Vistiendo coloridos trajes típicos, grandes collares y sombreros, en pequeños canastos llevan caramelos que reparten a los niños. Madre e hija cumplen alegres una promesa a la Virgen de Guadalupe durante la masiva procesión que cada año realizan los feligreses católicos en Matagalpa, festejando a la Emperatriz de América.
Evelia Escoto relata que «tuve un embarazo delicado y lo ofrecí a la Virgen de Guadalupe y le dije que si era niña llevaría su nombre y que todos los años iba a traerla a la procesión».
Han transcurrido 37 años desde aquella promesa y Escoto siempre va a la procesión acompañada por su hija Ligia Guadalupe Vásquez Escoto, quien asegura que no hemos fallado un solo año, agregando que »mi mamá siempre me trajo desde que tenía 3 o 4 meses».
Esta conmemoración terminó con la procesión de la imagen de la Virgen en la Catedral San Juan, de Jinotega.[/doap_box]
Entre millares de feligreses destacan niños y niñas disfrazados de indígenas y la mayoría de los varones pintados, simulando vellos faciales.
Antes de la procesión, el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, junto con varios sacerdotes, presidió la misa solemne en el templo Santa María de Guadalupe, en el barrio Guanuca.
En su homilía, el prelado destacó el fervor mariano de los matagalpinos y explicó que »en el misterio de Guadalupe, en esta Virgen Morena, gracias al misterio de la encarnación se puede entender cómo ella se nos apareció siendo mestiza, claro, es que aprendió perfectamente del Hijo, así como el Hijo se hizo carne haciéndose como nosotros, menos en el pecado, así se nos aparece Ella en El Tepeyac, como una de nosotros».
«Quien ha hecho de Jesucristo el centro de su vida es auténticamente mariano (…). Me parece que también, especialmente en Nuestra Señora de Guadalupe, la Virgen Morena, podemos contemplar el misterio de la encarnación». Monseñor Rolando José Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa.
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