En la vida enfrentamos circunstancias que golpean lo más profundo de nuestra existencia. Cada uno tiene una historia que recoge momentos de ansiedad, llanto y desesperanza. Lo cierto es que aunque en la vida tenemos aflicciones, de nosotros depende cómo enfrentarlas.
Este es el caso de unas mujeres que desconsoladas, asustadas y sin esperanza estaban de duelo y no lograban conciliar el sueño. Su dolor era tan fuerte y profundo, como cuando alguien pierde al ser más querido. Era el primer día de la semana y se dispusieron a levantarse cuando todavía estaba oscuro. Salieron de la ciudad y se dirigieron hasta el sepulcro, pero para su sorpresa la tumba estaba vacía.
Las mujeres pensaron que el cuerpo había sido robado, pero un ángel se les apareció y despertó en ellas la más grande esperanza: “Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado ” Mateo 28:5,6.
El padecimiento de Jesucristo en la cruz no fue en vano. Siendo el Hijo de Dios, se dispuso a asumir nuestras culpas y las pagó en la cruz y su resurrección es la confirmación que su sacrificio, por amor a la humanidad, significó nuestra salvación. Por tanto, aquel dolor profundo que estaban experimentando las mujeres se convirtió en una inmensa esperanza. ¡Su Señor, su Rabí estaba vivo!
Los creyentes no estamos lejos de padecer sufrimientos y dificultades. Jesús mismo nos dice: “Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicciones; pero confíen, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33. Esta es la mayor esperanza y convicción de quienes creemos en Él: toda tribulación, peste o maldad, pasará, porque estamos con el Hombre que al final nos da la victoria.
En Cristo Resucitado experimentamos la misma victoria que apreciaron las mujeres esa madrugada del primer día de la semana. Después de su profundo dolor, se dieron cuenta que el Hombre del cual habían aprendido tanto, verdaderamente tenía palabras de vida eterna. Con Jesucristo en nuestra vida y teniendo presente el poder de su resurrección, tendremos la valentía, la fuerza y la paz para enfrentar y superar toda clase de sufrimientos, porque en su resurrección nos damos cuenta que Él es la roca firme que, en medio de vicisitudes, nos da fortaleza.
¡Jesús está vivo!, debemos apegarnos a esa verdad irrefutable. ¿Por qué desanimarnos? Si sabemos que llenará nuestra vida de gozo hasta la eternidad; de la misma manera que llevó esperanza a las mujeres, a los discípulos y todos los que creyeron en Él.
La resurrección de Jesús no puede verse como un acontecimiento histórico que en la actualidad no tiene relevancia, pues el poder de su resurrección está vigente y hoy tiene la fuerza para resucitarnos de cualquier sufrimiento o culpa que nos tenga muertos. En Cristo podemos resucitar a una nueva vida, a una nueva esperanza. No temamos más, todo en esta vida es efímero y pasará, lo que importa es saber que ¡Jesús está vivo! Y en Él mora la promesa de la victoria.
El autor es Presidente Asociación Cristiana Jesús está Vivo.
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