Las relaciones entre Reino Unido e Irán han estado jalonadas de múltiples desencuentros, el último en noviembre de 2011 cuando un grupo de estudiantes islámicos asaltó la embajada británica en Teherán y cerraron ambas legaciones.
Esas relaciones han incluido el asalto a la embajada iraní en Londres en 1980, el caso del escritor anglo-indio Salman Rushdie o la detención de varios miembros de la Marina británica en Irán en 2007 acusados de entrar en aguas territoriales iraníes.
La embajada británica en Teherán se cerró por primera vez en 1979 a raíz de la Revolución Islámica y no fue hasta 1988 cuando Londres la reabrió. Sin embargo, solo un año después las relaciones quedaron a nivel de encargado de negocios tras la condena a muerte por parte de los ayatolás al escritor anglo-indio Salman Rushdie por su novela «Versos satánicos».
En 1998, ya con el laborista Tony Blair en el poder, los vínculos diplomáticos avanzaron al rango de embajador después de un compromiso por parte de Irán de retirar la condena a muerte a Rushdie, lo que supuso la normalización de las relaciones.
A esta situación se añadió el arresto -en marzo de 2007- de 15 miembros de la Marina británica en aguas del Golfo, lo que motivó otro incidente entre los dos países, si bien acabó con la liberación de los militares por orden del entonces presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, quien aseguró en rueda de prensa televisada que le hacía un «regalo» a Blair.
Las embajadas de ambos países fueron reabiertas en agosto de 2015, poco después del histórico acuerdo nuclear alcanzado por Irán y las potencias internacionales.