El pueblo de Bolivia rechazó en el referendo del domingo pasado, la reforma constitucional que le permitiría al presidente Evo Morales reelegirse por tercera vez. Este resultado no ha sido una sorpresa, pues desde que Morales anunció su intención de reformar la Constitución para reelegirse de nuevo en 2020, las encuestas indicaron que más del cincuenta por ciento podría votar por el no en una consulta popular.
Evo Morales fue elegido por primera vez a la Presidencia de Bolivia, en diciembre de 2005, con el 54 por ciento de los votos. Después reformó la Constitución para poder reelegirse y en las elecciones de diciembre de 2009 se impuso con el 64 por ciento de los sufragios. Y se reeligió por segunda vez en octubre de 2014, con el 61 por ciento de los votos, para un tercer mandato presidencial que terminará el 22 de enero de 2020.
Pero la avidez de poder de los caudillos populistas que han tomado el poder en América Latina, es insaciable. Morales quiere seguir gobernando después que termine su mandato actual y para eso ha promovido la reforma constitucional que la mayoría de los bolivianos rechazó en el referendo. Ahora la expectativa es si el gobernante boliviano acatará la voluntad del pueblo expresada en las urnas electorales, o la burlará de alguna manera para seguir ejerciendo el poder después de 2020.
Las dos veces que Evo Morales logró reelegirse lo hizo en elecciones limpias, en el sentido de que el resultado de las votaciones no fue manipulado. Aunque Morales utiliza abusivamente los recursos del Estado en sus campañas electorales y la oposición ha sido amedrentada y dividida por el poder, el resultado de las votaciones no ha sido alterado fraudulentamente, como se hace en Nicaragua.
Durante la campaña para el referendo del domingo pasado, el líder de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos, Feliciano Vegamonte, quien es uno de los principales apoyos de Evo Morales, amenazó con que la Constitución se cambiará “por las buenas o por las malas” para que el presidente populista se pueda volver a reelegir. Y antes del referendo se conoció que un ministro boliviano había orientado que se debía respetar el resultado donde la votación por el no fuese muy amplia, pero donde fuera cerrada había que modificarlo en favor del sí. No obstante, el propio presidente Evo Morales declaró antes del referendo que este sería limpio y que acataría su resultado aunque le fuese desfavorable.
En cualquier caso, el rechazo del pueblo democrático boliviano a otra reelección de Evo Morales alienta y fortalece la lucha por la democracia en todos los otros países latinoamericanos donde también hay regímenes populistas autoritarios, como es el caso de Nicaragua.
En América Latina, la reelección indefinida y el continuismo en el poder de una sola persona es una característica de la dictadura. Una democracia robusta y dinámica requiere de la alternabilidad en el poder y si hay reelección no debe ser en períodos consecutivos ni por más de dos mandatos. Así era en Nicaragua antes de que Daniel Ortega atropellara la Constitución para poder reelegirse cuantas veces quiera y así tendrá que ser de nuevo, cuando se restablezca la democracia.