá ser devorado por el olvido o por consideraciones no boxísticas.

Román ha sido extraordinario. La exquisites de su boxeo, el poderío de sus recursos ofensivos y la precisión para su aprovechamiento, no tienen comparación entre los puglistas de su generación.

«Es lo más parecido a un boxeador perfecto, tiene un gran balance, no desperdicia golpe», dijo en un momento Oscar de la Hoya. Claro, eso fue antes de Runvisai y sus tropiezos lamentables.

Pero el tiempo ha pasado y Román ya no es el mismo, sin embargo, con lo que tiene, le basta para sobrevivir entre la élite mientras asegura su salida del pugilismo con una bolsa muy estimable.

Lo que ya está seguro es su legado y su indiscutible ingreso al Salón de la Fama.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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