En primer lugar debe quedar claro que existe una diferencia diametral entre el Partido Liberal, que ganó las elecciones federales en Canadá, y los partidos liberales en América Latina, muy especialmente el Partido Liberal en Nicaragua. Fundamentalmente estoy hablando del concepto teórico y práctico de la auténtica filosofía que debe sustentar a un verdadero Partido Liberal, basado en los principios establecidos por la corriente filosófica del liberalismo. Y permítanme citar a manera de ejemplo lo siguiente:
y la tolerancia en las relaciones humanas promoviendo las libertades civiles y se opone a cualquier tipo de despotismo y constituye el fundamento del Estado de derecho, la democracia participativa y la división de poderes completamente independientes.
Basado en lo expresado anteriormente, podemos decir que posiblemente ningún partido que se llame liberal en América Latina cumple con todos los enunciados y principios indicados, que son la esencia del liberalismo, como una de las corrientes filosóficas más destacadas y estudiadas en la historia de la filosofía y su impacto en las sociedades de ayer y de hoy especialmente en el mundo moderno.
Otro aspecto interesante de comentar en el caso de estas elecciones en Canadá es que desde que se inició la campaña, el partido Conservador que ya había pasado dos períodos en el poder, arrancó con el por ciento más elevado en la intención de votos y se daba por descontado que ninguno de los tres principales partidos contendientes, Liberal, Conservador y Nuevos Demócratas, sería capaz de ganar un gobierno mayoritario nuevamente, como ocurrió en las elecciones anteriores con el Partido Conservador. Pero lo que ocurrió en las últimas dos semanas de la campaña fue que el Partido Liberal logró llevar el mensaje sobre su agenda y programa de gobierno fundamentalmente dirigido al fortalecimiento de una clase media debilitada por una economía golpeada por la baja del petróleo y la pérdida de empleos en el sector manufacturero principalmente.
Otro de los puntos que disparó el voto liberal fue la propuesta de un plan para facilitar la reunificación de las familias de los inmigrantes acelerando el proceso y los trámites migratorios requeridos para que esto se haga una realidad. Y fue así que los liberales con su líder Justin Trudeau a la cabeza sorprendieron a los otros partidos contendientes adjudicándose la gloriosa victoria de un gobierno mayoritario.
La moraleja de estas elecciones es que algunas personas creen que un sistema político como el de Canadá, que es una monarquía parlamentaria, no es un sistema justo por la palabra monarquía. Pero esta nada tiene que ver con los reyes absolutistas que existieron en el pasado, pues el poder real está en el Parlamento donde cada líder, incluido el primer Ministro al frente de lo que podríamos decir su bancada, discute propuestas de gobierno que afectan la vida nacional y son votadas, rechazadas o aprobadas.
Y cada miembro del Parlamento es electo por el voto directo de los habitantes del lugar donde residen y tienen la obligación de mantener informados a sus votantes, para lo cual tienen derecho a montar una modesta oficina con fondos asignados por el Gobierno federal para tal fin.
El autor es analista Político.
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