A partir de hoy está en vigencia el Código de la Familia, que sin duda contiene algunos aspectos positivos pero también ambigüedades y en particular la amenaza de control estatal y manipulación política de la institución familiar.
Del Código de la Familia se han hecho diversos comentarios y análisis, en su mayoría favorables, por los recursos que el Gobierno de Nicaragua y algunos organismos internacionales interesados en el tema, han aportado generosamente para su promoción publicitaria Lo que ha hecho falta es comentarios independientes y críticos, que permitirían tener una visión más clara del propósito que persigue el Gobierno, el partido oficialista y el caudillo autoritario que controla todos los poderes del Estado, con esta Ley que podría impactar en el tejido de la organización familiar seguramente más para mal que para bien.
La Iglesia católica, que por su naturaleza y misión tiene a la familia en el centro de sus preocupaciones pastorales, advirtió con tiempo sobre las amenazas que entraña un código familiar aprobado sin la debida participación de toda la sociedad, ante todo las mismas familias nicaragüenses que deben ser el sujeto y no solo el objeto de esta Ley.
En la carta que le entregaron personalmente a Daniel Ortega, el 21 de mayo del año pasado, los obispos expresaron la gran inquietud que les causa el Código de la Familia, que para esa fecha aún no había sido aprobado por la Asamblea Nacional.
“Es motivo de mucha preocupación para nosotros —expresaron los obispos en la carta a Daniel Ortega— el llamado Código de la Familia, el cual creemos que amerita ser discutido con más profundidad por los diversos sectores de la sociedad, y enriquecido y liberado de posibles ambigüedades”.
Todavía más directamente, los obispos señalaron en ese documento que les preocupa “muchísimo que no se respete el derecho de las familias a su intimidad y a su libertad de conciencia Por eso pedimos que quede suficientemente claro el límite de los llamados Gabinetes de la Familia y se evite su indebida injerencia en la vida de nuestras familias. Nos consta que en algunos casos llegan a fiscalizar la vida ajena y a inmiscuirse en la privacidad del hogar ”
Pero la petición de los obispos de que se discutiera con más detenimiento y profundidad el Código de la Familia, no fue atendida por el dictador. Apenas 33 días después, el Código fue aprobado por la Asamblea Nacional, Daniel Ortega lo sancionó dos meses más adelante y a partir de hoy entra en vigor, 180 días después de su publicación en La Gaceta, Diario Oficial, el 8 de octubre de 2014.
En un sistema democrático de gobierno, la aprobación de una ley sobre la familia no necesariamente tiene que ser motivo de preocupación. Pero bajo un régimen dictatorial y, peor aún, de orientación totalitaria como es el orteguista, una legislación para regular las relaciones familiares es un instrumento legal para controlar política e ideológicamente a las familias. Y por lo tanto tiene que ser rechazada, cuestionada, impugnada, o al menos recibida con desconfianza. Los obispos ya lo habían advertido.
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