Alejandro Ayón L.

Navidad en los hospitales

En esta época que muchos celebramos en el mundo la llegada del Niño Dios, recuerdo con especial cariño algunos momentos de mi vida, ligado a especiales personas, muchas de ellas que ya no están. Como no recordar las Navidades de mi niñez, todas únicas y especiales; una triste y confusa, la que nos tocó vivir a todos los nicaragüenses en 1972 después del terremoto de Managua, a mis 12 años de edad estaba claro que algo pasaba, pero desconocía la magnitud de esta lamentable tragedia, ese año no hubo Navidad.

Recuerdo en Navidad especialmente a mi abuelo Gustavo Aguilar, llevando cajas de triquitraques para que los niños tiráramos, todavía hoy día mis amigos del barrio de aquel entonces como Pedro y Federico Solórzano, Cesar Saborío y otros recuerdan esos momentos en el que había una visión diferente a la actual, donde la educación sobre la prevención de las quemaduras evita que niños jueguen con pólvora. Jugábamos hasta las 12:00 de la media noche, hora en que cenábamos. Continúe esa tradición por muchos años, hasta que los estudios de medicina me hicieron realizar que era probable no celebrar el 24 en la casa, pero sí en un hospital y fue así que en 1983, por primera vez en mi vida a la edad de 23 años, celebré mi primera Navidad en un hospital donde hacía mi rotación de Gineco-obstetricia de mi internado, en el Hospital Max-Peralta de Cartago.

La Navidad en los hospitales es totalmente diferente, las enfermedades no consideran las fechas, tampoco los accidentes, ni los nacimientos, por lo tanto las actividades en los hospitales continúan durante todo el día y la noche y puede ser que se tenga un espacio para celebrar esa fecha o al menos recordar lo importante de ese día, pero igual puede que no. Siempre recordaré especialmente esas épocas en los hospitales públicos tanto en Costa Rica como en Nicaragua, esas navidades en los hospitales donde las condiciones económicas de las personas limitan cualquier celebración.

En el Hospital Nacional de Niños, “Dr. Carlos Sáenz Herrera”, donde pasé cinco navidades de mi vida, la celebración mas importante era la iluminación del árbol de Navidad con mas de 30 mil luces, en el Hospital Infantil “La Mascota” durante 10 años celebramos en el Departamento de Cirugía las navidades con los pacientes que ahí se encontraban, recibiendo el apoyo de varias empresas amigas que nos daban regalos para los niños, también recibíamos la Caravana de la Alegría de Aproquen, que llegaba al Hospital Infantil a repartir regalos y dulces a todos los niños y repartir sonrisas con sus payasos.

Ahora quiero dedicar las últimas líneas de este artículo a ese grupo de personas especiales que cuidan de los pacientes a todas horas en cualquier día, el personal de enfermería, como escribí en un artículo de La Prensa hace muchos años: “En estos días de reflexión siento nostalgia por todas esas excepcionales personas que fueron madre, hermana y amigas en los momentos mas difíciles de la formación y desarrollo inicial del médico, siento nostalgia por la enfermera nicaragüense que además de hacerle frente a las dificultades profesionales diarias, por las grandes limitaciones en que labora, tiene que sobrevivir con el escaso salario que gana. Pero a esa nostalgia se antepone un sentimiento profundo de respeto y admiración por aquellas mujeres y hombres que un día en contra de múltiples dificultades decidieron entregar sus vidas al servicio del prójimo”.

Sean todos estos pensamientos, un homenaje público a todos aquellos que trabajan en los hospitales, y que esta Navidad como muchas otras, estarán ahí cuidando del prójimo. Para ellos, mi deseo que el Niño Dios que está por nacer los colme de bendiciones por tanto amor, entrega, empeño y sacrificio.

El autor es cirujano Pediatra.
Twitter: @DrAayon

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