De acuerdo con la teoría del derecho constitucional, “una Constitución auténtica muestra la voluntad de regirse un pueblo como Estado de Derecho y su vocación de aceptar normas condignas con la cultura, la libertad y el deber social de los tiempos”. Así lo indica el maestro jurídico Guillermo Cabanellas en su indispensable Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual.
Como consecuencia de ese principio fundamental, la Constitución es la ley suprema que determina el sistema de gobierno, consagra los derechos y las libertades individuales y colectivas, fija los límites y las relaciones entre los poderes del Estado, y establece la organización, distribución y funcionamiento de los órganos de gobierno.
Si el maestro Cabanellas habla de “Constitución auténtica”, es porque hay constituciones que no lo son, pues para tener autenticidad la Constitución tiene que fundarse en los principios y valores de la libertad y la democracia, los que además deben ser respetados ante por la autoridad constituida. Los Estados totalitarios (como Corea del Norte, China comunista y Cuba) tienen sus constituciones, pero no son auténticas porque no garantizan las libertades y derechos de las personas, ni reconocen principios básicos de la democracia como la separación de poderes, la independencia de la justicia y la supremacía de la ley. Y aunque esas constituciones de los Estados totalitarios y autoritarios reconozcan en el papel derechos básicos de los ciudadanos, no los acatan y más bien los atropellan de manera flagrante y sistemática.
El Estado orteguista no llega a totalitario, es un sistema híbrido de democracia con autoritarismo, según la calificación de los organismos internacionales que estudian la democracia en el mundo. Pero los principios y normas democráticas de valor universal que están establecidos en la Constitución de Nicaragua, son ignorados y atropellados aquí igual que en cualquier Estado plenamente autoritario.
Precisamente con motivo de que hoy es Día de la Constitución de Nicaragua, instituido mediante ley aprobada por la Asamblea Nacional y la presidenta Violeta Barrios de Chamorro en septiembre de 1995, el no gubernamental Grupo Projusticia informa que en el período de septiembre de 2014 a septiembre del presente año se cometieron al menos 14 violaciones graves a la Constitución. Al respecto, en la presente edición de LA PRENSA se publica un artículo del profesor de derecho constitucional, José Antonio Moreno, director ejecutivo del Grupo Projusticia, en el que detalla cuáles son esas graves violaciones constitucionales.
El régimen orteguista no reconoce el Día de la Constitución y mucho menos que lo celebre oficialmente, como manda la ley correspondiente, con actividades de educación cívica y democrática en las escuelas e institutos del país. Pero no es solo por mezquindad política que no lo reconoce, sino también porque no es un gobierno democrático respetuoso del sistema constitucionalista.
Daniel Ortega está en el poder precisamente porque impuso su reelección violando la prohibición constitucional. Y gobierna ignorando todo lo que en la Constitución se opone a su proyecto de poder absoluto y perpetuo.
El Día de la Constitución de Nicaragua debería ser celebrado por todos los sectores democráticos, pero lamentablemente no lo hacen, solo el Grupo Projusticia.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A