El ferrocarril del que se ha hablado recientemente en medios del Gobierno no es el primer gran proyecto con el que se ilusiona a los nicaragüenses. En la lista de espera también están el Canal Interoceánico, un satélite, la hidroléctrica Tumarín, un tren que diariamente trasladaría a 50 mil personas, un “rapibús», la refinería y las ciclovías de Managua. Proyectos propuestos en distintos gobiernos, por diferentes políticos.
Para el economista y analista social Oscar René Vargas, estos proyectos no han funcionado porque “dependen de la voluntad del capital extranjero que dijo que lo iba a realizar”. Además, asegura que aunque el actual Gobierno ha exagerado este recurso de “engañar a los de abajo” y crear esperanzas de que las cosas van a cambiar, estos “alegrones de burro” son un fenómeno de la política tradicional.
Según Vargas, estos discursos de proyectos prometedores sirven como “estrategias discursivas para hacernos creer que el Estado es bueno y neutral”. Algunos de estos proyectos han estado engavetados por años. La idea del puerto de aguas profundas de Monkey Point es de los tiempos de José Santos Zelaya; la de la refinería fue acariciada por Anastasio Somoza Debayle y el proyecto del canal interoceánico ha sido presentado durante los gobiernos de Arnoldo Alemán, Enrique Bolaños y Daniel Ortega.
En algunos casos, los proyectos han contado con un presupuesto aprobado, pero si nunca se ejecutan, la pregunta del millón, según Vargas, es: ¿A quién le queda ese dinero?