Ana Sánchez es una señora de la tercera edad. Como muchas mujeres de origen nicaragüense en Costa Rica llegó a ese país a laborar como servidora doméstica. Lo hace en la casa de un matrimonio costarricense integrado por maestros, donde trabaja por horas tres o cuatro días a la semana en el cuido de una niña y planchando ropa.
Al mes redondea cerca de 80,000 colones (cerca de 150 dólares), la mitad del salario mínimo establecido por el Ministerio de Trabajo para el II semestre del 2014. Sus patrones no la tienen asegurada y tampoco le pagan doble los días feriados, como la ley ordena.
Ella forma parte del grupo de trabajadores que sufren mayor incumplimiento de garantías laborales; de acuerdo con el vigésimo Informe Estado de La Nación.
“Pobres extremos, jóvenes e inmigrantes sufren mayor incumplimiento de garantías. El desempeño del mercado laboral se analiza desde la óptica de las brechas, tanto en el acceso (desempleo) como en la calidad del empleo (cumplimiento de garantías)”, reza parte del texto que usa datos de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho).
Unos 287,766 nicaragüenses viven y representan el 74.6 por ciento del total de inmigrantes residentes, calculado en 385,899 extranjeros.
Las complicaciones que padecen los inmigrantes no son exclusivas. Son parte de los problemas que arrastra en los últimos años Costa Rica, país que pasó de ser modelo de desarrollo en 1990 a un ejemplo más de desigualdad social en América Latina; según el Estado de La Nación.
Ver en la versión impresa las páginas: 3 A