Al exembajador nicaragüense Mauricio Díaz la reciente visita del secretario general de la OEA, Luis Almagro, le recuerda cuando en 1979 el Consejo de Cancilleres de la organización ordenó la salida del régimen somocista.
En aquel entonces el Frente Sandinista pidió ayuda de la Organización de Estados Americanos para luchar contra el dictador en turno. Hoy, sin embargo, el presidente inconstitucional y líder del FSLN, Daniel Ortega, es quien está en la mira y queriendo dialogar desde la posición contra la que luchó en la década de los setenta.
En esta entrevista Díaz analiza el contexto internacional en el que se encuentra Nicaragua, con la reciente elección de Donald Trump en Estados Unidos, el desmoronamiento del chavismo en Venezuela y la muerte de Fidel Castro en Cuba, así como las repercusiones que pueden tener los diálogos de la OEA con el Gobierno.
¿Qué significa la presencia de la OEA en Nicaragua?
Desde el punto de vista de la defensa de la democracia, un factor muy importante, porque significa que el propio secretario general está tomando nota de la situación que hay en el país. Está llegando en un momento de gran tensión en el que va a tener la responsabilidad de elaborar un informe producto de las entrevistas que esté realizando con los sectores más representativos de la sociedad nicaragüense. Entiendo que el acuerdo con el Gobierno es que se van a preparar informes y van a tratar de consensuar uno en tres meses. Si no se logra ese consenso, pues el secretario general tendrá que buscar los mecanismos contenidos en la Carta Democrática Interamericana para enfrentar esta situación que se ha dado en Nicaragua.
¿Qué podemos esperar del diálogo entre Luis Almagro y el Gobierno?
Si está aquí es porque hubo un consentimiento del Estado. Es bastante prematuro decir qué va a pasar. Dejemos que la OEA haga su labor, a ellos les corresponde recoger la mayor información posible sobre lo que acontece en Nicaragua, porque este es un país paradójico: por un lado somos el país menos inseguro de Centroamérica, pero por otro lado todo lo que se ha avanzado en materia de imagen internacional se corre el riesgo de perderse por una acción política indebida. La represión es una mala consejera. Ninguna nación va a terminar aceptando vivir reprimida y en Nicaragua, aunque en apariencia se han aceptado muchas cosas, el pueblo nicaragüense es como una olla de presión y si no le quitás la tapa va a estallar. Hay muchas cosas que están pendientes en la Nicaragua de hoy, entre ellas las elecciones pasadas.
Después de la visita de Almagro viene un informe. ¿Cuál cree que sea la posición del Gobierno ante ese informe?
Yo veo muy difícil un consenso, porque en la historia de Nicaragua ha habido una estrategia que le ha funcionado al Frente Sandinista y es la de cosas juzgadas: ya las elecciones se dieron, los honorables diputados van a ser juramentados, eso ya es irreversible. De ahí para atrás nada, de ahí para adelante todo. Como estrategia de negociación les ha funcionado. Pegar, golpear, negociar. Ya están en un avance significativo en un plan estratégico que han venido desarrollando desde que perdieron el poder. ¿Cuál ha sido ese plan? La toma de las instituciones del Estado. Lo han hecho en silencio.
¿Y qué medidas puede tomar Almagro en la OEA en caso de que el Gobierno no acepte el informe?
La Carta Democrática tiene mecanismos muy claros. El secretario general puede partir de los informes que recibió y puede interpretar esos informes o si las organizaciones le dicen “necesitamos que usted aplique la Carta Democrática en Nicaragua” , su deber es convocar a una reunión del Consejo permanente de la Organización, que es la etapa previa a una reunión de cancilleres, que ya es la etapa final. Una reunión de cancilleres fue la que ordenó la salida inmediata del régimen somocista en 1979. Incluso, el Frente Sandinista utilizó a la OEA para que interviniera en Nicaragua. El secretario general tendrá que hilar muy fino, porque esta es una labor de naturaleza política diplomática. El Estado tiene el poder de vetar el informe de la OEA. Tienen que buscar un mecanismo para encontrar soluciones bien difíciles, porque si la OEA le presenta al Gobierno la solicitud de los partidos de que no se reconozcan estas elecciones y que se convoque a nuevas elecciones no veo al gobierno de Ortega diciendo que sí. No lo veo cediendo en ese punto.
En estos días la venida de Almagro se ha visto como una solución a los problemas políticos del país. Otros dicen que la solución debemos buscarla los nicaragüenses, ¿qué opina usted?
Es relativamente cierto. Lo primero que hay que evitar es ver sangre nicaragüense derramada. Para mí lo más triste es que en el mundo contemporáneo hasta que hay 10 mil muertos, 20 mil muertos los organismos internacionales intentan tomar acciones que no están en manos de ellos. Nuestro deber como ciudadanos es respetar los principios que el Estado nicaragüense ha firmado. Nuestro deber es pedirle a la OEA que nos ayude a la preservación de la democracia y de un sistema electoral confiable y creíble que le restituya a los nicaragüenses el derecho a elegir y de ser elegidos. No se puede decir que este no es un problema de la OEA. Sí lo es porque Nicaragua es un Estado parte de la OEA. La OEA tiene un rol importante y este tema pronto lo estaremos viendo en el Consejo permanente en Washington, en tres meses, con toda seguridad.
¿Qué piensa sobre las descalificaciones que le hizo el gobierno de Ortega a Almagro hace unos meses? Le dijo injerencista, prepotente, pidió su renuncia…
Ese es el problema entre no diferenciar entre el discurso del partido y el discurso del estadista. A veces el Comandante habla más como líder de un partido para su base dura del FSLN, olvidando que eso tiene repercusiones internacionales. Nicaragua no es una isla, aunque a veces parece. Todo lo que se dice y que se hace ya tiene una caja de resonancia internacional que comenzó muy mal cuando quitan el PLI, le quitan las curules a los diputados del PLI. Ya nos volvieron a poner en el radar, pero con malas noticias. Las buenas noticias se han venido quedando atrás. El país más seguro de Centroamérica, un país extraordinario para la inversión, un país con un atractivo turístico impresionante, esas son las cosas buenas. Pero se están perdiendo por este ruido innecesario que se acaba de introducir. Me imagino que es innecesario para los grandes empresarios nicaragüenses que estaban en un ambiente muy cómodo, en un ambiente de estabilidad social y económica.
¿Y por qué después de descalificarlo así accede a dialogar con él?
Porque ese es el estilo de él. Es un estilo de negociación fuerte, golpear para después negociar. Así ha sido históricamente. ¿Va a negociar nuevas elecciones? Lo dudo, sería un milagro que eso pasara. Es el estilo de un hombre que viene de la guerra. Clausewitz, un teórico de la guerra, decía que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Lo más grave es aplicar ese precepto en la administración pública como que estamos en guerra todavía. ¿Qué va a ceder? Esa es la gran pregunta. No me gusta saber que al final del camino el beef steak va a ser la “Nica Act”. A quien va a afectar es al pueblo nicaragüense otra vez, como pasó en los ochenta. El apoyo de los Estados Unidos a la Contra y el de los rusos con su logística militar al Ejército de Nicaragua. Le tengo horror a la posibilidad de que se repita la historia, de que nos convirtamos en el pasto de dos elefantes que comienzan a pelearse por su control en las áreas de influencia internacional. Cuando Lavrov —canciller de Rusia— dice que las elecciones en Nicaragua fueron limpias, transparentes y que solo un bruto va a decir que no sirven, lo que le está diciendo a Trump es “no te metás ahí”.
¿Qué es lo mejor y lo peor que puede pasar después del diálogo con la OEA?
Lo mejor es que haya una convergencia en los temas y puntos acuerdos comunes. La máxima aspiración sería: “Bueno, estas elecciones son ilegítimas en su origen. Hay que repetir el proceso”. Aunque no veo al Gobierno cediendo. Pero negociación en donde haya más concesiones del lado gubernamental dependerá mucho de la capacidad de movilización social.
¿Y lo peor?
Es que como no hubo acuerdo, lleguemos al escenario de la aprobación de la “Nica Act” y eso tenga afectaciones para la economía nacional.
Ese es el estilo de él (Ortega). Es un estilo de negociación fuerte, golpear para después negociar. Así ha sido históricamente. ¿Va a negociar nuevas elecciones? Lo dudo, sería un milagro que eso pasara. Es el estilo de un hombre que viene de la guerra”, Mauricio Díaz Dávila, Ex embajador alterno de Nicaragua ante la OEA.

Antes me hablaba de Donald Trump… ¿Qué puede esperar para Nicaragua con la llegada de Trump a la Casa Blanca?
La preocupación fundamental es la retórica y los nombramientos. Se está rodeando de los viejos halcones de la Guerra Fría, con una mentalidad incluso macartista, un anticomunismo ancestral atrasado. ¿Qué va a hacer el presidente de Estados Unidos con Nicaragua? Le digo con toda sinceridad, yo no quisiera ver aprobada la “Nica Act”. Nicaragua no es un país con una gran fortaleza económica. Estamos en un buen momento de nuestro desarrollo, el país ha venido mejorando sostenidamente.
¿Y qué tanto chance de aprobación tiene la “Nica Act” con Trump en la Presidencia?
Me parece que tiene más posibilidades ahora que antes.
¿Por qué?
Por el peso que tienen los republicanos en ambas Cámaras. Esta iniciativa pasó por la Cámara Baja y ahora va para la Cámara Alta. Creo que era más difícil que esta Ley la aprobara Obama y creo que es más fácil que Trump la apruebe. Eso depende también de las cosas que resulten de este proceso en Nicaragua. Aunque la OEA no es un emisario del Departamento de Estado, sí hay una amenaza latente en el Congreso de Estados Unidos. A nadie le conviene que lleguemos a la “Nica Act”.
Y si Rusia le está enviando un mensaje a Estados Unidos y Estados Unidos aprueba la “Nica Act” ¿Nicaragua va a quedar en una especie de triángulo conflictivo?
No. Lo que le estoy diciendo es que cuando el canciller Lavrov dice que las elecciones fueron transparentes, más que una felicitación a Daniel Ortega es un mensaje a Washington. ¿Desde cuándo los rusos son expertos en sistemas electorales y desde cuándo están preocupados por elecciones libres? Le está diciendo a Estados Unidos “este es amigo mío”.
Pero me dice que con Trump hay más posibilidades de una “Nica Act”.
Sí. Lo que yo tengo son muchísimas dudas de que este coqueteo Putin-Trump sea tan cierto como se está diciendo.
¿Y usted cree que a Daniel Ortega le preocupa la “Nica Act”?
Don Daniel Ortega es un hombre inteligente, por supuesto. Él sabe de coyuntura, de correlación de fuerzas. “Nica Act” puede ser un duro golpe para él y para el nuevo círculo de poder económico y sobre todo para la burguesía tradicional nicaragüense que puede verse muy afectada si es que se llega a dar. Se debe evitar a cualquier costo que se aplique la “Nica Act”. ¿Dónde está esa pelota? En la cancha del Gobierno. También está en la cancha de la sociedad civil y los partidos políticos, porque la OEA no ha venido a hacerle el trabajo a nadie. Ellos tienen sus tareas y deben cumplirlas bien.
¿Y usted cómo ve la organización de los partidos de oposición?
¿Cuál oposición?
Bueno, los que dicen ser partidos de oposición.
Lo primero que hace falta en Nicaragua es una oposición que sea confiable, que exista una oposición que tenga rol de oposición. Le falta mucho a la oposición política, porque hay mucho personalismo, mucho individualismo, mucho narcisismo que hay que dejar a un lado y crear un liderazgo colectivo, una oposición creíble, un interlocutor válido con propuestas serias, que atraigan a los jóvenes y al gran capital.
¿Entonces no cree que haya verdadera oposición en Nicaragua?
Claro que sí hay. Oposición es la gente que está en las calles.
¿Qué espera usted de este tercer período consecutivo de Daniel Ortega?
Me temo que van a tener que aplicar más mano dura. Porque la economía es la que determina mucho la estabilidad de una nación. Si la economía empieza a deteriorarse, si se acaban los recursos, va a haber mucha gente molesta y cuando el Gobierno no dialoga eso se resuelve por la vía del garrote.
¿Qué significa para Latinoamérica la muerte de alguien como Fidel Castro?
Yo viví la época en donde Fidel se convirtió en un paradigma de las luchas revolucionarias. Yo escuchaba la Radio Habana, Cuba clandestinamente. Estábamos en la época de Somoza aquí y la caída de Batista fue una esperanza para el pueblo nicaragüense. Pero de ese Fidel que derrota al dictador al Fidel actual había una gran diferencia. Cuba es un modelo en materia de educación, salud, pero ha tenido un costo humano muy alto. Es una figura paradójica, controversial. Hay que analizar en una balanza de costos-beneficios. Por eso tengo miedo de que nos traten de aplicar la misma receta en Nicaragua, esa receta que dice que el pueblo nicaragüense no necesita de la democracia para el desarrollo. Es una figura que ya pasó a la historia y que deja claro algo que todos tenemos que meternos en la cabeza: Eterno solamente Dios.
Venezuela se está desmoronando también… ¿Qué repercusión tiene eso en Nicaragua?
Es trágico lo que les está pasando. Lo que nos debe llamar a la reflexión es que la cooperación venezolana se agotó, ya ese chorro de recursos llegó a su fin. ¿Nos sirvió a Nicaragua? Yo creo que en algún sentido sí, pero no logramos pegar el salto de calidad en el aparato productivo. Seguimos con una enorme indefinición que tiene que ver sobre todo con el tipo de modelo político que se ha escogido. Aquí lo que yo veo es que se está implantando un modelo de capitalismo monopólico de Estado que se dice socialista, pero que no tiene mucho de socialismo. Hemos involucionado.
Plano personal
Mauricio Díaz estudió Leyes en la UCA.
Tiene 66 años, está casado y tiene tres hijos.
Fue embajador de Nicaragua en Guatemala, Costa Rica y Perú.
Fue embajador alterno de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA) durante la administración de Enrique Bolaños.
Actualmente es diputado del Parlamento Centroamericano.
Le gusta desayunar gallopinto, es católico y le encanta la música clásica.
Juega ajedrez con su esposa.