Julio César Castillo Ortiz

Madre, bendición del hogar

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de piedras preciosas”. Proverbios 31:10. Este es uno de los versículos más significativos para la mujer, porque aunque ellas en ocasiones no perciban el valor con el cual han sido enviadas a este mundo, Dios está interesado en que tanto ellas como la humanidad entera reconozcan las virtudes de la mujer.

Que no exista un hijo que no valore al ser que Dios escogió para que fuera su madre. Solo ellas tienen la capacidad para cambiar cualquier ambiente hostil, con una esencia única de amor  sanan las angustias y dolores de la familia y con su compañía se acaba la soledad, porque las madres son el reflejo del amor de Dios en el hogar.

Es infinito el poder divino que trae al hogar la madre que se refugia en la oración. Una súplica materna no puede ser desatendida por el Señor, porque es una invocación que se hace genuinamente del corazón. Podrá ser engañosa la gracia de las personas y vana toda su hermosura, nos dice el proverbio 31, pero la mujer que sigue con amor los caminos de Dios, será siempre alabada.

Aunque los de su casa y la sociedad se encarguen de desvalorizar el trabajo de una madre, menospreciando y catalogándolo como una labor sin provecho, Dios jamás se olvidará de honrar a todas las mujeres que valientemente asumieron el privilegio de ser madres, porque desde el momento que aceptaron el fruto de su vientre, se negaron a sí misma y optaron por ser instrumentos del Señor para traer vida a la tierra.

Una madre virtuosa hace que el corazón de sus hijos y el de su marido esté confiado. Es una mujer fiel que cumple con el compromiso dado por Dios, a pesar de los problemas se mantiene fuerte y firme, porque su fortaleza viene del Señor.  Las manos de ella son de bendición, porque con amor y gozo a diario trabaja por el bienestar de toda su casa.

Una madre es guerrera, porque pelea la batalla de noche y de día. Es la primera en estar despierta y la última en buscar el descanso. Está dispuesta a entregarlo todo por su familia, y siempre derrocha su misericordia para aquel que está necesitado de amor o de abrigo. Su sensibilidad hace que se compadezca del dolor de los demás y aunque tiene necesidad extiende la mano al menesteroso. Es una mujer que no solo se limita a compartir lo material, también está dispuesta a compartir sobre el amor de Dios a los demás, es ella quien nos enseñó nuestras oraciones de niño y siempre rogaba para que nuestros pasos no se desviaran de los caminos del Señor.

Hijos, les animo a que conserven la bendición en sus vidas, honrando siempre y en toda circunstancia a la mujer que Dios  les concedió para traerlos al mundo. No existe la madre perfecta, pero sí la madre que se entrega completamente para que sus hijos tengan una oportunidad para salir adelante. Si hoy tienes a tu madre con vida, retribuye con amor todo lo que ella ya dio por tu bien. Ahora se encuentra cansada, su cabello blanco y sus arrugas la delatan, los años han pasado fuertemente por su vida.

Dios está esperando que hagas práctico el mandamiento que pide honrar a padre y madre, porque el Señor está interesado en bendecir con abundancia tu caminar, pero antes, debes honrar a quienes con amor y sacrificio te concedieron el privilegio de nacer. No dejes para mañana el amor que hoy le puedes dar a tu madre.

El autor es Presidente Asociación Cristiana Jesús está Vivo

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