Un pequeño, pero significativo libro —diría, más bien, un librito de formato reducido— es Minificciones de Nicaragua/Brevísima antología (Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2004). Se trata de una publicación pionera a nivel centroamericano
Constando de 159 páginas, seleccioné en ellas 55 piezas de 37 autores, en este orden: Rubén Darío, Apolonio Palacios, José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos, Enrique Fernández Morales, Juan Aburto, Ernesto Mejía Sánchez, Mario Cajina Vega, Henry Rivas, Sergio Ramírez, Hebert Ramírez, Luis Rocha, Francisco Valle, Orlando Pastora, Jorge Eduardo Arellano, Félix Navarrete, Carlos Alemán Ocampo, Octavio Robleto, Michèle Najlis, Julio Valle-Castillo, Félix Javier Navarrete, Álvaro Gutiérrez, Alejandro Bravo, Pedro Xavier Solís, Edmundo Mendieta, Róger Mendieta Alfaro, Francisco Arellano Oviedo, Mario Urtecho, Nicasio Urbina, Omar d’León, Guillermo Menocal, Róger Fischer, Edgard Escobar Barba, Juan Sobalvarro y Carlos Tünnermann Bernheim.
Como se ve, la mayoría de los elegidos no eran narradores consagrados ni cultivaban en el relato y el cuento corto, pero sus introducciones merecían figurar en esa compilación de textos breves, precedidos de un extenso y minucioso estudio del suscrito. Desde luego, la antología se remontaba a las transposiciones pictóricas, o prosemas, de la sección En Chile del renovador Azul… (1888), breviario inaugural del Modernismo y a las ficciones neopaganas de Rubén Darío, como Febea (publicada en 1891), el cual por su calidad precursora inicia las Minificciones de Nicaragua por su calidad precursora.
RAMÍREZ Y ABURTO
En el mismo estudio valoré los aportes de los principales narradores incluidos, entre ellos, Mario Cajina Vega y Sergio Ramírez, autor de la primera colección unitaria de narraciones breves escrita por un nicaragüense: De tropeles y tropelías (1972), merecedor del Premio Internacional de Cuentos convocado por la revista Imagen de Caracas el año anterior. Capacidad fabularia e inventiva —sumada a un ejercicio maestro de la ironía— caracterizan este cuentario. Pero el fundador de la minificción en Nicaragua fue Juan Aburto (1918-1998), con El convivio (también de 1972): 17 invenciones breves (no más de cien palabras), algunas difundidas en El Cuento, revista especializada en relatos ultracortos y dirigida por el mexicano Edmundo Valadés, que circulaba ampliamente en Nicaragua.
Najlis y Ars combinatoria
Por su parte, Michèle Najlis era la única narradora incluida en Minificciones de Nicaragua con una pieza representativa (Diógenes), perteneciente a Ars combinatoria (1988), primera obra feminista de la literatura nicaragüense. Sus temas eran el desencanto de la revolución, del amor, de la educación; y su propia autora lo concibió como “un descubrimiento de la identidad femenina: no jubiloso, sino lleno de dolor”. He aquí el texto citado: Diógenes pasó los largos años que duró su mísera existencia metido dentro de un tonel, buscando un hombre. En el instante preciso de su agonía, reunió con gran dificultad las últimas fuerzas que le quedaban, y alzó nuevamente su lámpara; por primera vez, los ojos del filósofo contemplaron un rostro verdaderamente humano: el de una mujer.
DOS RECEPCIONES: EN EE. UU. Y ESPAÑA
En cuanto a las recepciones de la brevísima antología en cuestión, fueron casi nulas como es costumbre en la Nicaragua natal. Solo Francisco Valle se ocupó de ella en Nuevo Amanecer Cultural (9 de abril, 2005). Pero en el extranjero sí fue reseñada como merecía, tanto en la revista Baquiana, de Miami (núm. 33-34, 2005) como en RILCE/Revista de Filología de la Universidad de Navarra (núm. 21, 2005). En la primera, además de glosar la parte esencial del Prólogo, se afirmó: “De acuerdo con la brevedad extrema, o ultracorta del género, el compilador decidió darle un formato correspondiente en dimensiones. Por tanto, el tamaño del libro es tan pequeño como el de un devocionario, lo cual lo convierte en una delicia para la lectura del mismo que pueden llevarlo consigo prácticamente a todos lados”.
Y en la segunda, escrita por el austríaco Kurt Spang, se leía: “Para ofrecer una muestra de ‘minificciones’ la forma de publicación que escogió el editor casi se impone, no podía ser otra que una ‘brevísima antología’ en un miniformato de 8 x 12 centímetros. Así estas narraciones mínimas encuentran su vivienda apropiada. /El editor, Jorge Eduardo Arellano, presenta la selección con un documentado prólogo en el que pasa revista a nombres y obras de los cultivadores nicaragüenses del cuento brevísimo desde Rubén Darío hasta los testimonios más recientes de Fernando Silva en Otros cuentos más de 2004. /Probablemente tenga mucha razón Lauro Zavala al atribuir el nacimiento del minicuento a circunstancias sociológicas como ‘la falta de tiempo para leer textos extensos, el ritmo urgente de la vida urbana y la saturación informativa que torna deseable lo mínimo y esencial’ (18-19). Añade el antologista que además destacan ‘la voluntad de estilo, la fertilidad imaginativa y el despliegue de cultura’ (19)”.
Y concluye la reseña de Rilzer: “Quizá habría que mencionar también que la necesidad de extrema síntesis exige que el planteamiento del también miniconflicto de estas narraciones deba realizarse siempre saltando medias res, llevando a un rápido desenlace que a su vez suele resultar inesperado y sorpresivo, a veces incluso enigmático. Los autores de minicuentos se inclinan preferentemente hacia lo onírico y las configuraciones de los acontecimientos al estilo de las que acostumbramos encontrar en el realismo mágico. Normalmente se crea una expectación y una tensión que van in crescendo para abocar en una solución insospechada y desconcertante. La temática surgida a menudo de las circunstancias sociales da testimonio de la cercanía de los autores a políticas del día a día. /Un librito sugerente y muy ilustrativo para el lector y el estudioso deseoso de informarse y disfrutar de la producción de narraciones brevísimas en Nicaragua”.
UNA REPRODUCCIÓN EN TOULOUSE, FRANCIA
Dos años después, la parte medular del prólogo de Minificciones de Nicaragua, y siete de sus piezas, fueron reproducidas en la revista L’Ordinaire Latino-Americaine [Toulouse], núm. 206, 2007, pp. 197-206, a saber: Una gran conversión, de José Coronel Urtecho; Michin, de Pablo Antonio Cuadra; El hombre y la manzana, de Joaquín Pasos; El general, de Mario Cajina Vega; Tribus de los prestanalgas, de Omar d’León; El disimulo, de Félix Navarrete (1943-1982) y A veces en la madrugada, de Álvaro Urtecho. Al mismo tiempo, Humberto López Morales calificó esta antología de “hermoso librito de bolsillo” y de “pieza bibliográfica única, sin precedente en Centroamérica” (Asociación de Academias de la Lengua Española: Vida académica 2003-2006. Madrid, 2007, p. 71).
Finalmente, vale la pena concluir estas líneas con la transcripción de sus piezas más condensadas. Una tiene de autor a Róger Fischer y se titula Platinum: Eulalia era mi novia. Liviana, superficial, plástica… Tan plástica que en un eclipse de luna, se volvió Tarjeta de Crédito. Y la otra de Álvaro Gutiérrez, a quien se le debe un logro de máxima brevedad en El cuento más largo del mundo: El mono bajó del árbol y se irguió para talarlo.