“Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”. Esa es la famosa frase que da comienzo al Manifiesto Comunista, escrito por Carlos Marx y Federico Engels y publicado por primera vez en Londres, en febrero de 1848.
Pero el comunismo no representaba en aquel momento un peligro real para Europa y el mundo. Solo era una profecía apocalíptica de Marx y Engels. Las revoluciones que se desencadenaron en Europa precisamente en el mismo mes de febrero de 1848, eran de carácter democrático liberal, para poner fin al absolutismo impuesto por la restauración que siguió a la Gran Revolución Francesa de 1789 y la derrota de Napoleón Bonaparte.
Ahora estamos hablando de otra cosa. En la actualidad, el fantasma que recorre Europa —el populismo— no es solo una amenaza potencial como era el comunismo a mediados del siglo XIX. El populismo es un peligro real inmediato que aumenta su fuerza electoral en el continente europeo. El populismo ya tomó el poder en Grecia y podría contagiar a otros países de la vieja, cansada y desconcertada Europa.
Syriza, el partido populista que ya gobierna en Grecia después de ganar las elecciones parlamentarias del domingo pasado, es una coalición de grupos de izquierda radical del que solo se auto excluye el Partido Comunista (que tiene 15 diputados de los 300 que integran el Parlamento) debido a su ortodoxia doctrinaria.
El fantasma que recorre actualmente Europa —e Iberoamérica— y amenaza con socavar la democracia y el sistema de libertades no se llama comunismo, sino populismo. Pero como lo explicaba la semana pasada en Managua la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, el populismo es lo mismo ya sea de izquierda o de derecha. Y aunque los extremos se repelen, los populistas izquierdistas y los derechistas se juntan cuando les conviene, como se ha juntado en Grecia para formar gobierno el partido populista de izquierda Syriza con el partido populista de derecha Griegos Independientes.
El partido Syriza y su líder Alexei Tsipras, nuevo primer ministro de Grecia, se proponen poner fin a las políticas económicas de austeridad dictadas por la “troika” (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea), como amarga medicina para combatir la tremenda crisis económica causada por la dilapidación, la corrupción y la ineptitud de los gobiernos anteriores.
Pero no solo con ese compromiso ha llegado al poder el partido populista Syriza. Igual que el partido de extrema izquierda Podemos en España, Syriza ofrece como alternativa para Grecia y toda Europa el modelo del socialismo bolivariano de Venezuela, adaptado a las condiciones europeas. Y como es bien sabido, los partidos del socialismo del siglo XXI, que es la bandera de los países del Alba, entre ellos la Nicaragua de Daniel Ortega, utilizan la democracia para tomar el poder y después vaciarla de contenido, a fin de construir y consolidar una dictadura populista y tratar de quedarse en el poder para siempre.
Sin duda que Europa no es América Latina. Eso lo saben muy bien los populistas europeos, tanto los de izquierda radical como los de extrema derecha. Pero en Europa ya hubo regímenes populistas autoritarios, inclusive totalitarios, que desmantelaron la democracia y suprimieron la libertad. De manera que habrá que ver hasta dónde querrán o podrán llegar Syriza y Tsipras en Grecia y cuál será su capacidad de contagio en el continente europeo.