Las romerías del amor

Guillermo Rothschuh Villanueva

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Tus poros despedían un sabor extraño, mientras mi lengua viajaba hasta los confines del paraíso.
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Anoche volví a soñar que eras vos quien me llevaba tierna y confiada hasta los confines del universo.
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La luz de mi poesía bastará para iluminar esta noche en que plácidos haremos el amor bajo las acacias.
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¿Satisfecha? ¿Cumplí a cabalidad lo que me pediste? ¡No me digas! ¡Todavía quieres más! Eres insaciable. Un torbellino que no conoce reposo. Un aluvión en pleno verano.
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¡Dame un beso! ¡No! Mejor te doy dos a cambio de cinco de los míos.
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Me dijo ¡Pruébame! Me supo a fruta fresca. A poema recién acabado.
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Eros se muestra gozoso. ¿Se desvelará espiándonos? ¿Se sentirá feliz como lo estamos nosotros? ¿Será que desea ver las otras maneras que aún nos quedan de hacer el amor?
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Le pedí un beso y fue mía por completo. ¿Sabría que mi corazón era suyo desde la primera cita?
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¿Cuántos besos debo darte por cada uno de los tuyos? ¿Doce, quince? Esta desproporcionalidad me fascina. **
De esta manera puedo pasar besándote de manera infinita.
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Un viento embravecido quebró ventanas y desgajó cortinas, pero no pudo apagar las llamas de este amor desquiciado.
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Voy a saborearte poco a poco, sin ninguna prisa. Te auscultaré con parsimonia de médico ocioso. Me detendré ahí donde sienta tu cuerpo estremecerse. Me guiaré por tus tenues gemidos. Solo cuando escuche tu grito de leona herida me daré por satisfecho.
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Cultivo flores y rosas. Su perfume embriaga mi alcoba. Hay día que las prefiero blancas, hay otros que me atraen las negras. Me embelesan las morenas.
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Vos me hacés perder la noción del tiempo y el espacio. ¿Qué día es hoy? ¿Dónde estoy? ¡No! ¡No me lo digas por favor! Deseo continuar en este estado de gracia.
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Continúa escribiéndome que yo sabré descifrar tus mensajes en lo más oscuro de la noche.
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Con vos es que hablo. Te llamé para acurrucarte entre mis brazos y no volveré a hacerlo. Te gusta hacerte rogar pero te irrita cuando me llamas y me hago la desentendida.
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Las campanas repican jubilosas seguras de que responderás a mi tercer y último llamado.
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Le pedí me dejara beber de sus aguas y comer de sus carnes y me embrujó para siempre.
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Le dije ven. Más tardó en llegar que en irse.
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En lo más espeso de la noche me dijiste, no existen lugares, solo momentos. Escoge dónde y ahí me entregaré a vos.
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Anoche la luna nos brindó el mejor de los conciertos. Su estela fulgurante acarició nuestros cuerpos. Acostados sobre el césped continuamos amándonos como si no estuviese viéndonos.
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¡Cómo te emociona jugar a ser mi presa! Me pides anhelante que baje en picada, te estruje entre mis brazos y te coma a besos.
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Me encantaría escalar tus colinas, bajar hacia tus montes y abrevar en tus aguas.
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Entre el desconcierto de la noche y lo helado del amanecer, la turbulencia de las aguas y sus celos de reina, desoí los cantos provenientes desde la otra orilla del mar. ¿Quién es esa mujer que desesperada te llama? ¿Dónde qué no la escucho? Alcancé a responder.
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Me dijo dame un beso. ¿A cambio de qué? Solo dámelo. ¿Qué cuesta?
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En las profundidades de la laguna se convirtió en Sirena. Después me montó a su gusto. Para ella yo soy su Caballito de Mar.
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En el filo de la noche vi el destello de sus ojos y sus ansias de amarnos. ¿Cómo lo supiste? Lo advertí desde que cruzamos nuestras primeras miradas.
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Aligérate. Abrevia el paso. Camina más de prisa. Mi sangre hierve y mi corazón te espera. Por favor no te hagas rogar.
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Al borde del precipicio me tomó de la mano. Con pulso firme me condujo de nuevo al paraíso.
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No fue el primer beso ni la primera cita. Solo fue el roce de nuestros cuerpos cuando menos lo esperábamos.
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Su voz fue suficiente para despertar mis ansias de amor. La intensidad de sus besos me puso a sus pies.
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¡No claudiques! ¡Continúa intentándolo! Antes que caiga la noche reposarás en su pecho.
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Temeroso de su respuesta traté de tapar su boca con mi mano, bruscamente la apartó y me estampó un beso.
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¿Cuál es lo mejor que te ha ocurrido durante el año que agoniza? Encontrarme con vos en la vuelta de la esquina y sentir la embriaguez de tus besos apenas entraba la noche.
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Sumergido en tus aguas me sentí bendecido.
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Déjame quererte, me susurro al oído. No pido nada a cambio. Decidí sincronizar mi vida al ritmo alucinante de su corazón enamorado.

Cultura amor archivo

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