Corría el año 1998 cuando este servidor laboraba como abogado en la Alcaldía municipal de la ciudad capital. Desempeñándome como asesor legal del Comité de Licitaciones, impulsábamos o continuábamos el lento pero seguro desarrollo urbano en Managua, iniciado bajo la gestión edilicia del doctor Arnoldo Alemán (1990-1996), junto con el alcalde liberal, ingeniero Roberto Cedeño Borgen (1997-2000).
En aquel quinquenio liberal las rotondas fueron urgentes para agilizar el tráfico del parque vehicular, que se triplicó gracias a la acertada política gubernamental de apoyo a los miles de exiliados que regresaban a Nicaragua y que bajo la administración de la Dirección General de Aduanas (DGA) introducían y repatriaban libres de impuestos sus vehículos, motocicletas y menaje de casas.
Los sandinistas y los llamados renovados sandinistas (MRS), que llevaron posteriormente al poder edilicio a los alcaldes Herty Lewites (FSLN) y Dionisio Marenco, que tanto criticaron la construcción de las rotondas y hasta se mofaban llamando “Rotoldo” al alcalde Arnoldo, no tuvieron más creatividad que seguir la construcción de las rotondas. Con el alcalde Cedeño se licitaron, aprobaron y desarrollaron innumerables obras de progreso, entre las más destacadas: fundación del barrio emergente “Nueva Vida” para los damnificados del huracán Mitch, construcción de las rotondas La Virgen, Cristo Rey y Santo Domingo; ampliación de la avenida Cardenal Miguel Obando y Bravo, pista Suburbana, la pista Jean Paul Genie (en memoria al niño asesinado brutalmente por los escoltas de Humberto Ortega).
Hablando de liberalismo, debemos ser explícitos y sin cortapisas decir que Nicaragua, digna de mandatos liberales por más de medio siglo, tuvo un presidente como ningún otro país de América Latina, que supo explicar y denunciar internacionalmente la conspiración de Fidel Castro y comunismo en 1979 y que el pueblo supiera diferenciar entre lo que significó la prosperidad de libre mercado y la miseria, el hambre y el desabastecimiento cubano del comunismo estatista y la Nicaragua de los años ochenta. La misma Nicaragua de Sandino, certeramente dirigida por el presidente Luis Somoza, de profunda solidaridad libertaria, prestó el territorio nacional, la zona estratégica de Puerto Cabezas, como centro de entrenamiento, logística y capacitación de la contrarrevolución armada contra Fidel Castro en 1961. Es la historia de Bahía de Cochinos.
El pueblo de Nicaragua ama tanto la libertad y el liberalismo económico, que el otrora revolucionario marxista-leninista, Daniel Ortega, tuvo que transar para sobrevivir, adaptarse al ideal del pueblo e implementar el neoliberalismo macroeconómico.
Son destellos de Nicaragua que ahora forma parte del exclusivo club de siete países en el planeta que no aprueban el aborto terapéutico, y que es motivo de honra esa defensa de la vida porque somos un bastión mundial en la defensa de la vida del no nacido.
Y para cerrar con broche de oro, una historia del año 2009, cuando el actual líder opositor, Eduardo Montealegre, calentó las aguas políticas y no escatimó en cerrar las puertas centroamericanas a la tiranía socialista del siglo XXI, y cerró filas por la democracia, viajando a Tegucigalpa en un claro reconocimiento al régimen de Micheletti.
El autor es abogado y notario publico.
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