Los esfuerzos por integrar a América del Sur y fortalecer un bloque comercial recibieron un impulso importante con la reelección de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil, pero los desafíos persisten rumbo a un segundo mandato.
Algunos analistas critican que el país está aislado y actúa a la defensiva en acuerdos comerciales. Y sus oponentes dicen que la mandataria necesita actualizar su estrategia de política exterior percibida como obsoleta.
La victoria de Rousseff, del Partido de los Trabajadores, «traza perspectivas positivas para Brasil y para la política externa del nuevo gobierno, además de contribuir a la continuidad de políticas alternas a las del neoliberalismo de América Latina», escribió Kjeld Jakobsen, un asesor de política externa del partido, en la revista semanal Carta Capital.
Para Rubens Barbosa, quien fue embajador de Brasil en Estados Unidos y formuló el plan de política externa del adversario Aécio Neves, «la política externa de los últimos años no acompañó los cambios que están ocurriendo en el mundo».
Durante la contienda que resultó el domingo en la victoria más estrecha desde el retorno de la democracia tras la dictadura militar, estaban en juego la fuerte inversión brasileña en Cuba y el futuro del bloque Mercosur que conforman Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay y Brasil.
Los aliados de Rousseff rechazan que Brasil esté de brazos atados por las decisiones de Mercosur, que prohíbe firmar acuerdos bilaterales con países que no son miembros. Por ejemplo, hasta hoy ha sido imposible poner en marcha un acuerdo comercial con la Unión Europea por discrepancias en la eliminación de aranceles para comerciar bienes. Algunos culpan a Argentina, pero el asesor de asuntos internacionales de la presidenta, Marco Aurelio Garcia, dice que son los europeos quienes aún no tienen una propuesta.
En los últimos años, la administración de Rousseff impuso mayores barreras a las importaciones, reforzó la vigilancia en los puertos y aumentó las restricciones para incentivar el contenido local en proyectos urbanos, inclusive si el costo es mayor. Sin embargo, también invirtió más de 800 millones de dólares en ampliar el puerto de Mariel en Cuba.
Después de la elección, los titulares en Cuba celebraron la victoria con encabezados como «Alegría por triunfo de Dilma». Para Cuba la elección de Rousseff representa un logro por el intercambio comercial, además de que en la actualidad más de 10,000 trabajadores cubanos de la salud son contratados por Brasil para trabajar en zonas rurales o desatendidas.
En Venezuela la oposición esperaba una victoria de Neves por considerar que pondría fin al apoyo incondicional de Brasil al gobierno socialista de Nicolás Maduro.
El exministro de Relaciones Exteriores y principal asesor presidencial venezolano Elías Jaua, quien estaba en Brasil el día de la elección, dijo por medio de su cuenta de Twitter que la victoria de Rousseff y de Evo Morales en Bolivia «demuelen la tesis del fin del ciclo de gobiernos de izquierda en América Latina».