Humberto Belli Pereira

Belén alumbra los derechos humanos

Reflexionar; la capacidad para detenernos y meditar sobre el significado de los eventos que nos rodean, es uno de los dones más preciosos y exclusivos del ser humano. Sin embargo, poco lo ejercitamos, como quizás ocurrió esta Navidad si la dejamos transcurrir sin reparar en su significado.

El reproche no se confina a los creyentes en Jesucristo como hijo de Dios, sino que es extensivo a los no creyentes. Como decía en mi artículo anterior, desde una perspectiva meramente secular Navidad es un acontecimiento histórico de primer orden, por cuanto en ella nació una persona y una religión —el cristianismo— que ha tenido un impacto excepcional en el curso de la historia; no solamente en lo espiritual, sino en prácticamente todos los aspectos de la existencia social humana.

Un sociólogo e historiador de mucha influencia, Rodney Stark, publicó no hace mucho “The Victory of Reason”, La Victoria de la Razón, cuyo subtítulo resume su tesis: “Como el cristianismo llevó a la libertad, al capitalismo, y al triunfo de Occidente”. Décadas atrás, el alemán Max Weber había escrito sobre la contribución de la ética protestante al desarrollo del capitalismo. Stark revisa críticamente este supuesto y aborda otros menos explorados. En este artículo quería destacar uno de ellos: el impacto del cristianismo en el desarrollo de los derechos humanos.

Aun cuando la antigua civilización greco romana fue muy avanzada en el campo de las ideas y el derecho, convivió tranquilamente con prácticas degradantes como el infanticidio, las luchas de gladiadores y la esclavitud. Cristo y sus seguidores, con su compasión por los más despreciados—leprosos, tullidos, extranjeros, pecadores, criminales, esclavos, etc.,- sembraron las semillas de una nueva mentalidad que terminó cambiando gradualmente la ética dominante y de rebote aquellas prácticas e instituciones derivadas. Teólogos, misioneros, papas y líderes religiosos, fueron decisivos en promover los derechos y la igualdad moral de todos los seres humanos a través de los siglos.

No es casualidad, por tanto, que haya sido el occidente cristiano el primero en abolir la práctica milenaria de la esclavitud. El impulso no provino de pensadores de la ilustración o de humanistas seculares. En realidad, muchos de ellos la miraron con naturalidad. Entre sus defensores aparecieron pensadores de renombre como Thomas Hobbes (1588), John Locke (1632) Voltaire (1694) Montesquieu (1689) y Comte (1748).

La resistencia contra el fenómeno esclavista provino fundamentalmente del legado cristiano. Tras el descubrimiento de América sus principales objetores fueron los pontífices de la Iglesia Católica Romana, particularmente Pablo III, en 1537.  En el mundo protestante anglosajón este rol sería asumido por activistas devotos como el inglés William Wilberforce.

En la América hispana fueron líderes católicos los grandes defensores de los derechos indígenas. Uno de los más famosos fue Fray Bartolomé de las Casas. En palabras de la historiadora Helen Rand, el “consumió cincuenta años mortales dirigiendo quizás el mayor esfuerzo para los derechos civiles y la justicia racial en la historia de la humanidad”. Otro, en Nicaragua, fue el obispo Valdivieso, martirizado precisamente por defender a los indios frente a los abusos de los hermanos Contreras.

Contemporáneamente el gran defensor de los derechos civiles de los negros norteamericanos fue el reverendo Martin Luther King.

En realidad, las consecuencias del nacimiento en Belén de ese personaje histórico conocido como Jesús de Nazaret, fueron mucho mayores de lo que suele reconocerse. Stark señala incluso su impacto en la democracia, sistema cuya base angular son los derechos inalienables de todo ser humano. Pero eso será objeto de otro artículo, ya que es imposible comprimir en pocas líneas los efectos de Navidad.

El autor fue ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
[email protected]

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí