El canciller de la Federación de Rusia, Sergéi Lavrov, avaló la farsa electoral del 6 de noviembre en Nicaragua y el nuevo período presidencial del dictador nicaragüense Daniel Ortega.
“No tenemos duda acerca de la limpieza de esas elecciones y creemos que es poco inteligente cuestionarlas”, declaró Lavrov este lunes 14 de noviembre en Sochi, ciudad balneario rusa en la costa del Mar Negro donde solía veranear el célebre dictador comunista José Stalin.
Lavrov calificó la farsa electoral de Nicaragua como “elecciones” y aseguró que estas “no se discuten por nadie de la oposición nicaragüense, salvo por su parte marginal”. De esa manera Lavrov condenó a la marginación política y carencia de derechos civiles a los nicaragüenses que se manifestaron masivamente en la abstención electoral del 6 de noviembre, la mayor en la historia de Nicaragua.
Aunque el canciller ruso no lo dijo claramente, es obvio que su declaración iba dirigida ante todo al Gobierno de los Estados Unidos (EE. UU.), que por medio de su Departamento de Estado rechazó categóricamente la farsa electoral orteguista del 6 de noviembre y no reconoció sus resultados.
Es oportuno recordarlo, el lunes 7 de noviembre el Departamento de Estado emitió una declaración en la cual expresó que “Estados Unidos se encuentra profundamente preocupado por el proceso viciado de elecciones presidenciales y legislativas en Nicaragua, que impidió toda posibilidad de realizar elecciones libres y justas el pasado 6 de noviembre”. La enérgica nota oficial estadounidense recordó que “previo a las elecciones, el Gobierno de Nicaragua había eliminado a los candidatos de la oposición para la presidencia; limitado la observación electoral nacional en los centros de votación y el acceso a las cédulas para votar, y tomado otras medidas para negar el espacio democrático en el proceso. La decisión del Gobierno de Nicaragua de no invitar a observadores internacionales independientes socavó aún más la legitimidad de las elecciones”. Y advirtió la declaración del Departamento de Estado que el gobierno estadounidense “seguirá presionando al Gobierno de Nicaragua para que respete las prácticas democráticas, incluyendo la libertad de prensa y el respeto a los derechos humanos universales en Nicaragua, conforme a las obligaciones que nuestros países comparten bajo la Carta Democrática Interamericana”.
De manera que la declaración de Lavrov tratando de descalificar las denuncias de la farsa electoral orteguista, fue dirigida particularmente a los EE.UU. que la rechazó categóricamente. Pero al mismo tiempo el canciller de Rusia ha ofendido a todos los nicaragüenses que se oponen abiertamente a la dictadura orteguista, o que simplemente no la respaldan, como lo demostraron con la impresionante abstención electoral del 6 de noviembre.
Esos nicaragüenses no se abstuvieron porque son poco inteligentes como cree el ruso Lavrov, sino más bien porque tienen mucha sabiduría política y conciencia de sus derechos y de su dignidad de ciudadanos libres. La falta de inteligencia más bien hay que atribuirla a quienes por cálculos geopolíticos, o por la razón que sea, apoyan a dictaduras como la de Daniel Ortega en Nicaragua.