Se asegura que el entendimiento de la cúpula empresarial con el Gobierno, o asocio público privado como lo llaman, ha sido útil para los empresarios y positivo para la economía nacional.
No todos los empresarios se benefician directamente con esa relación y muchos no pueden resolver sus dificultades impuestas por la burocracia gubernamental, pero el provecho para el empresariado en general es evidente como lo justifica el liderazgo del Cosep mostrando cifras y resultados. Como decir que decenas de leyes de interés específico de los empresarios y de beneficio económico general han sido aprobadas por iniciativa del Cosep o gracias a su cooperación extraparlamentaria. Así lo señala a menudo el presidente de dicha organización gremial empresarial.
“Lo que estamos viendo como sector privado desde el año 2009 es un esquema de comunicación, de diálogo para el sector privado que durante cinco años consecutivos ha significado acuerdos salariales, que tengamos 68 leyes de consenso, que tengamos presencia pública-privada y que hoy tengamos una gran cantidad de acuerdos comerciales, diversificación de mercado y estabilidad macroeconómica”, dijo el presidente del Cosep, José Adán Aguerri, a la revista Confidencial , en septiembre del 2013.
Más recientemente, el lunes de esta semana, en una conferencia dictada ante la Cámara de Comercio Nicaragüense Americana (AmCham), Aguerri sentenció:
“No damos un cheque en blanco a los electos para que decidan qué leyes se aprueben, sin que nosotros podamos participar en ese esfuerzo de retroalimentar las leyes y más aún si son para el sector económico que es al final el motor de este país. Y eso es lo que hemos hecho, consensuar leyes y reglamentos. Hemos propuesto nuestras propias iniciativas de ley; hoy, leyes que están aprobadas en el país nacieron de propuestas de Cosep y sus organizaciones gremiales”.
Considerando los buenos resultados que el empresariado ha alcanzado en su interacción con el Gobierno, en algunos sectores se critica a los partidos políticos de oposición acusándolos de que no ha tenido inteligencia y visión para hacer lo mismo que los empresarios. Es decir, para establecer un mecanismo de diálogo con el Gobierno que permita discutir y resolver los temas políticos de la misma manera que se resuelven los económicos.
Pero no es lo mismo. A Daniel Ortega le interesa entenderse con la clase empresarial, sobre todo con el gran capital, y le conviene hacerle concesiones que le ayuden a mantener una macroeconomía sana y lograr un crecimiento económico positivo. Sin embargo a Ortega no le interesa hacer concesiones políticas a la oposición para reparar y fortalecer la institucionalidad democrática, que él mismo ha socavado para imponer y consolidar su proyecto de poder autoritario.
En cualquier democracia el diálogo político se realiza en la asamblea legislativa, donde la representación del Gobierno respeta a la oposición, toma en cuenta sus propuestas y aprueba las leyes por consenso. Lo cual no es el caso de Nicaragua, porque lo que interesa a Daniel Ortega es tener una oposición sometida y castrada. Y una oposición política verdadera, que se respeta a sí misma y quiere ser respetada, no puede estar dispuesta a jugar un papel tan despreciable como ese.
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