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El 3 de noviembre próximo se decidirá quien será el presidente de Estados Unidos. LAPRENSA/ AFP.

¿Donald Trump o Joe Biden? Quién le conviene más a Daniel Ortega

Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo en el centro de pensamiento Diálogo Interamericano, analiza el panorama nicaragüense tras las elecciones en Estados Unidos

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Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo en el centro de pensamiento Diálogo Interamericano, con sede en Washington, valoró que un cambio de presidente en Estados Unidos no significaría desde su punto de vista un giro en el timón de su  política de ese país hacia Nicaragua.

Para el especialista, las sanciones y las presiones políticas y diplomáticas contra la dictadura de Daniel Ortega son parte de un lineamiento de Estado y no una opinión de quien encabece la Casa Blanca. Aún así, Orozco consideró que es prematuro hablar de los resultados de las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, que se realizarán en noviembre de este año.

Orozco dejó claro que existe un consenso del Congreso, de la Casa Blanca, del Departamento de Estado, de las Agencias Internacionales de Desarrollo y de todo el establishment político internacional de Estados Unidos, de que “Nicaragua es un régimen político inaceptable, no democrático y dictatorial, y esa posición no la va a cambiar un nuevo gobierno, porque eso está reflejado en documentos, en resoluciones, en leyes y en sanciones”. Lo que podría cambiar es que un nuevo gobierno presione más, valoró el experto en política exterior.

En esta entrevista con LA PRENSA, Orozco también habló sobre la importancia de la unidad opositora para Estados Unidos. Aseguró que la comunidad internacional está pendiente de lo que sucede con la Coalición Nacional y dijo que hay tres puntos de vista sobre la “ropa sucia” que ha salido a relucir durante ese proceso de unidad opositora.

También advirtió que el atentado a la Catedral de Managua tendrá repercusiones y posiblemente nuevas sanciones contra la Policía Orteguista.

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Manuel Orozco. LA PRENSA/Cortesía OEA

¿Un nuevo gobierno en Estados Unidos cambiaría la política de Estados Unidos hacia Nicaragua?

La política exterior de Estados Unidos está predominantemente a cargo de un  establishment burocrático más que por la Casa Blanca. La mayoría de las iniciativas que han ocurrido desde la Embajada de Estados Unidos, desde el departamento del Tesoro, como las sanciones e incluso desde el Congreso de Estados Unidos con el Nica Act y resoluciones congresionales sobre Nicaragua, han sido en función y consistentes con la política de lineamientos de la Administración, especialmente del equipo de política exterior, no necesariamente de la Administración (Donald) Trump en particular. Entonces, dentro de ese contexto, sería poco probable que si ganara Joe Biden hubiera un giro significativo en la política exterior, un giro en torno de desacelerar por ejemplo las sanciones o de aumentarlas.

¿Qué cambiaría con un gobierno encabezado por Joe Biden?

Por un lado, creo que el énfasis hacia América Latina va a ser más fuerte que durante Donald Trump, especialmente un giro en la relación con China y Rusia, para enfocarse con América Latina, con África y con algunos países de Asia y especialmente fortalecer y retomar la relación con Europa. Ahí América Latina viene a jugar un rol muy importante, porque es una prioridad y ha sido una prioridad de interés para Joe Biden. Centroamérica ha sido un tema focal para él, en términos de la situación migratoria y Nicaragua no es ajeno para él. Otro aspecto que cambiaría es que trataría de aumentar la incidencia diplomática, que no ha sido muy fuerte durante la Administración actual, lo que implicaría aumentar más la presión internacional sobre Nicaragua. Tal vez abrir un poco más una línea de comunicación con el gobierno, para presionar al gobierno a que haga reformas políticas.

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Juan Carlos Ortega Murillo frente a la oficinas de la OEA en Managua el pasado 15 de noviembre. Es el último de los miembros de la familia Ortega Murillo sancionado por la Oficina del Tesoro de los Estados Unidos. LAPRENSA/Captura de video

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¿Seguirían las sanciones?

En lo respectivo a las sanciones, eso continuaría, especialmente porque han sido los congresistas demócratas los que han liderado muchas de las sanciones contra Nicaragua últimamente.

¿Por qué existe más atención a Venezuela que a Nicaragua?

Para la Administración Trump, Cuba y Venezuela están en la primera fila, seguidos de Nicaragua, Bolivia y Haití. Después, casi en forma paralela al lado de Cuba, están los tres países de lo que se denomina como el Triángulo Norte, por el tema migratorio. Esos países siguen teniendo una prioridad para la Administración y van a continuar siendo una prioridad. Si algo cambiaría, es que habría una paridad con Nicaragua y el Triángulo Norte, lo que no existe con Trump.

Para Trump, el Triángulo Norte es más importante que Nicaragua, por la migración desde el Triángulo Norte, no la presencia de un Estado fallido en Honduras, un narcoestado, un nivel de corrupción e impunidad en la justicia en Guatemala (sino), es predominantemente el tema migratorio, que es un tema que le llamamos “interméstico”, que es internacional y doméstico.

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Si existen niveles de presión para cada país ¿en qué consiste el nivel de presión para Nicaragua?

Estados Unidos mantiene una presión bastante activa sobre Nicaragua. Tiene una propuesta de cambio político pacífico, con base en que el país entre en un proceso electoral transparente y con rendimiento de cuentas justo. La Administración no tiene interés de crear un cambio radical, de botar a un régimen, de presionar al régimen de Ortega para que renuncie, sino de que el país entre por una transición política democrática, con la victoria de la oposición. Claro, ellos creen que siempre y cuando exista un proceso electoral transparente, gane quien gane, ellos respetarían, pero bajo estas circunstancias, en un sistema dictatorial, un proceso electoral sin reformas, no es transparente, no va a ser justo.

Esa es la posición de Estados Unidos. Entonces ellos continúan sus presiones desde el Congreso, desde el Departamento del Tesoro, desde la Embajada, para que el Gobierno se someta a esos cambios. También hay presión dentro del sistema interamericano, con mucho liderazgo de Estados Unidos, Canadá, Costa Rica y Chile en particular, de tratar de llevar al país a cumplir con los compromisos que adoptó Nicaragua dentro de la Carta Democrática y dentro de aquel Memorándum de Entendimiento que había firmado con (Luis) Almagro (secretario general de la OEA) después de las elecciones de 2016. Nada de eso lo ha cumplido. Y es posible que se lleve a la suspensión de Nicaragua, entre otras acciones que se puedan tomar. Estados Unidos ha estado al frente de todas esas presiones.

El altar de la Sangre de Cristo quemado en la Catedral de Managua.
LAPRENSA/ Oscar Navarrete.

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¿Qué repercusión tendrá lo ocurrido en Catedral?

Lo que ocurrió recientemente en Catedral fue un acto terrorista y va a tener repercusión en el círculo de poder nuevamente y esta vez va a recaer sobre la Policía, por ejemplo. Puede ser que ocurran más sanciones de parte de Estados Unidos en respuesta a la violación que se produce con las libertades religiosas. Para esta Administración, especialmente para el vicepresidente de Estados Unidos, las libertades religiosas son un tema importante. Lo que surgió dentro del esquema del Gobierno sandinista es totalmente inaceptable para Estados Unidos. Eso tendrá sus consecuencias y ellos lo saben.

¿Qué importancia tiene para Estados Unidos la unidad opositora en Nicaragua?

Para Estados Unidos la Coalición Nacional es uno de los vehículos y los mecanismos más importantes para entrar en un proceso electoral justo y transparente, porque se necesita tener un bloque político opositor, organizado, legitimado y fuerte en recursos y la Coalición Nacional refleja ese movimiento. Dentro de esa situación, para Estados Unidos es importante que se fortalezca el proceso de una coalición política con una mejor transparencia, por ejemplo, en la toma de decisiones de sus miembros, un mejor equilibrio; en quién están determinando la agenda política de la Coalición, incluyendo mayor representatividad de ciertos actores e incluso integrando nuevos actores que para ellos es mejor sumar que restar a estas alturas.

¿Cómo se ve desde afuera el proceso de unidad en la Coalición Nacional? Lo último ha sido las inconformidades de los jóvenes porque no aceptaron su propuesta.

Yo sigo esto muy de cerca. Desde afuera: estamos hablando del Gobierno de Estados Unidos, de los Estados miembros de la OEA, de la representación de la Unión Europea, de organismos de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Todos ellos están pendientes de lo que sucede en Nicaragua y ven el proceso y las contradicciones que se producen en la Coalición y hay posiciones diferenciadas.

Coalición Nacional, UNAB, Alianza Cívica, Comité Nacional, PLC, oposición, Nicaragua, represión
La firma de los estatutos de la Coalición Nacional finalmente se dio, luego de algunas fricciones entre las organizaciones.
LAPRENSA/ Roberto Fonseca.

¿Qué es lo que se dice?

Por un lado, hay unos que dicen que estos son contextos reales que ocurren en todo proceso de conformación de un bloque político; es decir, esos conflictos internos eventualmente producen resultados positivos. Hay otros que miran con frustración que a estas alturas todavía no hay un liderazgo establecido y que la Coalición sigue sin presentar una posición definida como unidad nacional.

Y después hay otros que miran que la Coalición Nacional no es tan importante como debe ser la presión al régimen de Ortega.

Entonces, la perspectiva internacional gravita entre esos tres elementos. La mayoría, especialmente los países de América Latina y Estados Unidos, coinciden más con que son procesos que ocurren orgánicamente dentro de las conformaciones de grandes sectores del país. Sin embargo, sí hay cierta frustración internacional de que sí podría acelerarse el proceso más eficientemente y con menos visibilización de “sacar la ropa sucia”, tal vez esa es la queja más grande que hace la comunidad internacional: de que todo mundo termina dándose cuenta de lo que le ocurrió a los jóvenes; de por qué los partidos políticos minoritarios han asumido un rol que realmente no se merecen dentro del balance de poder dentro de la oposición nicaragüense. Aún no hay un liderazgo bien definido, hay mucha burocratización, los pañales al sol se van descubriendo, van reflejando todos estos problemitas.

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¿Se puede tener presión local sin una oposición organizada?

Yo creo que sí. Los nicaragüenses no tienen que pedir permiso para protestar. No tienen que pedirle permiso al Gobierno, tampoco a la Coalición Nacional, ni a ningún líder que salga a hablar en nombre de ellos. A estas alturas, con el nivel de represión que existe en el país, el trato indiferente que el Gobierno da con relación a la crisis humanitaria causada por el mal manejo del Covid-19, uno podría ver que la impaciencia de los nicaragüenses ya sobrepasó sus límites tolerables y la gente yo creo que de alguna manera está por estallar. Yo tengo la sospecha que de alguna forma todos están esperando que alguien dé el primer paso y unos creen que hay que recibir permiso de alguien para dar ese primer paso, pero la mayoría de los movimientos políticos más fundacionales, más transformadores ocurren espontáneamente, incluyendo el movimiento político de abril de 2018. Yo creo que a estas alturas, con un gobierno tan debilitado, cuyo ejercicio del poder solo se basa en el uso de las armas y en los paramilitares, es posible que se desate una ola explosiva y es lamentable realmente que esto vaya a ocurrir. Uno no desea que ese sea el fenómeno, pero desde un punto de vista del estudio académico, los ingredientes de una explosión social están más que presentes.

Sobre Manuel Orozco

Manuel Orozco es de origen nicaragüense. Es el director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo en el Diálogo Interamericano. También es miembro principal del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y asesor principal del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola.

Orozco ha llevado a cabo una amplia investigación, análisis de políticas y promoción de temas relacionados con los flujos globales de remesas, así como con la migración y el desarrollo en todo el mundo.

Es coordinador para Centroamérica y el Caribe en el Instituto del Servicio Exterior de EE.UU. e investigador principal del Instituto para el Estudio de la Migración Internacional en la Universidad de Georgetown. Orozco testifica con frecuencia ante el Congreso y ha hablado ante las Naciones Unidas.

Tiene un doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Texas en Austin, una maestría en Administración Pública y Estudios Latinoamericanos, y una licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica.

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