Secuelas de guerra
Ramón Maldonado García

Cómo están destruyendo la tierra

Ya casi han terminado con el medioambiente. Ahora continúan con la especie humana y animal.

Si en los siglos pasados quedaron secuelas de la Primera y Segunda Guerra Mundial, y otras de menor intensidad. Hoy en el siglo XXI, los que hablan de gobiernos que mejorarán las condiciones del género humano, son los causantes del calentamiento global, la rotura de la capa de ozono, del smog ambiental, de los incendios forestales en Estados Unidos (EE.UU.), Australia, España y otras partes del planeta Tierra.

Los que se reúnen en foros internacionales diciendo que mejorarán la economía, salud, educación y fuentes de trabajo, son los que están causando el terror, horror, epidemias, migración y conflictos bélicos en Medio Oriente, Yemen y otros lugares de nuestro planeta.

Son los mismos que toleran y hasta conviven con el narcotráfico. Los que dicen luchar contra el hambre, son los culpables de la desnutrición e inanición de seres humanos, como está sucediendo en Siria, Irak, sectores de África y otros países.

En muchas partes del mundo, la lucha por el poder es financiada por instituciones con aportes corruptos. Y lo más lamentable es que a los gobernantes no les importa la pobreza, el desempleo, las enfermedades, el índice de prostitución y otras expresiones que están diezmando a la humanidad.

Resulta paradójico, y hasta ridículo, hablar de paz si por otro lado se promueve el belicismo con la venta de armas. Hablan de educación y hacen negocio en las instituciones de enseñanza, sin buenos programas educativos.

Los que están contribuyendo a la destrucción de este planeta, en los foros que hacen con frecuencia, se esmeran hablando de transparencia y honestidad, cuando en su entorno el nepotismo les carcome, con el consiguiente beneficio para sus allegados e incondicionales seguidores.

Políticos sumisos de larga trayectoria, empresarios oportunistas y beneficiarios de los gobiernos de turno, ministros religiosos que actúan más como políticos que como servidores de su religión, y un sinnúmero de ciudadanos que solo buscan su comodidad, son grandes contribuyentes a que sus pueblos vayan cuesta abajo y de rodada.

Lo estamos viendo en España, México, EE.UU., Venezuela y otras naciones que están envueltas en conflictos de poderes, partidarios, pre y poselectorales, económicos, étnicos y religiosos, y de otras índoles, en la lucha por mantenerse o alcanzar el poder.

Esos señores y señoras de lujosos trajes que muestran en las reuniones en diferentes países, prometen ayudar a los más necesitados, a los que huyen de la infernal guerra en Medio Oriente y otras regiones, pero al final no cumplen sus promesas.

Mientras, en el inicio de este año centenares de centroamericanos están siendo deportados de EE.UU., y los que tratan de alcanzar el imperio del norte, están sufriendo miles de calamidades.

¿Quiénes son los responsables de este éxodo, de esta crisis migratoria, de las muertes que han ocurrido en estas guerras y por la huida de sus países de origen?

Los gobernantes que controlan la libertad de expresión y otras libertades a los que no están de acuerdo con sus programas de gobierno ni su ideología partidaria o religiosa. Ellos deben entender que más vale la flexibilidad y tolerancia, sin perder la autoridad y respeto, que proceder con la violencia en cualquier forma.

Pero una tolerancia excesiva y discursos repetitivos, con lágrimas que deslizan sobre las mejillas, no van a resucitar a las víctimas del terror en ciudades como Colorado, Boston y otros estados de la Unión Americana.

Los futuros gobernantes que aún les queda un átomo de sensibilidad por estas víctimas, deberían reflexionar y gobernar cumpliendo con las leyes y mandato de las constituciones de sus países, apartando acuerdos o pactos onerosos para mantenerse en el poder, o alcanzarlo.

El autor es médico.
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