La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez, encabeza un equipo de trabajo que verificó en El Tule, que existe acoso y hostigamiento por parte de soldados del Ejército para que los campesinos y productores desistan en su protesta contra el proyecto del Canal.
Núñez junto a un equipo del Cenidh acudieron a El Tule para escuchar nuevos testimonios de los afectados durante el desalojo violento del pasado 24 de diciembre.
La mañana de este jueves unos 2,500 campesinos se congregaron en El Tule y en presencia del equipo del Cenidh reiteraron su disposición de continuar en la defensa de sus propiedades las que dijeron no están dispuestos a vender. Núñez dijo que ella llamó a los asistentes a la asamblea a mantener el derecho a la protesta pero que sea de forma cívica.
Hay casos como el de Francisca Ramírez, que denunció que ha sido visitada por militares para tratar de convencerla que deje la lucha, lo que ella considera un hostigamiento, así como el caso de Silvio Gutiérrez, que es no vidente, quien denunció a los abogados del Cenidh hostigamiento de parte de las autoridades que le han insistido que no debe andar en las marchas, que él no tiene capacidad para eso. «Hay acoso y hostigamiento», expresó Núñez.
La defensora de derechos humanos señaló que también existe preocupación por parte de los padres de familia con hijos en edad escolar pues soldados del Ejército permanecen en la escuela El Roble, distante a unos 10 kilómetros de El Tule, y desconocen si será desocupada por los militares al inicio de las clases. Además los pobladores de esa comunidad denuncian represalias por parte del Gobierno que ya les respondió que no les enviará una ambulancia que habían solicitado para el centro de salud de la localidad.
El director jurídico del Cenidh, Gonzalo Carrión, refirió por su parte que verificaron casos de personas en las que aún se aprecian las secuelas de los golpes recibidos, y pudieron comprobar que hay decenas de personas golpeadas y lesionadas por los impactos de las balas de goma disparadas por la Policía durante el desalojo del 24 de diciembre que por temor a represalia no los llevaron a pasar asistencia médica y fueron curados por ellos mismos.