Centenario de la reforma de Córdoba

Este año cumple cien años el célebre “Movimiento de Córdoba”, así llamado por haberlo iniciado los estudiantes de la Universidad de Córdoba, Argentina, en junio de 1918. El Movimiento, que se extendió por todo el continente latinoamericano, promovió una reforma profunda de las universidades de esta región del mundo.

En homenaje a este centenario, la Unesco ha convocado la Tercera Conferencia Regional sobre Educación Superior, que tendrá lugar precisamente en la Universidad de Córdoba, Argentina, cuna de la Reforma, en junio próximo. Este evento universitario tendrá el carácter de preparación para la Conferencia Mundial sobre Educación Superior, que se reunirá en París en el 2019.

Las universidades latinoamericanas, como fiel reflejo de las estructuras sociales que la Independencia no logró modificar, seguían siendo los “virreinatos del espíritu” y conservaban, en esencia, su carácter de academias señoriales. Hasta entonces, universidad y sociedad marcharon sin contradecirse, pues durante los largos siglos coloniales y en la primera centuria de la República, la universidad no hizo sino responder a los intereses de las clases dominantes de la sociedad, dueñas del poder político y económico y, por lo mismo, de la Universidad.

La clase media emergente fue la protagonista del Movimiento, en su afán por lograr acceso a la Universidad, hasta entonces controlada por la vieja oligarquía terrateniente y el clero. La universidad aparecía a los ojos de la nueva clase como el canal capaz de permitir su ascenso político y social. De ahí que el movimiento propugnara por derribar los muros anacrónicos que hacían de la universidad un coto cerrado de las clases superiores. La creciente urbanización fue otro factor que, ligado a los anteriores, contribuyó a formar la constelación social que desencadenó el Movimiento.

La Reforma de Córdoba trajo a las universidades latinoamericanas la autonomía universitaria, como su fruto más preciado. Su conquista ha sido fundamental para el desenvolvimiento y transformación de las universidades de nuestra región. En cuanto a la “función social” de la universidad, por la cual abogó el Movimiento, la elección de las autoridades universitarias por la propia academia y el cogobierno, son postulados que hoy están consagrados en las leyes y estatutos universitarios de la región. Córdoba marca un hito en la historia de la universidad latinoamericana: “La universidad, después de 1918, no fue lo que ha de ser, pero dejó de ser lo que venía siendo”, afirma Germán Arciniegas.

A cien años del Movimiento de Córdoba, varios de sus postulados siguen vigentes, aunque con nuevos contenidos y significación. Otros, en cambio, han sido superados con el decurso de los años. En conjunto, sin embargo, el legado de Córdoba sigue encarnando los ideales más generosos en torno a la universidad latinoamericana. De ahí que sea válido afirmar que con ella entroncan los procesos que en nuestros días persiguen la transformación de nuestras universidades.

Si bien la Reforma no logró el cambio de nuestras universidades, en el grado que las circunstancias exigían, dio pasos positivos en esa dirección. Su acción se centró, principalmente, en los aspectos organizativos del gobierno universitario, como garantía de la democratización que se buscaba. Fue menos efectiva en cuanto a la reestructuración académica de la universidad, que siguió respondiendo al patrón napoleónico profesionalista.

Córdoba fue el primer paso. Un paso dado con pie firme y hacia delante. Con él se inició un movimiento original, sin precedentes en el mundo. Ecos de este movimiento resonaron en el “mayo francés”, en los Estados Unidos, en 1968, e incluso en la “Declaración Mundial sobre la Educación Superior para el Siglo XXI” (París, 1998).

En esta época de cambios surge un nuevo reto: transformar nuevamente la universidad latinoamericana para que respondan, con calidad y pertinencia, a los desafíos de la sociedad contemporánea, aprovechando las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Para ello, corresponde retar a la imaginación y replantearnos los objetivos, la misión y las funciones de las instituciones de educación superior, a fin de que estén a la altura de las circunstancias actuales del nuevo milenio. Eso implica analizar temas como la internacionalización de la educación superior, la interdisciplinariedad; la educación superior en línea y su acreditación; el impacto de la educación permanente en los métodos de enseñanza-aprendizaje, etc…

El autor es jurista y catedrático.

Opinión Carlos Tünnermann Bernheim Universidad archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí