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El pasado 23 de septiembre el titular de la Empresa Portuaria Nacional (EPN), Virgilio Silva, informó a los medios propagandísticos del régimen de Daniel Ortega que en las últimas tres semanas (del 31 de agosto al 20 de septiembre) hubo un récord en las visitas al Puerto Salvador Allende: 83,158 personas. «Fue para nosotros una gran alegría», dijo el funcionario refiriéndose a la cifra alcanzada de turistas. Pero no expuso que fue poco el consumo en los restaurantes y que en los más de seis meses que lleva la pandemia del Covid-19 en Nicaragua los negocios de este centro recreativo han resultado severamente afectados en sus ingresos por la misma razón.
Esta es una realidad que Silva y sus empleados cercanos conocen, pero no quieren que sea pública. Están enterados de los días «palmados» porque incluso, ante la alarmante situación, decidieron cobrarle a los dueños de restaurantes y bares solo la mitad del pago por arriendo correspondiente al mes de abril y en mayo les condonaron todo el mes porque estaba el brote del Covid-19 y casi nadie se atrevía a visitar el puerto. Esta información fue filtrada por trabajadores de la Empresa Administradora de Puertos y confirmada por algunos arrendatarios que solicitaron anonimato para evitar represalias.
Desde su inauguración en 2008, la crisis provocada por la emergencia sanitaria es la segunda que resiente el centro turístico y de la cual tratan de salir a flote los dueños de negocios. La primera se dio tras las protestas de abril 2018 y fue comprobada por LA PRENSA al visitar el sitio y hablar con varios afectados. Al no tener afluencia de clientes, varios se atrasaron con los pagos y tuvieron que cerrar por la acumulación de deudas, además de la incapacidad de asumir los pagos a sus trabajadores. Otros estuvieron abriendo solo algunos días, fueron austeros y se enfocaron en el pago de los servicios básicos, principalmente de energía eléctrica que son las facturas más altas. Pero igual no había clientela.
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La vida del puerto en fin de semana
La información filtrada por trabajadores de la Portuaria y dueños de negocios sobre lo que ahora pasa, es consecuente con lo visto por LA PRENSA en una visita realizada la noche del viernes 2 de octubre. Era viernes, inicio de fin de semana y en fecha reciente a pago de fin de mes, pero solo la zona del espigón, ubicado en la cuarta etapa del puerto, es donde había algo de movimiento. El resto de locales de las primeras tres etapas lucían vacíos y los que corrían con algo de suerte atendían a uno o dos clientes.

Un equipo periodístico de LA PRENSA recorrió todo el puerto y observó la cantidad modesta de visitantes, la mayoría permanecía en los quioscos y bancas con sus celulares, pocos consumían productos, mientras los meseros de los restaurantes y bares estaban a la espera de clientes. Además, sitios recreativos como la pista GoKart, inaugurada en 2017 , estaban completamente vacíos, a pesar de que optaron no solo por rebajar los precios, sino también fijarlos en córdobas para atraer a más clientes. Antes sus precios estaban dolarizados.
Asimismo, se constató que a seis meses de la pandemia en el país hay negocios cerrados y al menos tres amplios módulos vacíos, pero esos nunca han estado ocupados por negocios. El escenario es totalmente diferente a los tiempos en que el Salvador Allende era el atractivo principal de la capital y donde todos querían ir. La demanda era tal que la EPN tuvo que ampliar más hacia el oeste de la costa, donde construyó el espigón.
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Medidas de prevención en entrada peatonal
En el intento por potenciar el puerto turístico, en mayo pasado —mes en que no se le cobró el arriendo a ningún negocio por la caída en el consumo de servicios— la Portuaria inauguró la remodelación del segundo acceso. Su inversión fue de apenas 194 mil dólares.
En esta entrada nueva y la principal, todas las personas que ingresan a pie deben desinfectarse las manos con alcohol, pasar por un chequeo de temperatura y además deben desinfectar con cloro la suela de los zapatos. Aunque quienes ingresan en vehículos no pasan por este proceso.

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