El obispo de Granada, monseñor Jorge Solórzano, ha dado a conocer una carta pastoral diocesana que de alguna manera llena el vacío de la que debió ser emitida por la Conferencia Episcopal, con motivo de la Cuaresma recién pasada, pero no hubo consenso entre los obispos para divulgarla.
El mensaje del obispo de la Diócesis de Granada que incluye los departamentos de Rivas y Boaco, aborda principalmente temas y problemas de la evangelización, realidades pastorales y el apostolado de los sacerdotes, comunidades laicales y feligresía en general. Pero además incluye un capítulo titulado Una mirada a la realidad social, política económica, eclesial y pastoral a nuestro pueblo, con los impactantes planteamientos de monseñor Solórzano destacados por LA PRENSA en su edición de ayer.
En sus reflexiones el obispo de Granada cita documentos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y la exhortación apostólica del papa Francisco, Evangelii Gaudium. Pero expresa también sus propios conceptos pastorales sobre la realidad del país, que no ha cambiado a pesar de las bien intencionadas advertencias y peticiones de los obispos.
La carta pastoral del obispo de Granada fustiga el absolutismo orteguista, denuncia la transformación de las instituciones estatales en instrumentos de justificación “legal” de abusos y ambiciones de poder, los cambios en el poder electoral “que no cambian nada”, el entredicho de la legitimidad de los procesos electorales y del respeto a la voluntad del pueblo, etc. Y denuncia también a las mafias madereras que depredan los recursos forestales y asuelan “las pocas reservas verdes que nos quedan”.
Pero no está ausente en la carta pastoral de monseñor Solórzano, la crítica a la oposición que “se debate en luchas internas y descalificaciones recíprocas, que no tienen su origen precisamente en motivaciones democráticas”; a los partidos opositores que “no han logrado interpretar el sentir de la población, no renuevan sus líderes y no ofrecen estrategias políticas alternativas claras que conduzcan a la elaboración de un proyecto de nación”.
Que Daniel Ortega no responda a los planteamientos de los obispos es entendible, pues su soberbia personal y la arrogancia del poder absolutista que detenta y ejerce no se lo permiten. Pero la oposición democrática es diferente y por lo tanto debe responder a la interpelación del obispo de Granada y de la Conferencia Episcopal, que sin duda recoge y expresa un extendido sentimiento nacional.
Aunque muchos no lo reconozcan, en la oposición hay un sector verdaderamente democrático, sano y alternativo a la dictadura orteguista. Y es muy negativa para la lucha por la democracia que se debe reinstaurar en Nicaragua, la creencia en que no existe una verdadera oposición, que no hay nadie en quien confiar, que quienes protestan en la calle son solo unos cuantos gatos que hacen el ridículo y que, por lo consiguiente, da lo mismo seguir viviendo bajo la dictadura orteguista.