Jessica López Mendoza

¡Quiero un papá en mi hogar!

Nadie se atreve de hablar de este tema en un sociedad marcada por la interiorización de un feminismo mal sano, disfuncionando el papel trascendente y social que aporta la relación paterno-filial, lo peor del asunto es ¿quiénes pagaremos por esto? —es la misma sociedad—, seguimos favoreciendo el “abandono de la mujer” por medio de la facilidad legal para disolver el matrimonio. Entre menos matrimonio mayor la posibilidad de abandono del padre en la crianza de los hijos. Estudios serios entre ellos el realizado por el doctor Ducam Timms, de la Universidad de Estocolmo, durante 18 años que dio seguimiento a 15,000 niños donde hubo ausencia paterna arrojaron consecuencias catastróficas cuando el padre se desvincula emocional y físicamente de su hogar por ende de sus hijos. Entre los resultados encontrados esos jóvenes mostraron mayor dificultad para controlar sus impulsos (relaciones desordenadas sexualmente), mayor vulnerabilidad a la presión de grupos, un 63 por ciento de los suicidios es de jóvenes sin padres, el 90 por ciento de los niños que se van de casa provenían de familias sin padres, el 85 por ciento de los chicos con desórdenes de conducta vienen de familias sin padre, el 75 por ciento de jóvenes en centros de desintoxicación no conocían a su padre, el 70 por ciento de jóvenes internados en reformatorios creció sin padre, el 85 por ciento de jóvenes en prisión provienen de familias sin padres y los datos siguen de manera escalofriante. Por otra parte el Center for Human Resources (Universidad Estatal de Ohio) encontró una fuerte asociación estadística entre ausencia del padre y delincuencia. Asimismo se afirma que las culturas con mayor compromiso del padre en la crianza de los hijos son las menos violentas. Los niños sin padre tienen cinco veces más posibilidades de ser pobres. El estudio arroja entonces de manera conclusiva que los efectos negativos cobran mayor intensidad cuando los hijos son varones.

La frustración de crecer sin un padre daña de manera directa el sistema inmunológico afectado por el estrés de esos hijos sin padre que degenera en el sentimiento de abandono y desamparo, perjudicando en la salud física y emocional de esos jóvenes con ausencia paterna. Otro dato interesante es lo que afirma el doctor en sociología norteamericano: “La falta de padre nos conduce a la anarquía personal y social”. Los beneficios de tener un papá en casa son increíbles tales como: los hijos de padres presentes y responsables tienen mejor capacidad lingüística, mejor cociente intelectual, son jóvenes más sociables, desarrollan más empatía y sentido de compasión, tienen mayor autocontrol de sus impulsos, entre ellos control sobre sus apetitos sexuales, son más líderes, tienen más elevada la autoestima, incrementan su sentido de felicidad. Otra investigación hecha por Blake Bowden en el hospital infantil de Cincinnati con una muestra de 527 adolescentes mostró que aquellos niños que desayunaban, comían, cenaban al menos cinco veces a la semana, y que concuerda con el hecho por otro estudio con 11,577 adolescentes, se concluyó que la presencia del padre en la mañana, después del colegio, en la cena y al acostarse es fundamental para el adolescente que se desarrollará como una persona tranquila y con éxito escolar.

Ante todo estos estudios y renombrados intelectuales y estudiosos se hace necesario reflexionar en algo, ¿el padre termina en la concepción?, ¿solo son simples empleados para dar pensiones de alimentos?, ¿por qué nos hemos encargado de denigrarlos, excluirlos inclusive los hemos desaparecido de las familia? ¿por qué no pensar en cambiar el paradigma y procurar obligatoriamente la guarda compartida?, es decir para que el peso de la crianza, cuido de los hijos no lo tenga solo la madre. La paternidad es más efectiva cuando va acompañada de la maternidad enmarcada dentro del matrimonio. La sociedad tiene un flagelo que es la ausencia del padre, empecemos por reforzar, promover y proteger al matrimonio como incubadora de la paternidad.

La autora es jurista.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Boris
    Hace 10 años

    Creo a muchos se les olvida que estamos en el siglo XXI, y el año es 2016.

  2. mjat
    Hace 10 años

    imaginese pues, por muy buen padre que sea uno, si se pide la custodia aun poniendo de frente al juez la incapacidad de la madrea de criar a los hijos, «por ordenes de arriba» los jueces siempre fallan, vale que FALLAN, en dar la custodia a la «madre» siempre por muy pruebas de incompetencia que se presente, al final quien es el que sufre? los niños.

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