Evangelizando, templos
Gonzalo Cardenal M.

Ecumenismo hoy (II entrega)

También en la cuestión de la unidad de la Iglesia en China con el Vaticano se hacen progresos, ya que la casi totalidad de sus obispos han sido reconocidos por Roma. Ambas partes se saben unidas a la comunidad católica. Pero aunque esta unión todavía no ha sido oficialmente reconocida por el Estado, este la acepta como una meta cercana. Y ya que la gran mayoría de los obispos ordenados en el pasado sin el mandato apostólico de Roma, han reconocido al primado, han entrado efectivamente en comunión con Roma.

Son varios los factores de este éxito que nadie esperaba: Por un lado, en los obispos ordenados de forma ilegítima nunca ha estado ausente el profundo deseo de hallarse en unidad con el papa. Esto le ha posibilitado a la casi totalidad de ellos recorrer el camino hacia la comunión.

Por otro lado, los obispos ordenados en secreto y no reconocidos por la autoridad estatal disfrutan de que el Estado ya ha dejado de encarcelarlos.
Lo que parece haberse vuelto problemático es el diálogo ecuménico con los protestantes. Según la visión de muchos obispos católicos hay partes de las iglesias protestantes que, bajo la presión de la modernidad, han abandonado muchas de sus tradiciones. Desde los años setenta estos sectores han asumido primeramente una orientación socialista, después de la Nueva Era, y hoy feminista, con tendencia a la integración de la perspectiva de género. El diálogo con ellos, dicen los obispos católicos, se dificulta ante la sistemática presentación de la Iglesia católica por parte de ellos como atrasada, en contraposición de su alternativa “progresista”.

Sin embargo, para entender bien la situación con los protestantes hay que considerar los múltiples estratos que forman el protestantismo mundial. El luteranismo es solo una parte del espectro del protestantismo mundial. Junto a ellos están los reformados, los metodistas, etcétera. Después está el amplio y nuevo fenómeno de los evangélicos, que se extienden con enorme dinamismo y están a punto de transformar todo el escenario religioso en los países del Tercer Mundo. O sea que, cuando se habla de diálogo con el protestantismo, hay que tener presente estos múltiples estratos, que varían también entre un país y otro.

Ante todo esto debemos reconocer y lamentar que el protestantismo en general ha dado pasos que más bien lo alejan de los católicos: con la ordenación de mujeres, la aceptación de uniones homosexuales y cosas semejantes. Hay también otras posturas éticas, otros acomodos con el espíritu mundano actual que dificultan el diálogo.

Naturalmente, al mismo tiempo, hay en las comunidades protestantes muchas personas que tienden activa y admirablemente hacia la auténtica esencia de la fe y que no aprueban esta actitud de las grandes iglesias. Esperamos que estos sectores más ortodoxos (como pudiéramos llamarlos) influyan positivamente en sus iglesias particulares para acercar aún más al cristianismo, a fin de que el mundo crea de una vez por todas que Cristo es el enviado del Padre y que Dios nos ama como ama a Cristo, y dar testimonio —no aislado como hasta ahora— sino que unidos todos por la fe y amor a Dios y a los hombres, de que el amor auténtico es la llave para la paz y la convivencia feliz de la humanidad.

La principal fuente para estos tres artículos la obtuve de noticias vaticanas y del libro Luz del Mundo, del papa Benedicto XVI.

EL AUTOR ES MIEMBRO DEL CONSEJO DE COORDINADORES DE LA CIUDAD DE DIOS.
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Opinión
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