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Monseñor Silvio Fonseca: “Profanar un templo es una pena gravísima en la Iglesia Católica”

Fonseca sufrió luego del derrocamiento de Somoza la represión del sandinismo en la parroquia de San Judas. Antes de su vida sacerdotal tuvo que trabajar desde niño para ayudar a su familia a sobrevivir.

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En la parroquia Santa Faz, en el barrio Costa Rica un grupo de feligreses limpian el templo antes de la misa de las cinco de la tarde. De la casa cural sale monseñor Fonseca con pantalón jean y una camiseta. Hace calor en Managua, pero monseñor Fonseca entra de nuevo a la casa cural para ponerse su camisa negra con cuello clerical y comenzar la entrevista. Teme por la vida del padre Edwin Román. Dice que los ataques contra la Iglesia católica son peores que en los 80 y que hay que prepararse para cosas peores.

Fonseca sufrió luego del derrocamiento de Somoza la represión del sandinismo en la parroquia de San Judas. Antes de su vida sacerdotal tuvo que trabajar desde niño para ayudar a su familia a sobrevivir.

¿A qué se dedicaba antes de entrar al Seminario?
Recuerdo que mi primer trabajo fue arpillar plátanos. En el vecindario había una persona que se dedicaba a eso. Después mi segundo trabajo fue empacar trocantes ahí por el Gancho de Caminos, vendí tortillas en el mercado y así aprobé mi primaria vendiendo tortillas. Después entré a trabajar en Telcor que entonces se llamaba Palacio de Comunicaciones.

¿Qué recuerdos tiene de la dictadura de Somoza?
Justamente cuando yo entré al Seminario no dominaba mucho los fenómenos políticos del país. Pero se escuchaban ya los descontentos contra el general Somoza y el gobierno de turno. La revolución llegó cuando yo estaba en México estudiando la Teología. Ya no era un niño, era una persona adulta a las puertas de mi ordenación sacerdotal. Recuerdo que se le tenía miedo a la Guardia Nacional. No se podía andar de noche porque la gente decía “va a pasar la zaranda” (pequeño camión con una jaula en el interior) y son algunos de los recuerdos que tengo porque me tocó justo ese tiempo de efervescencia estar fuera del país.

¿Perdió amigos en la guerra?
Muchísimos. La mayor parte desaparecidos y que nunca fueron encontrados.

Alguno del que se acuerde especialmente.
Vidal Palacios. Vivía aquí en San Judas, era uno de tantos que estaba luchando por esa causa y muchos otros. De Vidal me acuerdo bien y también de sus hermanos, fue toda una familia que se la llevó la Guardia y nunca más volvieron.

¿Usted puede comparar esos momentos con la actualidad?
Si te lo puedo comparar. Justamente cuando yo me ordené en 1981 y porque yo viví toda esa década tengo autoridad para decirte lo que yo estoy viendo. Yo no diría que son tiempos iguales. Son peores que esos ochenta. Estamos peor que en los 80. Yo fui una de las víctimas de ese entonces, del sistema que se quería implantar en el país en esos años. Lo recuerdo como si fuera ayer, pero hoy es mucho más severo.

¿Qué le hicieron?
Por ejemplo en San Judas todo el tiempo estuve rodeado de turbas. Hasta que un día que iba a llegar el cardenal Obando, que en paz descanse, a una misa y él venía de Venezuela, pero no pudo llegar y delegó a monseñor Bosco Vivas y no pudo entrar. Militarizaron toda esa zona. Yo tuve la casa cural por cárcel desde la mañana hasta la tarde. Total, que yo pude salir junto con mi hermano y mi madre luego de una plática con las turbas. Era unas 500 personas y me llegaron a dejar a los semáforos del Zumen. Antes de eso ellos se saltaron la cerca de la iglesia y me tomaron y me pusieron contra la pared y me dijeron: “O cambiás las homilías o nosotros vamos a hacer justicia”. “Hacé lo segundo”. En ese tiempo tuvo que intervenir la Embajada de Venezuela, que podía hacer algo. Esto fue en octubre en las fiestas de San Judas y fueron atacadas unas 22 parroquias. Se le conoce como la noche de San Quintín.

"Fue en octubre en las fiestas de San Judas (en los 80) y fueron atacadas unas 22 parroquias. Se le conoce como la noche de San Quintín", monseñor Silvio Fonseca. LA PRENSA/O.NAVARRETE
“Fue en octubre en las fiestas de San Judas (en los ochenta) y fueron atacadas unas 22 parroquias. Se le conoce como la noche de San Quintín”, monseñor Silvio Fonseca. LA PRENSA/O.NAVARRETE

Es similar a la actualidad con el caso del padre Edwin. ¿Qué siente al ver la situación del padre Román?
No solamente yo como hermano sacerdote, sino la humanidad está sintiendo lo que está pasando. Porque eso es un crimen el negarle al padre sus medicinas. Ni siquiera agua dejaron entrar y eso es un acto criminal. Porque eso es matar a una persona, hay muchas maneras de matar a una persona no solamente con un arma bélica. Lo que está pasando hoy con el padre Edwin nos tiene a todos muy dolidos y preocupados. Es simplemente la realidad que se vive aquí contra la Iglesia católica.

¿Teme por la vida del padre Román?
Él es una persona diabética y aunque no fuera diabético el objetivo es el mismo. Se agrava la situación primero por la salud, pero no hay duda de que lo quisieran matar de otra manera.

Recientemente la Catedral de Managua fue tomada por turbas orteguistas.
Yo lo viví en los ochenta en San Judas. Pero eso que está pasando hoy, esa profanación en la iglesia Catedral y contra los sacerdotes ya se ha vivido, es una práctica y no es nuevo eso. Nos ha entristecido enormemente que personas que se hacen llamar católicas estén actuando de esa manera. Aquí hay fuerzas sobrenaturales que nos han llevado a esto. Les han cambiado la mente y el corazón. Esto es noticia mundial. Cuando a mí me tocó vivir la represión no existía la revolución de las redes sociales, pero en este momento todo mundo está aterrorizado de lo que está pasando en Nicaragua. Le preocupa al mundo entero lo que le pueda suceder a la Iglesia católica nicaragüense.

¿Qué opinión tiene de Daniel Ortega y Rosario Murillo?
Nos ha entristecido que no ha habido apertura al diálogo para resolver esta situación. Ya esto se hubiera resuelto y se ha tenido la oportunidad desde el año pasado porque los nicaragüenses queremos la paz, pero ellos tienen toda la responsabilidad y el poder de arreglar toda esta situación. Ahora en el país los de arriba y los de abajo estamos en esta zozobra y en esta incertidumbre día a día. Por un pueblo hay que sacrificarse y cambiar las cosas.

¿Por qué cree que no solucionaron todo cuando pudieron?
Solo ellos pueden contestar a qué se debe que no quieren soltar el poder. Porque solo Dios es eterno y no se puede gobernar por la eternidad. El gobernante de una nación tiene la responsabilidad de gobernar, pero esto significa dejarse llevar por la razón, las leyes y la moral.

¿Por qué cree que están atacando a la Iglesia católica precisamente en estos momentos?
Esa es una pregunta que está en el tapete. Igual que lo otro solo ellos saben, pero es una evidencia la escalada de violencia. Pero la pregunta es ¿qué mal ha hecho la Iglesia para que nos estén tratando de esa manera? Cuando la Iglesia nicaragüense lo que quiere es el bien de este país sin distinciones políticas o de credo religioso. Sin embargo, a estas alturas ya no se puede esto calificar como un acto aislado. Ya esto es una costumbre para intimidar. ¿Qué mal le puede hacer la Iglesia al Estado? Más que querer el bien común y el la paz social. De manera que nos llama poderosamente la atención ¿por qué esa actitud? Si nosotros no somos enemigos de ningún gobierno. Pero los gobiernos son enemigos de la Iglesia, lo que es distinto. De manera que si ese es el trato que nos están dando, la Iglesia tiene ya esa misión y esa vocación de sufrimiento durante veintiún siglos. Los gobiernos no la tienen. Por eso la Iglesia existirá por los siglos de los siglos.

¿Qué puede hacer la Iglesia ante estos ataques?
Se ha manejado esto desde diferentes vías, no solamente a través de sus cartas pastorales. Sino también por las vías diplomáticas porque este es un gobierno que tiene relación con el Vaticano y que a esos niveles deben de tratarse estos asuntos. Pero es preocupante si nosotros tenemos noticias de que esto el Vaticano lo ha tratado y que aquí no ha habido respuesta, entonces empeora la situación.

¿Eso quiere decir que el Nuncio ha hablado con Ortega y Murillo y no le han escuchado?
No debe descartar que la Nunciatura esté manejando esto como siempre se hace en cualquier parte del mundo a través del silencio, pero también de la eficacia. En una palabra, con diplomacia. Eso es preocupante porque no se sabe quién está haciendo esa ingeniería de lo que estamos viendo en contra de la Iglesia católica ¿quién está detrás? Eso puede tener nombres y apellidos. “Compórtate con la Iglesia de esta manera”, por eso se presta esto para muchas interrogantes.

Hablando de nombre y apellido están los hermanos Valdez, que encabezaron la toma de la Catedral. Según ellos pertenecen a una comunidad católica de base y hasta fueron los que personalmente “entregaron” el templo al día siguiente.
Las llamadas comunidades eclesiales de base que nacieron en Brasil, fueron en Nicaragua los cuadros estratégicos del Frente Sandinista en los años 70. De ahí salieron muchos líderes revolucionarios. Sin embargo solo tienen el nombre porque cuando algo es eclesial tendría que estar en completa comunión con los obispos. Sin embargo, un católico no va a hacer lo que hicieron estas personas en la Catedral. De manera que frente a los hechos no valen los argumentos, por más que hagan esa propaganda sabemos que son parte del paquete propagandístico. Sus actitudes son opuestas a lo que debe de hacer un católico que lo primero que hace es respetar los templos porque son la casa de Dios.

Los fanáticos orteguistas dijeron que se tomaban el templo porque era un espacio público y de todos.
Es un espacio público, pero para la oración. No para la profanación. De manera que este no es un argumento para entrar a la Catedral y hacer lo que hicieron.

¿Por qué el cardenal Brenes no salió en el caso de la Catedral y el caso del padre Román?
El cardenal ha estado realizando acciones desde el otro lado. Ha estado hablando con las autoridades sobre los dos temas. No se ha olvidado del padre Román.

¿Cree que si el cardenal se presenta en la iglesia San Miguel lo agredan?
Los fanáticos son capaces de cualquier cosa y a los hechos me remito. Creo que luego de tantas cosas sabemos que si le perdieron el respeto a las iglesias y a los sacerdotes cualquier cosa puede pasar.

"Los fanáticos son capaces de cualquier cosa y a los hechos me remito". moneñor Silvio Fonseca. LA PRENSA/OSCAR NAVARRETE
“Los fanáticos son capaces de cualquier cosa y a los hechos me remito”. moneñor Silvio Fonseca. LA PRENSA/OSCAR NAVARRETE

Hablamos de tomarse la Catedral de la Arquidiócesis de Managua. ¿La Iglesia podría tomar medidas legales o excomulgar a estas personas?
Legalmente nosotros no tenemos ni es el propósito de la Iglesia. No lo vamos a hacer. Pero una persona por si sola se autoexcomulga, se retira de la comunión de la Iglesia. Después de haber incurrido en profanaciones y sacrilegio porque ambas cosas sucedieron tiene que arrepentirse para recibir el perdón de sus pecados. Si no lo hacen mueren en pecado mortal.

¿Qué les diría a estas personas que cometieron estos actos?
Que la Iglesia es madre, que la Iglesia perdona y que solamente se arrepientan. Si no lo hacen no van a hacer felices y que si los obligan a hacer esto pueden desobedecer porque ante todo es la fidelidad a Dios. Que se confiesen y arrepiéntanse que la Iglesia los acoge.

¿Cómo está su feligresía?
Todo mundo está preocupado afuera y adentro. En lugar de mirar señales de que esto se resuelva no vemos apertura al diálogo y es la única manera de que esto se resuelva. Nos podríamos preocupar de que ahora esto no esté en manos de nicaragüenses y que ahora estén detrás otras influencias que pueden decir “no arregles el problema y sigue haciendo lo que estás haciendo”. Lo grave sería que esto escape de nuestras manos. La situación en Nicaragua ya está decidida, los nicaragüenses ya decidimos. Esto tiene que cambiar por el bien de todos. Nosotros tenemos la capacidad de solucionarlo porque un estado policiaco no es sostenible y eso no es un gobierno. Estamos sufriendo todos y las repercusiones han sido muy amplias. Aquí no hay nada que celebrar en este país.

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¿Usted ha recibido amenazas de muerte?
No en lo particular. Pero como Iglesia no soy indiferente de lo que le está ocurriendo al padre Edwin Román y lo que le pasó al padre Rodolfo López (sacerdote golpeado en la Catedral de Managua) y lo más que puede venir. Al momento de esta entrevista tengo que decir que tenemos que prepararnos ante peores cosas que pueden venir. Ni nosotros lo sabemos y por eso la Iglesia nos insiste que nos preparemos con la oración ante cosas más graves de las que están sucediendo. Ya entrar a un templo y hacer eso ahora se pueden esperar peores cosas para este país. La mayoría somos católicos y nos sentimos ofendidos por lo que está pasando contra nuestra santa Iglesia católica.

El régimen asegura que todo está volviendo a la “normalidad”.
Definitivamente Nicaragua no es la misma. Por más que la dibujemos eso no es cierto. Cada quien defiende lo suyo pero Nicaragua cambió desde el año pasado y segundo que el clamor general de todos los nicaragüenses es que vivamos en paz y que se nos permita ejercer nuestros derechos constitucionales. Eso no es un regalo del Estado, eso es un derecho humano, un derecho fundamental y un regalo de Dios. Mientras esto no se logre la situación va a seguir peor. De manera que hoy Nicaragua es distinta y nadie puede negar esta diferencia.

¿Usted tiene contacto con monseñor Silvio Báez?
Si porque es de nuestro clero y él sigue siendo el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua. Está ocupado ahora allá, pero monseñor Báez siempre está pendiente de Nicaragua.

¿Siente que hace falta en el país?
Es un símbolo para el país monseñor Báez. La gente lo recuerda con mucho cariño y con mucha admiración y aunque está lejos, él está aquí en todo momento con nosotros animándonos a vivir en la esperanza en estos momentos de tristeza.

¿Por qué cree que la gente siente este especial cariño por él?
Por dos razones. Primero su capacidad comunicante, es una persona con una gran oratoria y segundo por su claridad en su mensaje. Sin ambigüedades y los nicaragüenses apreciamos la sinceridad y la honestidad y esa capacidad de ser de una sola pieza. Todos esperamos que vuelva pronto. Tendremos pronto a monseñor Báez.

¿Qué le diría a Daniel Ortega y Rosario Murillo?
No me cansaría de decirles que por favor oigan a este pueblo. Solo queremos el bien del país y que somos mortales. Que todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios y que vamos a dar cuentas de todos nuestros buenos y malos actos.

Plano personal

Monseñor Silvio José Fonseca Martínez nació en el barrio Campo Bruce, cerca del cine Salinas, el 1 de junio de 1953.
Sus primeros recuerdos son de la pobreza que vivía su familia. “Muchas veces no teníamos que comer”, recuerda.

Su madre fue durante muchos años lavandera en la laguna de Tiscapa y esto marcó su infancia.

Llegó a trabajar a Telcor en 1969 y estuvo laborando ahí durante seis años antes de entrar al Seminario. Fue mensajero y reparador de líneas telefónicas.

Sufrió un grave accidente que lo dejó enyesado por un año y luego lo colocaron en el puesto de “office boy”, lo que describe como un nombre “sofisticado” para llamar al portero de Telcor. Llegó a ser oficial de inventario de esta institución.

Realizó estudios en las Universidad Católica en Washington DC donde sacó un doctorado y una investigación científica de los aspectos morales de la familia.

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