La actitud soberbia de creer y actuar como dueño y señor de Nicaragua, me confirman lo que he pensado desde que Daniel Ortega, presidente inconstitucional desde enero del 2012, retornó a la silla presidencial en el 2007, solo abandonará el poder por la fuerza, así como le sucedió al dictador Anastasio Somoza.
Ojalá no sea esa la alternativa, los nicaragüenses no queremos más derramamiento de sangre y pérdidas de vidas humanas pero las acciones autoritarias del mandatario, de irrespeto a la Constitución, prolongar su permanencia en el poder de manera ilegal, el control de las instituciones del Estado, y de las fuerzas armadas que se quitaron el antifaz apartidista sin el menor rubor, no dejan espacio a dudas que a Ortega habrá que sacarlo por la fuerza.
Mi presunción se reforzó cuando Ortega impuso su decisión de reelegirse para satisfacer su desmedida ambición de poder, pasó por encima de la Constitución, la máxima ley de la República, utilizando un absurdo argumento, la violación a sus derechos ciudadanos, digno de un mal guion de telenovela. ¿Cuándo a Ortega, le ha interesado la violación de los derechos ciudadanos?
Estamos frente a un nuevo escenario, la gestación de un nuevo movimiento, espontáneo, integrado por personas afectadas y hastiadas de los abusos de Ortega, armados solamente de gran valor, palos y machetes, la rebelión parece inevitable, y el único responsable se llama Daniel Ortega, que ha tomado decisiones trascendentales para la nación, la construcción de un Canal catalogado como la crónica de “un desastre anunciado”, por el ambientalista Jaime Incer Barquero, durante una entrevista con el periodista Andrés Oppenheimer.
Abusivamente, Ortega decidió de manera unilateral, improvisada, e irresponsable el destino de un patrimonio nacional que tendrá consecuencias ambientales negativas e irreversibles para el país, otros expertos ambientalistas estiman que la construcción del canal podría ser el mayor desastre ambiental del mundo en los últimos tiempos.
Quién se cree Ortega para ordenar el ingreso de los chinos a territorios habitados por nicaragüenses trabajadores, que serán afectados por la construcción del proyecto, sin ofrecer mayor información a los dueños que con asombro y preocupación ven como los técnicos chinos entran y miden sus tierras para ser expropiadas, mientras el régimen maneja una política de prepotencia y secretismo.
Ser presidente, aunque sea de manera adulterada, no significa que es el dueño de Nicaragua, y que pueden entrar a cualquier propiedad como Pedro por su casa.
La militarización de la zona de El Tule, con la llegada de los chinos, es otra situación de alarma que podría ocasionar lamentables consecuencias.
Pero Ortega se ha venido preparando, quiere evitar un fin similar al de Somoza, a quien el FSLN encomendó su asesinato a manos del argentino Enrique Gorriarán Merlo. Ante ese temor no solamente aumenta el número de sus escoltas, compra lealtad y sumisión a sus antiguos compañeros de guerrilla a cambio de beneficios, entre ellos, la permanencia de la comisionada de facto, Aminta Granera, al frente de la Policía, mientras todo indica que el general Julio César Avilés continuará como jefe del Ejército, después de febrero del 2015, rompiendo así la sucesión de mando que se realizaba desde 1995.
A través de este tipo de “premios“ y de la posible participación de las empresas del Ejército, en la construcción del Canal, Ortega se ha rodeado de personal de “confianza”.
Ya se observan las primeras señales de violencia a causa del descontento, como el de los daños causados al vehículo de los chinos que realizan trabajos de campo. A medida que pasen las semanas el descontento de la población seguirá creciendo, no están dispuestos a vivir una segunda piñata, ese foco de conflicto crece como una bola de nieve, y de seguir así el régimen difícilmente podrá detenerlo.
Me pregunto si Granera y Avilés serán capaces de ordenar a sus subalternos disparar contra los campesinos expropiados. La Policía ya demostró que es capaz de reprimir y disparar para defender al partido gobernante, triste papel de doña Aminta que le faltó sabiduría para retirarse con dignidad, la ambición pudo más.
Quién se cree Ortega para decidir el sacrificio del Lago, que es parte de nuestra identidad geográfica y provee de agua a varias localidades. La gente llega hasta donde se le permite, creo firmemente que a Daniel Ortega hay que ubicarlo, y el movimiento empieza a tomar forma. ¡Ortega, usted no es el dueño de Nicaragua, ubíquese!
La autora es periodista
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