Ayer se cumplieron 29 años del Acuerdo de Sapoá, el primer paso del gobierno sandinista y las fuerzas contrarrevolucionarias que se encontraban en guerra, para avanzar hacia la paz.
Los representantes del régimen sandinista y de la contra se reunieron en los días 21, 22 y 23 de marzo de 1988 en Sapoá, cerca de la frontera de Nicaragua con Costa Rica, con la mediación del cardenal Miguel Obando y el secretario general de la OEA, Joao Baena Suárez. Al final de esa reunión las partes firmaron el Acuerdo de Sapoá para el cese de operaciones militares ofensivas, el primer paso en el camino que debía conducir hacia la paz.
En el Acuerdo de Sapoá se establecieron las bases para poner fin a la guerra civil, la cual no solo era una lucha entre bandos nicaragüenses por el poder sino también un episodio bélico de la Guerra Fría de las superpotencias soviética y estadounidense, que hicieron de Centroamérica y en particular de Nicaragua un escenario de su enfrentamiento estratégico global.
Pero la paz que se disfruta ahora en Nicaragua como consecuencia del Acuerdo de Sapoá solo es ausencia de guerra. No es una paz integral. Sin embargo es un logro que los nicaragüenses deben mantener y la comunidad internacional debe colaborar para que se mantenga.
Hay que estar claros de que la paz solo como ausencia de guerra no es suficiente. La paz tiene que ser integral y por lo tanto debe tener el ingrediente esencial de la justicia, la libertad y la democracia,
En Nicaragua hay paz pero no hay justicia, ni Estado de Derecho, ni libertad de expresión irrestricta. Daniel Ortega, desde el año 2007 cuando recuperó el poder total ha restaurado bajo una forma distinta el mismo sistema de injusticias y atropellos a la libertad y la democracia, que fue causa de las dos últimas dos guerras civiles consecutivas que sufrió el país: la de los sandinistas contra el régimen dictatorial somocista y la de los contras contra la dictadura sandinista.
Cabe recordar que en el quinto de los 9 puntos que contenía el Acuerdo de Sapoá, se estableció que “el Gobierno de Nicaragua garantizará la libertad de expresión irrestricta como se contempla en el Acuerdo de Esquipulas II”. De esa manera se reconoció el principio de que la libertad de expresión irrestricta es indispensable para que puedan tener vigencia todas las demás libertades.
El cumplimiento cabal de tal compromiso fue posible cuando doña Violeta Barrios de Chamorro asumió por mandato del voto popular la Presidencia de Nicaragua, en abril de 1990. Pero dejó de cumplirse cuando Daniel Ortega y el FSLN recuperaron el poder, en enero de 2007.
Desde entonces la paz de Nicaragua está incompleta, le hacen faltan la justicia, la libertad de expresión irrestricta y en consecuencia las virtudes que hacen de un sistema de gobierno una democracia verdadera.
El punto quinto del Acuerdo de Sapoá no debe ser olvidado por las fuerzas democráticas, como tampoco hay que olvidar los Acuerdos de Esquipulas en los cuales fue trazado el camino de Nicaragua hacia la paz auténtica, con justicia, libertad y democracia.