Al parecer, el régimen orteguista ha modificado su táctica de enfrentamiento contra los ciudadanos que, pacíficamente y en ejercicio de sus derechos políticos, reclaman todos los miércoles en la vía pública que las elecciones del próximo año sean libres y limpias.
Ayer miércoles, en Managua, el régimen no solo volvió a desplegar su poderoso aparato policial para intimidar a los ciudadanos que se reúnen cada semana en las inmediaciones del Consejo Supremo Electoral a fin de plantear sus protestas y demandas. En esta ocasión el régimen mandó también una pandilla de partidarios que supuestamente llegaban a manifestarse en defensa del Consejo Supremo Electoral (CSE), pero iban armados con pistolas y garrotes, sin duda que para provocar y agredir a los manifestantes en caso de que así se los ordenaran.
Los vídeos y fotografías que se difundieron de lo ocurrido este miércoles en los alrededores del CSE, fueron más que evidentes al mostrar las imágenes de uno de los matones o sicarios del régimen, cuando disparaba una pistola contra los ciudadanos que participaban en la protesta o circulaban en los alrededores. Gracias a Dios el pistolero no mató a nadie, tal vez porque no quiso disparar a matar y solo quería aterrorizar a la gente circundante. Pero en todo caso el hecho fue un flagrante delito cometido ante las narices de los mismos policías, inclusive uno de sus jefes, que como suele suceder en estos casos no quisieron enterarse del hecho criminal ni hicieron ningún esfuerzo para detener al forajido.
Hay quienes suponen que la llevada de matones para intimidar o atacar a los ciudadanos libres que de manera cívica demandan elecciones limpias, se debe a la molestia que causó al régimen la demostración bufa que hubo durante la protesta de la semana pasada, cuando una muchacha imitó el aspecto físico, la vestimenta, los gestos y el vocabulario de la compañera de Daniel Ortega, quien no oculta que es el poder tras el trono en este infortunado país que ha sido convertido en una republiqueta familiar.
En realidad, es posible que esa haya sido la causa de que, por primera vez en las 21 semanas de protestas ante el Consejo Supremo Electoral, el régimen orteguista enviara matones o sicarios a amenazar, disuadir o agredir a los ciudadanos que reclaman por sus derechos. Pero también puede ser, como mencionamos arriba, un cambio de táctica del régimen para tratar de sofocar las protestas de los ciudadanos por medio de la acción criminal de matones o sicarios, en vez de pagar el costo político de tener que hacerlo por medio de la fuerza represiva institucional y oficial que es la policía.
Algunas personas piensan y dicen que de la misma manera que ocurrió cuando las dictaduras anteriores, a la violencia malvada del régimen orteguista hay que oponer la violencia justa de los ciudadanos que luchan por la libertad y la democracia. O sea que la agresión represiva del régimen hay que enfrentarla en el mismo terreno y con las mismas armas. Pero eso sería un grave error. Por la democracia se lucha con procedimientos democráticos. La fuerza y el potencial de victoria de la oposición cívica radica en la no violencia. Por el contrario, la debilidad de la dictadura y la certeza de su inevitable derrota está en su naturaleza violenta y su compulsión represiva.