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Moody’s rebaja la calificación de Nicaragua y la deja al borde de los bonos basura

Si se degrada más la calificación, nadie querrá prestar al país y quien lo haga será con una alta tasa de interés, porque habrá un alto riesgo de caer en impago

La agencia calificadora Moody’s Investors Service (Moody’s) rebajó la calificación crediticia de Nicaragua de B2 a B3, como consecuencia del deterioro de la fortaleza económica y la dificultad que podría enfrentar el país para acceder a nuevo financiamiento externo.

De esta manera, Moody’s dejó a Nicaragua al borde de caer en el siguiente clasificación, donde están las economías con pocas perspectivas de recuperación, con sustancial riesgo y altamente especulativas para las inversiones. Asimismo la acerca al riesgo de impago de deuda del sector público, donde se encuentra Venezuela.

“La fortaleza económica se ha debilitado como resultado de las tensiones sociales que probablemente dejarán un impacto negativo duradero en el crecimiento futuro de la producción debido al clima de inversión más débil; además el riesgo de un acceso reducido al crédito externo oficial está creando desafíos de financiación y restringiendo la capacidad de las autoridades para apoyar la actividad económica”, explicó la agencia en su evaluación divulgada este viernes 14 de febrero.

El economista Néstor Avendaño señala que Nicaragua estaría al borde de caer en los bonos basura, ¿Qué significa esto?, que si se degrada más la calificación, nadie querrá prestar al país y quien lo haga será con una alta tasa de interés, porque habrá un alto riesgo de caer en impago, como es el caso de Venezuela.

“Si alguien quiere prestarle a Nicaragua, se haría con elevadísima tasa de interés, prácticamente imposible de pagar”, explica Avendaño.

Mejora la perspectiva

Y aunque la agencia rebajó un peldaño la calificación de Nicaragua, cambió la perspectiva de negativo a estable, aduciendo que “el impacto financiero de los disturbios sociales ha disminuido y que el ajuste en las cuentas externas del país ha ayudado a contener los riesgos de liquidez derivados de menores entradas de inversión extranjera directa (IED)”.

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Moody’s cree que el efecto negativo de los disturbios sociales que experimentó el país ha sido severo para la economía nicaragüense.

“Es probable que el potencial crecimiento de la economía haya disminuido significativamente como resultado del deterioro en el clima de inversión, que conducirá a una tasa mucho menor de acumulación de capital en el futuro, debido al deterioro de la confianza. Las autoridades estiman que la economía se contrajo 4.5 por ciento en términos reales en 2019 después de caer 3.8 por ciento en 2018, un cambio significativo de las tasas de crecimiento que excedieron 4.5 por ciento en los últimos cinco años”, detalla.

A criterio de la calificadora, el modelo económico impulsado por la inversión que sirvió bien a Nicaragua durante la última década y fue un soporte clave de su perfil crediticio, se ha debilitado estructuralmente.

“Como resultado, Moody’s ahora espera que la economía reporte un crecimiento anual promedio de alrededor del 0.7 por ciento en 2020 al 2022”, señala.

Esto contrasta con la opinión anterior de Moody’s, que el crecimiento se mantendría en alrededor del 2.5 por ciento en 2020-2022.

El impacto de las sanciones

Por otra parte, la agencia calificadora señala que es probable que las sanciones internacionales, incluidas las introducidas bajo la Ley de Condicionalidad de Inversión de Nicaragua (Nica Act), que se convirtió en ley en los Estados Unidos en diciembre de 2018, limiten el crédito externo oficial y otros flujos de financiamiento a Nicaragua.

“El financiamiento externo ahora se basa más en préstamos no concesionales de organismos multilaterales que no entran dentro del alcance de las sanciones estadounidenses, mientras que una posición de liquidez más favorable en el mercado interno, debido al débil crecimiento del crédito ha abierto una nueva alternativa de financiamiento, aunque limitada. Sin embargo, los costos de financiamiento ahora son más altos y la disponibilidad de crédito externo sigue siendo menor, lo que afecta el riesgo de liquidez del gobierno y la susceptibilidad general al riesgo de eventos”, explica la agencia.

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Moody’s estima que el déficit consolidado del sector público se redujo a alrededor del 2.2 por ciento del PIB en 2019 del 3.9 por ciento en 2018.

Y aunque el ajuste fiscal en 2019 logró contener nuevas necesidades de financiamiento, “una política fiscal estricta no respaldará una recuperación económica más sólida. Es probable que un menor gasto público, particularmente en infraestructura, combinado con una baja confianza de los inversores por parte de la comunidad empresarial nacional y los inversores extranjeros, prolongue las condiciones económicas desfavorables”.

Otras consideraciones

Además de los riesgos que se han derivado de contexto sociopolítico, Moody’s señala que Nicaragua está expuesta a riesgos ambientales, ya que su geografía está dominada por una región conocida como el Corredor Seco, caracterizada por sequías recurrentes y fuertes precipitaciones que provocan inundaciones y deslizamientos de tierra, lo que plantea una amenaza para el sector agrícola del país, que emplea al 30 por ciento de la población y representa aproximadamente el 15 por ciento del PIB.

“Como tal, los eventos climáticos pueden influir materialmente en las métricas crediticias clave de Nicaragua, como la volatilidad del crecimiento del PIB, los ingresos de los hogares y los ingresos por exportaciones agrícolas. Por lo tanto, hemos identificado a Nicaragua como uno de los países cuyos perfiles de crédito son más susceptibles al cambio climático”, explica.

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Los riesgos sociales también son una consideración importante para el perfil crediticio de Nicaragua. “Si bien Nicaragua no experimenta la violencia relacionada con el crimen como lo hacen sus vecinos en Centroamérica, la política interna se ha visto envuelta en la agitación política nacional desde abril de 2018. Los disturbios políticos internos del país se caracterizaron por ataques violentos y se ha marcado el cambio de tono en las relaciones entre el gobierno, la sociedad civil y el sector privado, lo que ha debilitado materialmente el modelo económico del país”.

¿Qué podría cambiar la calificación?

La agencia argumenta que una recuperación de la actividad económica más fuerte de lo esperado y si mejora la fortaleza económica, podría cambiar la calificación.

Del mismo modo, un alivio de las tensiones sociales entre el gobierno, la sociedad civil y las empresas, “combinado con un levantamiento de las sanciones internacionales que resulta en la reanudación de la financiación externa oficial comparable a los niveles anteriores a la crisis, aliviaría las restricciones de financiación y mejoraría la solvencia”.

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