Está de moda el concepto de las llamadas habilidades suaves -talentos, si la interpretación no es extensiva- que pueden ser desarrollados para lograr mayor influencia en la gestión de determinado puesto, logrando así alcanzar exitosamente objetivos personales, grupales, departamentales, aún sin poseer un poder jerárquico formal.
Estas habilidades también son aplicables al campo de los profesionales en Higiene y Seguridad. Ciertamente, esta es un área valiosa y técnicamente muy rica también, en donde se vela por la prevención de accidentes, pero que ciertas gerencias la perciben más bien como un “mal necesario”, “antagonistas de la producción”, “policías de seguridad”, por su función y responsabilidad de indicar aquellos actos y condiciones que salen del esquema de una seguridad razonable, y que resulten en lesiones y fatalidades.
El reto de esta posición no es menor, puesto que su contradicción intrínseca -desde el punto de vista de sistemas- es que gerencialmente, se desea invertir lo menos en esta posición, pero que esta logre los mejores resultados operacionales, con un deseable “cero accidentes”, razón que esconde a su vez, una “ilógica innata”, puesto que la responsabilidad por la seguridad de las operaciones, pertenece por entero a la línea de negocios, y no a una función de asesoría interna denominada Higiene y Seguridad, o bien, a como prefiero llamarle, Seguridad Operacional, o Control de Pérdidas.
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La dicotomía es harto compleja. Este profesional se ve compelido a solicitar fondos que siempre compiten acérrimamente con otras prioridades del negocio, por lo cual su provisión es casi siempre un resultado del presupuesto mínimo sobrante, sino es que más bien estas partidas, en dólares constantes, se reducen año con año.
La labor de asesoría interna de esta posición es bastante ardua puesto que casi siempre toca lidiar con la prisa operacional sin reflexiones, con las desviaciones de los procedimientos operativos estándares que las unidades productivas siempre pretenden circunvalar creativamente, tomar atajos, o bien, simulando su cumplimiento superficial.
Es por eso por lo que esta posición debe desarrollar un repertorio de habilidades suaves que le permita lograr resultados notorios, evidentes, aun sabiendo que nadie puede calcular cuántos accidentes ese puesto evitó, sino que solamente cuando estos ocurren, puesto que es la primera persona a quienes se dirigen las miradas -he dicho que absurdamente- ya que su responsabilidad no es de línea -no decide ni ejecuta las operaciones-, sino que debiera proveer un soporte y aconsejamiento preventivo.
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No voy a elaborar sobre un número indeterminado de estos talentos, pero la primera habilidad suave que debe tener este profesional -acaso la más poderosa-, es identificar rápidamente aquellas operaciones que están desviándose de las restricciones de seguridad, puesto que al tolerarlas, este se convertiría en parte de un problema que puede resultar en graves responsabilidades, para lo cual debe tratar de convencer a aquellos tomadores de decisiones sobre las consecuencias eventuales de estas desviaciones, recomendando entonces las acciones correctas a tomar.
La participación en la toma de decisiones de forma colaborativa, es un talento que debe ser procurado y practicado, puesto que en ciertas ocasiones las decisiones operacionales son tomadas a la espalda de Higiene y Seguridad, por lo cual involucrarse, buscar la fuente decisoria para brindar aconsejamiento específico, debe ser una característica distintiva de su gestión.
El dominio de metodologías financieras para el análisis de proyectos de inversión, especialmente la Tasa Interna de Retorno (TIR) y Valor Actual Neto (VAN), o simplemente, el Período de Recuperación de las inversiones (Payout Period) , debe ser una habilidad fundamental, puesto que la causa principal que muchas iniciativas de mejora presentadas a la gerencia no sean aprobadas con los fondos solicitados, es porque no son presentadas con un criterio técnico reconocido para determinar su orden de prelación, en relación con otras alternativas que naturalmente, compiten también por fondos limitados.
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El profesional de Higiene y Seguridad que desconozca este tipo de técnicas, o bien, que conociéndole no las use, estará acaso condenado a su irrelevancia, y con certeza, a seguir manteniendo la etiqueta de un mal necesario, de chivo expiatorio -repito que sin culpa- en los casos en que acontezca un accidente, pues siempre surgirá la pregunta injusta: ¿Y dónde estaba el de Higiene y Seguridad?