¿Es necesario otro abril?

Históricamente los nicaragüenses nunca hemos definido lo que deseamos ser como república, esto no nos ha permitido construir instituciones sólidas, independientes, democráticas ni un buen sistema de gobierno basado en la trasparencia, colaboración y enfocado en el desarrollo; al contrario, hemos sido vulnerables, lo que le permitió a la dictadura de Ortega Murillo ir cooptando todas nuestras instituciones públicas para tener dominio de todos los poderes del estado; todo esto luego del Pacto Alemán-Ortega en el año 1998.

No es un secreto que Nicaragua ocupa los primeros lugares en índices de pobreza y que cuenta con menor desarrollo, baja calidad de su educación, peores salarios mínimos, una canasta básica inalcanzable para la mayoría de los nicaragüenses, con la peor tasa para el año 2018 de un Estado de Derecho según fuente del Observatorio de la Democracia de Funides; que además informa que tomamos el segundo lugar con mayores derechos vulnerados, después de Venezuela, y si observamos las estadísticas, el único momento en que no hemos estado en el primero, segundo o tercer lugar (Nicaragua, Venezuela, Cuba) ha sido en 1990, en las que muchos politólogos llaman las únicas elecciones democráticas en la historia de Nicaragua.

Resulta que todo lo que leemos no es ajeno, seguimos aumentando nuestra vulnerabilidad y pobreza, la dictadura nos quita el oxígeno cada día más, actuando de manera criminal desde 1979. Este año no es la excepción, en la actual coyuntura del Covid-19, en la cual se ocultan las verdaderas estadísticas, no se ha decretado una cuarentena y, de manera descarada, robándose las donaciones para el pueblo de Nicaragua, haciendo su negocio sucio para tomar oxígeno luego de la aplicación de sanciones a raíz de los sucesos del año 2018.

Ahora, el alza en la delincuencia es pan de cada día en Nicaragua, principalmente en la capital, gracias a una gran cantidad de reos comunes sueltos, así como de los paramilitares que ellos mismos han armado. Pero justamente hablando de pan, el precio de este alimento básico para el hogar de cada nicaragüense aumentó un 100 por ciento. ¿Todo esto sabe a Venezuela?

Parece que a los nicaragüenses nos encanta coleccionar caudillos y dictaduras (solo por mencionar las más recientes: Zelaya, Somoza, Ortega Murillo), además nos gusta tener un sistema abortista en el que todo lo que el otro hace es malo, lo cual no nos ha permitido consolidarnos.

Es necesario un autoanálisis de la cultura política de los nicaragüenses, de resolver los conflictos por la vía violenta sintiendo o creyendo que es la única salida o la única solución.

Es un problema no solo interpersonal, en el cual se mezclan valores e intereses, sino que se ha convertido en un conflicto estructural, con muchos más microproblemas de fondo, lo que nos lleva a manifestarnos cada cierto tiempo, como reaccionar cuando todo está mal. Pero el asunto es ¿cómo? ¿Como salimos del círculo en el cual nos encontramos desde nuestra independencia de la corona española en 1821? Y ¿cómo “según nosotros está resuelto” y caemos en lo mismo? ¿Cómo trascendemos el conflicto? ¿Cómo tomamos un enfoque diferente? ¿Cómo nos damos cuenta que actualmente tenemos una oportunidad de tener un enfoque diferente e ir por la vía de una construcción de la paz y una nueva reculturización política?

Considero que para resolver un conflicto debemos ir a sus raíces, empezando por lo que lo originó, las causas, los actores y las consecuencias que trae consigo, aprovechar que esto trae no solo consecuencias negativas sino también un gran incentivo al cambio, el cual nos fortalece como colectivo social, como lo hemos comprobado en 2018, que despierta nuestra atención a las problemáticas que han estado “dormidas”. La primera clave está en reconocer que tenemos un problema, reconocer personalmente nuestros errores que luego se llevan a lo colectivo.

La palabra “unidad” es la que día a día escuchamos, pues, para los nicaragüenses es nuestro “talón de Aquiles”, en ella debemos “enfocarnos, enfocarnos y enfocarnos”, y en el camino construir la verdadera unión, enfocarnos en los actores clave como somos los jóvenes, dejando atrás las malas prácticas y mañas políticas tradicionales que tanto nos duelen y nos dañan, tomando en cuenta que la solución no está específicamente en una Alianza, una Unidad o en una Coalición. Este es el vehículo, sí, pero la unión y el cambio está en uno mismo.

No olvidemos a los más de 300 asesinados, a los exiliados, el dolor de las madres de abril, a los presos que en este momento sufren en los calabozos del régimen, sigamos trabajando en la verdadera “unión de propósito”, en su libertad y el retorno seguro. Pero principalmente no apaguemos la chispa azul y blanco que nos une luego del 18 de abril.
Estamos en un momento crucial como oposición. Esperamos con ansias y principalmente con mucha incertidumbre. Pero la solución la vamos a construir juntos, la decisión la tomaremos en conjunto y si no te has sumado este es el momento de hacerlo.

Necesitamos una agenda nación inclusiva, en la cual, desde cada barrio, comunidad, pueblo, departamento, sean tomados en cuenta, en la que se exponga la necesidad de un cambio enfocado en la justicia, la paz, la no repetición y la reparación de las víctimas.

El poder está en la manera que llevaremos los procesos con la negociación de intereses en común, el consenso de las ideas, siempre con empatía, tomando una postura objetiva con responsabilidad y disposición de un verdadero cambio en lo personal. Las demás cosas vendrán por añadidura.

La autora, de 20 años de edad, es estudiante de la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Miembro de la Alianza de Jóvenes y Estudiantes Nicaragüenses (AJEN).

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