El papa Francisco dio a conocer ayer su exhortación apostólica titulada Amoris laetitia (Alegría del amor), en la cual resume el contenido de los dos sínodos sobre la familia que se realizaron en 2014 y 2015, y aporta su valiosa reflexión personal y su propia apreciación pastoral.
Se conoce muy bien que la Iglesia católica y el papa Francisco personalmente tienen una honda preocupación por la situación de la familia en la actualidad. Pero no solo por las familias católicas y de otras iglesias cristianas, sino de todas las familias del mundo, por encima de credos religiosos o formas de pensamiento.
Según dice el papa Francisco, los sínodos de 2014 y 2015 permitieron “poner sobre la mesa las situaciones de las familias en el mundo actual, ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de los temas planteados nos mostró la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales”.
El enfoque del papa argentino sobre los problemas de la familia, inclusive los más delicados emocionalmente como son el de los católicos divorciados y el de los homosexuales, está impregnado de la misericordia que para él es la esencia de nuestro tiempo. Así, señala que “en las difíciles situaciones que viven las personas más necesitadas, la Iglesia debe tener un especial cuidado para comprender, consolar, integrar, evitando imponerles una serie de normas como si fueran una roca, con lo cual se consigue el efecto de hacer que se sientan juzgadas y abandonadas precisamente por esa Madre que está llamada a acercarles la misericordia de Dios. De ese modo, en lugar de ofrecer la fuerza sanadora de la gracia y la luz del Evangelio, algunos quieren adoctrinarlo, convertirlo en piedras muertas para lanzarlas contra los demás”.
La Iglesia católica de Nicaragua ha expresado también su propia preocupación por la problemática de la familia nicaragüense. Esta misma semana, el obispo de Granada, monseñor Jorge Solórzano, en su carta pastoral diocesana ha citado algunos aspectos medulares del Mensaje sobre la familia, de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, emitido en diciembre de 2012.
La violencia intrafamiliar, el machismo, el narcotráfico como forma de sobrevivencia familiar, los embarazos entre las adolescentes, la prostitución infantil del turismo sexual, la transmisión de antivalores por ciertos medios de comunicación, y otras lacras sociales, han sido denunciadas por los obispos nicaragüenses. Lo mismo que la grosera intromisión del poder político en la intimidad de los hogares a través de los partidistas Gabinetes de la Familia, que mencionó la Conferencia Episcopal en la carta que le fue entregada a Daniel Ortega el 21 de mayo de 2014 y que este ni siquiera se dignó a contestar.