OEA, Daniel Ortega, Venezuela, Nicaragua
Guillermo E. Miranda

Almagro y su laberinto

Sin importar los resultados de la reunión general de la Organización De Estados Americanos (OEA) que acaba de finalizar en  Cancún, México, no podemos soslayar el enorme esfuerzo desarrollado por su secretario general, para lograr una resolución, que sentara las bases de un diálogo que diera como resultado el fin de la represión del actual gobierno venezolano contra su pueblo y el retorno de su paz social.

En ese afán el señor Luis Almagro no escatimó en calificativos contra el Gobierno de Nicolás Maduro, en el informe que rindiera el pasado 15 de marzo a esa organización, en donde entre otras cosas dijo: El pueblo de Venezuela se enfrenta a un Gobierno que ha dejado de ser responsable. Que viola la Constitución. El Estado de derecho; el poder judicial ha sido eliminado completamente controlado por el poder ejecutivo, que ha anulado a la Asamblea Nacional así como sus potestades constitucionales.

Hoy en Venezuela ningún ciudadano tiene posibilidades de hacer valer sus derechos; el ciudadano ha quedado completamente a merced de un régimen autoritario que niega los más elementales derechos. Todo en interés de preservar la riqueza, el privilegio y la impunidad de quienes se aferran de manera corrupta al poder.

De nada valieron estas exhortaciones, ni la de los cancilleres de Costa Rica, México, Canadá y Perú entre otros, para lograr que un grupito de países continuaran oponiéndose a que la OEA alcanzara un consenso que devolviera en el corto plazo la democracia perdida a la patria de Bolívar.

Sin importar el ángulo del que se analice lo sucedido hasta ahora en el seno de la OEA, es imposible soslayar el triunfo paupérrimo y cortoplacista del régimen de Nicolás Maduro y por ende el fracaso momentáneo del secretario general de ese organismo.

Mientras todo esto sucede en el seno de la OEA, los nicaragüenses estamos a la expectativa de las futuras actuaciones del señor Almagro en nuestro país, en donde no hace mucho suscribió un acuerdo con Daniel Ortega, quien desde hace más de una década nos gobierna cometiendo los mismos vicios de que ha acusado a Maduro. Almagro no puede en el caso de Nicaragua alegar desconocimiento o ignorancia sobre la situación que atravesamos, ya que organizaciones nacionales como el Frente Amplio por la Democracia (FAD), la CPDH, Cenidh, la Iglesia católica, el Movimiento por Nicaragua (MpN) y los mismos Estados Unidos con su iniciativa de ley conocida como Nica Act, le han hecho saber que en Nicaragua padecemos los mismos males que en Venezuela, solo que acá la población no ha alcanzado los niveles de frustración que está demostrando el pueblo venezolano.

Dicho esto, mi sugerencia al señor Almagro, de manera respetuosa pero a su vez categórica, es que se abstenga de venir a Nicaragua a avalar con su presencia una farsa electoral como la que hasta hace poco intentó impedir en Venezuela, ya que de hacerlo estaría echando por la borda la credibilidad de su lucha contra las dictaduras de nuestra América. Los nicaragüenses ya calificamos como farsa las elecciones del próximo noviembre y a ella asistirán únicamente el partido de gobierno y unos cuantos partidos políticos que nacieron para zancudear. Si no comprende el señor Almagro el calificativo, significa que actúan bajo las mismas premisas y con la misma moral que los gobernantes de los países que votaron contra la resolución que él impulsó recientemente en el seno de la OEA.

El autor es analista político.

Opinión Luis Almagro Nicaragua OEA Venezuela archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí