El primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, se ha visto obligado a renunciar y ha pedido que se convoque a elecciones anticipadas para el 20 de septiembre.
Tsipras aceptó las duras pero ineludibles condiciones del acuerdo de rescate financiero de Grecia, a pesar de que en la campaña electoral que lo llevó al poder, en enero de este año, prometió que no aceptaría ningún compromiso que obligara a reducir el gasto público y afectar los programas sociales. Al faltar a su compromiso electoral, Tsipras perdió el apoyo de una cuarta parte de los diputados de su partido y por tanto ya no podía seguir gobernando.
Pero según las encuestas más recientes, Tsipras sigue siendo el político más popular de Grecia y podría ganar las nuevas elecciones con el 33.6 por ciento de los votos. Este porcentaje no sería suficiente para gobernar en solitario, pero sí en coalición. Incluso se podría formar un gobierno de “cohabitación”, como se llama en Europa a los gobiernos formados por alianzas de la izquierda y la derecha. De esa manera se podría garantizar el cumplimiento del ajuste impuesto por los acreedores de Grecia, a cambio del tercer rescate financiero por más de noventa mil millones de dólares, ya que las condiciones de los dos rescates anteriores no fueron cumplidas.
Pero más allá de los problemas políticos de los griegos, lo sobresaliente y admirable es que Grecia sigue dando lecciones al mundo, como lo hiciera desde la antigüedad con su filosofía, su literatura heroica y trágica, su mitología, su arquitectura y sus instituciones políticas.
Los griegos antiguos enseñaron los principios y las reglas del buen gobierno, pero muchos políticos de todas partes del mundo, incluyendo a la misma Grecia como ha ocurrido en la actualidad, no los han querido aprender.
Se trata de enseñanzas sencillas, pero sabias, como por ejemplo la de que el gobierno no puede ni debe gastar más de lo que tiene y es capaz de producir.
Que la economía se rige por leyes objetivas que obligatoriamente se tienen que cumplir, so pena de pagar graves consecuencias y causar una catástrofe nacional.
Que no hay deuda que no se tenga que pagar y por lo tanto solo se debe contraer obligaciones que de manera responsable se puedan cancelar.
Que en ninguna circunstancia, y mucho menos cuando se gobierna un país, se debe confundir el deseo con la realidad y la intención con la posibilidad real.
Que las personas, igual que los partidos políticos y los gobiernos, solo se deben plantear objetivos que puedan alcanzar y asumir compromisos que tengan la capacidad de cumplir; y que se debe honrar la palabra empeñada.
Que la desmesura en el ejercicio del poder causa daños catastróficos a la sociedad y termina castigando a las mismas personas que abusan de sus potestades.
Hay muchas otras enseñanzas sencillas, que si todos los gobernantes las estudiaran y aprovecharan la gente no sufriría los estragos que ellos provocan con su desmesura.
Lamentablemente, por lo general no se aprende de la enseñanza y la experiencia ajena. Y quienes sí tratan de aprovecharlas no son los que detentan el poder.
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