Amelia Barahona C.

Entre caos y civismo

La multitud de accidentes mortales en nuestras vías es una preocupación ciudadana. Todos estamos expuestos a sufrir por la temeridad de conductores que se comportan como verdaderos salvajes irrespetando leyes, peatones y todo lo que se mueva.

Tanto organismos de la sociedad civil como la Policía buscan explicar las razones de este fenómeno que afecta no solo las vidas de familias enteras sino que también tiene un impacto directo a la economía del país, el sistema de salud, etc.
Recientes entrevistas apuntan a la falta de Educación Vial como una de las causas más obvias. Irrespeto a las leyes y señales de tránsito por parte de conductores y peatones, irresponsabilidad y temeridad en la conducción son la norma diaria, generando un caos vial que resulta en accidentes de todo tipo, muchas veces a la vista y paciencia de agentes de Tránsito cuya única función, aparentemente, es emboscar a los conductores para aplicar multas a granel.

Se ha generalizado la ominosa práctica del pago de mordidas para evitar el retiro de la licencia, fomentando una corrupción rampante e impune; los propios agentes de Policía no cumplen con las normativas como el uso obligatorio del casco en las motos; se da por sentado que los buses, taxis y especialmente motos se salten el semáforo en rojo, con los consecuentes riesgos para los demás conductores, sin que los agentes de tránsito apliquen las sanciones correspondientes. Es el reino total y absoluto de la ley de la selva, la del más fuerte. Y aquí es el punto al que quiero llegar.

En mi opinión, en todo este caos subyace la cultura del “macho”, del “arriesgado y atrevido”, del “vivo”. Saltarse el semáforo en rojo es una muestra de valentía para el conductor de turno que alardea con los amigos sobre su hazaña, o muestra su hombría ante su novia. Avanzar zigzagueando entre el denso tráfico y los embotellamientos es una muestra de lo que es capaz un “verdadero macho” a bordo de una moto. Lucir el casco como brazalete o como casquete demuestra su valor y su poco apego a la vida, aunque a la hora en que ocurre el accidente con sus fatídicas consecuencias llore lágrimas de sangre, o lamentablemente pierda la vida.

El abuso generalizado del licor se encuentra también presente en la mayoría de los accidentes, especialmente los de fin de semana. Ningún “hombre” que se precie dejará que otro conduzca, aunque él no pueda tenerse en pie.
Las estadísticas muestran que la mayor parte de los accidentes involucran jóvenes entre 25 y 35 años, casi todos varones.

La poca educación general, el yo—que—pierdo nacional, la impunidad rampante, la indisciplina de que se hace gala en cuantas actividades realizamos, aunadas a un machismo que no hace sino crecer especialmente entre los más jóvenes, son un cóctel de imprevisibles consecuencias que nada bueno pueden traer al país.

El incremento del parque vehicular no ha tenido, especialmente por parte de las autoridades, una correspondencia responsable en forma de Educación Vial obligatoria, mejora en la señalización de las vías, incremento de espacios de circulación y estacionamiento, campañas de concientización sobre el respeto al peatón, creación y mejoras de áreas de circulación para estos, etc. Incrementar las multas como medida fundamental no conlleva ni educación vial ni respeto por las leyes; lo único que genera es más corrupción y abusos. Se necesitan campañas intensivas de prevención, cursos de alfabetización vial, aplicación igualitaria y transparente de la ley, una Policía proba y educada, no corruptible, que recupere la confianza y el respeto de la ciudadanía.

La Educación integral, igualitaria y de calidad, es el instrumento que marcará la diferencia entre caos y civismo.

La autora es arquitecta.
[email protected]

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 11 años

    Porque son los mismos!

  2. Mari
    Hace 11 años

    Manejar, más que un privilegio o una necesidad -en un país con un sistema de transporte público precario e inseguro y donde la ley de la selva impera- es una responsabilidad! Como bien dice Amelia, la educación es clave y la sociedad civil debería ser el motor que impulse este tipo de temática para que la gente deje de morir por conducir ebrios, por hacer carreras, por no usar el puente peatonal y los conductores dejen de acelerar cuando ven un peatón cruzando para “asustarlos por imprudentes”.

  3. Joaquin
    Hace 11 años

    Sra Vidaluz compre loteria.
    le aseguro que con su suerte se llevara el mayor
    la felicito por su persistencia y su suerte
    esos casos no se ven a diario (un final feliz)si no preguntele a Don Milton Arcia

  4. Vidaluz Meneses
    Hace 11 años

    No quiero dejar incompleto el caso de mi accidente. Sometí mi caso a Asuntos internos de la PN, escribí a la Primera Comisionada, al Fiscal Centeno, le di seguimiento con abogada durante un año, pedí apoyo del Cenidh, hasta que logramos que se me hiciera justicia. Considero excelente profesional al Jefe Nacional de tránsito, Roberto González Kraudy, a la oficial Dora Luz Soza García de Asuntos Internos.

  5. Vidaluz Meneses
    Hace 11 años

    Gracias por tu artículo Amelia. Como sabés, el 19 de julio del 2013, el chofer de una empresa se pasó la la luz roja en la esquina del Pharaos, me chocó del lado que yo manejaba, me aventó al otro lado, me hizo girar y chocar atrás con el poste del semáforo que no respetó. Me mandó con una costilla rota y contusiones graves al hospital, me desbarató el carro y además sobornó al policía que levantó el croquis y me declararon culpable sin tomarme declaración.

  6. Ivan Aguilar
    Hace 11 años

    D. Amelia : un buen mensaje para nuestro eficiente jefe de transito nacional que vive en otro mundo.Que no ve las realidades de trafico de este pais.No ve que no hay senalizaciones, las bicicletas carretas carretones caponeras vehiculos sin luces o reflectivos que de noche se ven en las carreteras y que ninguno de sus agentes ve.Que solo se mantienen donde uno comete un error para multar o morder.Policia PUNITIVA no preventive multar no evitara accidents educar y vigilar principalmente de noche

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