Entre el repicar de campanas anunciando la llegada del Año Nuevo 2017, se fincan en la mente del nicaragüense metas para afianzar la reconciliación y la paz, fundamentos para que en el caminar de la historia se pudiera levantar una sociedad sin odios ni rencores, donde todos con apertura de sentimientos nos sepamos entender y depongamos diferencias que solamente han servido para restarle al hombre los valores que requiere para su total desarrollo.
Jamás el odio y el rencor pueden contribuir al sostenimiento de una sociedad humanizada. Los nicaragüenses tenemos que contribuir al nacimiento de una república floreciente en virtudes donde cada uno de nosotros sea constructor de un destino positivo que pueda conducirnos por “otros caminos” en que se vislumbren nuevos retos, nuevas esperanzas que fortalezcan la disposición de juntar esfuerzos y voluntades para sacar adelante a esta nación que demanda mayores compromisos a sus hijos.
No se puede construir una Nicaragua optimista y dinámica, en el concurso de sus anhelos, si continuamos siendo sujetos de aferradas divisiones que nos aíslan de una plácida convivencia. Siendo descendientes de una misma patria nos atañe el deber de buscar mejores fórmulas de acogedores sentimientos que nos identifiquen con el carácter de personas que ansiamos ser civilizadas expulsando del fuero interno todo afán de violencia y venganza, que impiden construir un país modelo donde el respeto por el derecho propio termine donde comienza el derecho ajeno, tal como lo consigna Benito Juárez con lúcido pensamiento.
La reconciliación y la paz, como emblemas de justicia, tienen que ser el fruto de convenidos esfuerzos, y sin estar atados a la pasión de equivocados egoísmos, hemos de hacer realidad esos hermosos sentimientos que ratifiquen la fe que podamos concebir, despojándonos de teorías demagógicas que rayan los cálculos de la tolerancia, porque es bien sabido que la reconciliación y la paz deben ser corroboradas por la práctica para el mérito de sus lógicas conquistas.
¿De qué sirve si con aires de publicidad pregonamos insistentemente este mandato, y al momento de quererlo hacer realidad, únicamente nos quedamos con la misma teoría demostrando que todavía no somos capaces de superar sentimientos anormales que suelen ser propios en personas que nos mantenemos alejadas de toda inquietud cultural?
La reconciliación y la paz no pueden ser conceptos simples que se queden estáticos en la conciencia del nicaragüense. Son de imperioso cumplimiento para que en el mundo interior del discernimiento humano demostremos que somos personas dispuestas a limar asperezas como alternativa de solución a los problemas que nos aquejan, y que nos mantienen alejados de los demás; de los mismos a quienes les debemos respeto en su integridad particular, y que si por debilidades de carácter hemos fallado, tenemos que asumir la obligación de presentar excusas para satisfacción de la conciencia.
Las experiencias del pasado pertenecen al pasado. Somos marchistas partiendo del presente, mirando hacia el futuro, conservando en la agenda del pensamiento los proyectos a conquistar,
tomando como punto de referencia el optimismo y la perseverancia, orientándonos con las sabias palabras del filósofo Antonio Machado: “Caminante, son tus huellas el camino, y nada más. Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que no se ha de pisar jamás”.
El autor es Periodista de Somoto.