La mezquindad política quiso impedir que la Plaza de la Independencia de Granada —centro histórico y cultural de la ciudad— fuese el escenario principal del Festival Internacional de Poesía, como lo ha sido en todas las ediciones anteriores. Pero no lo logró y además eso no menoscaba el honor cultural de la ciudadanía granadina ni afecta la excepcional significación de este gran evento anual de las letras poéticas, nicaragüenses y universales.
Superado el ingrato escollo, a partir de mañana domingo 15 de febrero y durante toda la semana siguiente se llevará a cabo —seguramente con el mismo éxito o más que sus ediciones anteriores— el XI Festival Internacional de Poesía, que tiene a Granada como sede pero cuya fascinación se irradia a toda Nicaragua.
Sin ánimo de alarde nacionalista es justo decir que Nicaragua como país y como pueblo, es un digno anfitrión de esta gran fiesta anual de la belleza de la palabra que se viene celebrando desde el 2005.
Nicaragua es cuna y patria de Rubén Darío, sin lugar a dudas uno de los mejores poetas de la América de habla hispana, si no es que el mejor, y gloria de la poesía universal. Y además de Darío, merecidamente llamado Príncipe de las Letras Castellanas, Nicaragua ha producido a eminentes creadores de la literatura poética, con fama internacional, como Salomón de la Selva, Azarías H. Pallais, Alfonso Cortés, Santiago Argüello, Carlos Martínez Rivas, Pablo Antonio Cuadra, José Coronel Urtecho, Ernesto Mejía Sánchez, Joaquín Pasos y Enrique Fernández, para mencionar solo a algunos cuantos de los que ya están fallecidos.
Y los poetas vivientes que prestigian la literatura lírica nicaragüense contemporánea, son innumerables, tantos que es literalmente imposible mencionarlos en este comentario editorial pero todos son ampliamente reconocidos y respetados en el país y no pocos de ellos también a nivel internacional.
Como una República de Poetas soñó Pablo Antonio Cuadra (PAC) a Nicaragua y en su poema así titulado escribió que su bandera “pretende como el cielo, unir el azul y el blanco”. Y que, “izando el cielo en tu mástil, ¡somos un millón de hombres con la cabeza de pájaros!” Y en uno de los ensayos contenidos en el libro con el mismo título editado por la Colección Banco de América, que se puede encontrar en la Biblioteca Virtual del expresidente Enrique Bolaños, explica PAC que: “No andaban errados los griegos, ese pueblo de poetas, cuando llamaron Averno —av-amos, que significa literalmente ‘sin pájaros’— a la muerta laguna por donde se entraba al infierno. El infierno, lugar de los que niegan la vida, ¡comienza con la muerte de los pájaros!”
Platón, uno de los clásicos griegos de la antigüedad a los que evoca PAC, indicó que el mejor gobierno que podría tener la sociedad sería la república de los filósofos, o sea de los poetas, de las personas educadas, porque para gobernar correctamente a un pueblo hay que entender la idea del bien. De los poetas y de los filósofos —que al fin y al cabo son lo mismo en la idea de Platón y de PAC—, se dice que “viven en la luna”, alejados de la realidad. Lo cual no es del todo cierto, porque las ideas que ellos producen son un valioso recurso que ayuda a gobernar de conformidad con el bien, si esto es lo que se quiere. Y en todo caso, una república de poetas siempre sería mucho mejor que un gobierno de generales y de comandantes.
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