Diajaira Lacayo Wislow, la adolescente miskitu que recibió un impacto de bala en medio de la mandíbula, sigue internada en el hospital en Puerto Cabezas, Caribe Norte, donde le hicieron una radiografía y evalúan su mejora para darle de alta médica; no obstante, uno de los líderes comunitarios considera que es necesario que sea revisada, ya que tiene sus ojos rojos.
La atención que ha recibido la menor de 15 años, originaria de la comunidad Santa Clara, en Waspam, Caribe Norte, corresponde a médicos generales, que la han estabilizado, pero no de especialistas sostuvo, Susana Marley, líder comunitaria de Waspam, conocida como “mamá grande”.
Los comunitarios aseguran que Lacayo Wislow recibió el impacto de bala cuando se bañaba en un río, y los colonos dispararon, ella intentó huir, pero la bala alcanzó su mandíbula. Sin embargo, la versión de la Policía Orteguista (PO), ante la que los mismos indígenas interpusieron la denuncia para que investigaran, sostuvo el jueves pasado que el disparo fue “accidental” y propinado por su primo, Jener Vargas Wislaw.
Marley asegura que los líderes comunitarios saben que el orificio de entrada y salida del impacto de bala no corresponde a un arma de fabricacion artesanal, conocida como “hechiza”, incluso, los mismos médicos podrían decir qué tipo de arma se utilizó, pero no van a brindar esa información, dijo. La posición de los comunitarios es que la institución policial miente respecto a la información que ha publicado sobre los hechos ocurridos el domingo 16 de febrero.
Junto a Lacayo Wislow, el joven Maynor Will Fernández Ruiz, de 24 años, es otra de las víctimas recientes de ataques de colonos contra las comunidades indígenas del Caribe. Pese a que Fernández sobrevivió al impacto de bala que recibió en su cabeza por parte de colonos contra la comunidad mayangna Alal, en la Reserva de Biosfera Bosawas, el pasado 29 de enero, la mitad de su cuerpo quedó inmóvil. Este ataque dejó a otras cuatro víctimas mortales.
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Recrudecimiento de violencia
En el 2019 el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) a través de la presentación del informe “Resistencia miskitu: una lucha por el territorio y la vida”, visibilizó la crisis humanitaria que padecen doce comunidades miskitu, incluida, la del territorio Wangki Twi-Tasba Raya, a la que pertenece Santa Clara, de donde es originaria la víctima de 15 años y donde viven unas 500 familias con unos diez integrantes cada una.
De acuerdo con Marley, el riesgo en el que permanecen las comunidades es latente, tanto así, que en estos meses se debería de sembrar el frijol, pero los colonos no han permitido que los comunitarios entren a sus plantaciones, por ende, habrá más hambruna, advirtió.
“Es una situación terrible porque si fuera que estamos en paz, si fuera que estamos libres, ya estuvieran sembrando, ya estuvieran la gente teniendo el frijolito, ya naciendo, pero eso no existe. No hay paz, no hay seguridad en el campo, hay migración del campo a la ciudad. El año escolar comenzó y no hay paz en los estudiantes. Tendrán sus lápices y sus cuadernos para escribir o pintar, pero sus ojitos están puestos en la montaña, por donde vendrá la bala”, expresó.