12 días después las autoridades han borrado las huellas de la tragedia en la que murieron nueve personas. LA PRENSA/ ARCHIVO

La tragedia del barrio 18 de Mayo

Los que vivieron la tragedia en el barrio 18 de Mayo ya no están. Unos fueron evacuados a los albergues que habilitó la Alcaldía de Managua después de la desgracia que mató a nueve. Otros aún se recuperan en los hospitales de la golpiza propinada por el muro de piedras canteras y losetas, que revuelto con toneladas de lodo y agua, les cayó encima la noche lluviosa del jueves 16 de octubre.

Los que vivieron la tragedia en el barrio 18 de Mayo ya no están. Unos fueron evacuados a los albergues que habilitó la Alcaldía de Managua después de la desgracia que mató a nueve. Otros aún se recuperan en los hospitales de la golpiza propinada por el muro de piedras canteras y losetas, que revuelto con toneladas de lodo y agua, les cayó encima la noche lluviosa del jueves 16 de octubre.

Incluso, las niñas “milagro”, como les llamaron a las hermanas Elizabeth Centeno, de 6 años, y a Sherly Bello, de 3, quienes fueron sacadas de una tumba de lodo donde quedaron sepultados su mamá, su abuela, dos tíos y un primo, están en alguna casa del Ministerio de la Familia (Mifamilia).

Desde entonces, sus papás no las han visto.

[doap_box title=»Toda Managua es de alto riesgo» box_color=»#336699″ class=»aside-box»] Para el exalcalde Dionisio Marenco toda Managua “es un punto de riesgo”. “Desde el punto de vista geológico es una temeridad, por la contextura de sus suelos”, dijo Marenco, sin embargo cree que una medida obvia que debe adoptar la Alcaldía es desalojar a la gente que vive a orillas de los cauces.
“La capital se ha extendido hacia muchas direcciones y ha crecido de manera caótica. Estoy segura que cuando desaparecés la capa vegetal en grandes zonas de la ciudad y en su lugar ponés techo y pavimento, las aguas ya no se van a infiltrar en el suelo y van a engrosar las escorrentías. Así los cauces construidos hace más de 40 años no tienen capacidad de albergar esos grandes volúmenes y terminan rebosando y generando inundaciones, cada vez más fuertes como se constata en el Puente El Dorado, barrio Santa Rosa, Jonathan González, Presa de Tiscapa, el barrio Altagracia y Nejapa, entre otras”, dice Ruth Selma Herrera, experta en temas ambientales, agua y saneamiento.
“Muchos cauces de la capital están llenos de basura y sedimentos y la educación es pobre sobre la higiene ambiental, esto no se resuelve con campañitas voluntariosas, sino con un sólido sistema educativo que estamos lejos de tener”, anotó Herrera.
Sobre el caso específico del 18 de Mayo, el arquitecto Orlando Rodríguez, experto en urbanismo, recuerda que los terrenos alrededor del cauce se caracterizaron por ser frágiles, que se aflojaban con facilidad. [/doap_box]

“Están bonitas, están bien”, le han dicho a Marco Antonio Bello, de 24 años, el papá de la más pequeña de las niñas, quien esa noche esquivó la tragedia porque andaba en el mercado Oriental cobrando un dinero que le debían a su esposa y que, luego de una larga espera, no le pagaron.

Bello también compartió el júbilo de los rescatistas cuando hallaron a las niñas. Sin embargo, al amanecer del 17 de octubre, este hombre de contextura frágil y menuda contaría con los cinco dedos de la mano a los familiares fallecidos.

BORRAR HUELLAS

En el lugar donde se desplomó el muro, que era símbolo de seguridad para los habitantes de Lomas del Valle y un enemigo para los que vivían abajo en las laderas del cauce que atraviesa el 18 de Mayo, se han ido borrando las huellas de ese jueves desgraciado.

Si se quisiera hacer un peritaje con los restos del muro en este momento no se podría porque la maquinaria está borrando cualquier vestigio. Eso lo ha advertido el ingeniero Agustín Jarquín, quien esta semana mandó una carta a los diputados de la comisión de infraestructura de la Asamblea Nacional solicitando, entre otras cosas, que se cree “a la mayor brevedad posible” una comisión técnica independiente para investigar los hechos trágicos del 16 de octubre.

Las máquinas excavadoras de la Alcaldía que han estado allí desde ese día, lo mismo que decenas de camiones del Ejército, ya arrancaron los pedazos del muro que cayó sobre el vecindario espontáneo que sobrevivía al otro lado del cauce del barrio 18 de Mayo.

Va quedando una mancha enorme de tierra debajo del muro desportillado —a lo largo de 50 metros, más o menos tres casas— que es mitad piedra cantera y mitad loseta.

“Lo hicieron bien alto (10, 15 metros) porque decían que aquí había mucha delincuencia”, oyó decir Bello muchas veces.

Dos días después de la tragedia, representantes de Vivexsa dijeron que estaban analizando con sus expertos por qué se cayó el muro.

Ayer sábado se esperaba que emitieran resultados, según informó el jueves Lacariña Martínez, administradora de la constructora.

Los vecinos, por su parte, insisten en que fueron muchas veces a las oficinas del Distrito V de la Alcaldía a denunciar la caída inminente. Nunca, hasta la hora de la tragedia, les hicieron caso, dicen ellos.

Aunque también hay registros de que en el 2009 las autoridades intentaron reubicar a varias familias.

“Después del temblor del lunes, se formó una pequeña delegación de la gente que vivía allí y fueron al Distrito V a decir que ese muro estaba flojo, pero no les hicieron caso”, dice Alonso Paredes, habitante de la etapa V del barrio 18 de Mayo.

“Aquí los señores CPC se interesan más por el tema partidario que por los problemas sociales del barrio”, apunta Paredes.

La gran pregunta que aún flota en el ambiente es: ¿por qué si las autoridades sabían que había un riesgo por el muro y el cauce, no sacaron antes a las familias que vivían allí? ¿Por qué no se evitó la tragedia?

«La Alcaldía debe asumir su responsabilidad de manera integral, en acciones asistenciales cuando ya tiene la emergencia de frente, como ahorita con la reubicación de familias en riesgo, pero si realizaran las demás funciones oportunamente no se llegaría a las tragedias”. Ruth Selma Herrera, especialista en Políticas Públicas y temas ambientales.

ANGUSTIA, INCERTIDUMBRE

A mediados de la semana, las máquinas excavadoras seguían emparejando la pendiente donde alguna vez estuvo colgada la casa de zinc de Xiomara Orozco, y de 10 familiares más, de los cuales su hermano y su cuñada embarazada perecieron aplastados esa noche,

“Yo salí en medio de la noche. Al niño le agarró por llorar y llorar, y mi cuñada me dijo andá hacele una pacha. Cuando estaba por el lavandero miro para atrás y el muro se estaba cayendo”, dice la sobreviviente quien ahora está evacuada en el albergue Arlen Siú, en Portezuelo, y tiene en brazos a su hijo de meses.

La maquinaria pesada escarba con tanto afán que la gente del barrio ha empezado a especular que allí se hará una carretera, o alguna obra que ellos ignoran.

Tirados y dispersos como si un huracán hubiera barrido con ellos, se ven trapos, trastos quebrados, cabezas de muñecas tuertas semicalvas, zapatos impares, con las suelas como bocas abiertas, sofás viejos patas arriba, áreas embaldosadas, que alguna vez fueron el piso de una casa, reventadas, palos de chagüite…

Abundan carretones de caballo, cuyos dueños van comprando chatarra o arrancando las latas enterradas en los predios donde habían ranchos.

Al día siguiente de la tragedia, los vecinos que vivían alrededor del cauce despegaron lo que les quedaba y fueron montados en camiones del Ejército y trasladados a los albergues. Casi todos están amontonados en el Arlen Siú. Algunos se quejan de que les faltan colchas.

“No nos han dicho nada. No sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí. Algunos dicen que seis meses, otros que vamos a llegar aquí hasta diciembre”, comenta una mujer que se cruzó el domingo pasado con sus tres hijos.

CAUCE, LA AMENAZA

A Elizabeth Raudez, con tres hijos y ocho meses de embarazo, la censaron el miércoles para llevarla a un albergue.

Raudez ha vivido los últimos cinco años a orillas del cauce en otro extremo del 18 de Mayo, a unas seis o siete cuadras de donde cayó el muro. Ella dice que es la primera vez que se desborda el agua del cauce. “Como estoy así mejor me voy”, dice tocándose la barriga.

“Yo he vivido posando. Nunca he tenido casa”, cuenta esta mujer y detalla que, junto a su marido, pagaron 17,000 córdobas por ese terreno que limita con el cauce y del que ahora se está evacuando por seguridad.

Han llegado dos hermanas y varios sobrinos a ayudarle. Mientras desarma la casa en la que caben tres camas y un par de gaveteros, la cocina siempre quedó afuera, cae una llovizna que los obliga a guarecerse y esperar el aviso de los trabajadores de la Alcaldía que andan levantando el censo.

[doap_box title=»Indemnizar y hallar culpables» box_color=»#336699″ class=»aside-box»] Aunque familiares y sobrevivientes de la tragedia del 18 de Mayo han pensado en demandar y pedir que los indemnicen por las vidas que cobró el desplome del muro, el pasado 16 de octubre, el ingeniero Agustín Jarquín Anaya, envió una carta a la Comisión de Infraestructura de la Asamblea Nacional, en la que solicita la formación de una comisión técnica independiente para averiguar los hechos.
En su carta, Anaya solicita que “se indemnice con prontitud y justicia a las víctimas y sus familiares, conforme a las leyes del país”, pero también que sancione a los que resulten responsables de este desastre. Hasta ahora, ninguna autoridad ha anunciado proceso alguno por esta tragedia que acabó con la vida de nueve personas. [/doap_box]

Los cauces han sido la amenaza permanente del 18 de Mayo. Este barrio, que en el mapa tiene forma de botella, se encuentra atrapado entre dos cauces. Hace años, cuando llovía quedaba aislado y era imposible que sus habitantes entraran, explica el arquitecto Orlando Rodríguez, exfuncionario del departamento de urbanismo de la Alcaldía de Managua.

Rodríguez, quien gerenció un proyecto de urbanización del 18 de Mayo financiado por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo, BID), explica que con ese proyecto denominado Proyecto de Renovación Urbano (PRU) —que abarcaba cuatro zonas de la capital— se construyeron dos puentes que conectaron al barrio al sureste y al noreste.

Otras obras que se adelantaron fueron la lotificación, legalización y el adoquinado de varias calles.

Rodríguez dice que uno de los problemas más graves que había era la delincuencia. Habían dos bandos, del norte y del sur. Una de las medidas para integrarlos fue capacitarlos en distintos oficios.

No se hizo más por falta de fondos del proyecto. Sin embargo, Rodríguez explica que con lo adelantado el barrio quedó en un nivel de urbanización progresiva. Entre los pendientes, en ese momento, quedaron la estabilización del puente y la instalación de gaviones.

“Aquí no había agua potable, luz eléctrica, había mucha delincuencia y la gente se iba, vendía y se iba, vendía y se iba. Se hizo una lucha para obtener el agua potable”, dice Alonso Paredes. Finalmente, ese servicio les llegó en el 2007. Aún falta alumbrado público.

El exalcalde Dionisio Marenco recuerda que también fue al barrio para entregar títulos de propiedad y que una vez llegaron vecinos de unas casitas cercanas al cauce a solicitarle la construcción de un puente.

En el 18 de Mayo también hay aflicción. Algunos temen que las autoridades los arranquen de sus casas y los manden a albergues.

“Nos tienen que indemnizar, tenemos que llegar a una negociación porque aquí estamos legales, tenemos títulos que nos entregó Herty”, dice Héctor Velásquez fundador del barrio.

A Velásquez lo rodea un grupo de vecinas que piensan como él. Están inconformes porque las autoridades han generalizado el riesgo del barrio. “Nosotros no estamos cerca del cauce”, dice Velásquez quien funge como vocero del grupo.

Bajando por el andén donde están Velásquez y las mujeres está la casa de paredes naranja de Lucía Villalta y su familia. Es amplia de concreto, con verjas. Villalta dice que han invertido mucho en esa vivienda y entra en pánico de solo pensar que la vayan a sacar de allí. “No entiendo por qué, si el cauce está largo. Aquí no hay riesgo”, dice.

Alonso Paredes, quien trabaja para casas comerciales y camina por el barrio cobrando cuotas, cuenta que él no es fundador del barrio. Calcula que en su casa de concreto, donde vive con su esposa y media docena de hijos, ha invertido unos 100,000 córdobas.

POSIBLE DEMANDA

Mientras se aclara esta situación en el barrio, los que se fueron al albergue como Xiomara Orozco están dispuestos a empezar de cero.

A Marco Antonio Bello, en cambio, lo que más le preocupa es ver a su pequeña Sherly Rubí y hallar un trabajo. “No sé por qué no puedo verla. Solo me han enseñado fotos de ella y me dicen que está bien, pero no la he visto”.

Bello, quien está solo en el albergue, recuerda todos los días a su mamá, que trabajaba de doméstica y era muy creyente. Dice que ella temía por el muro y que insistió muchas veces a los “encargados” del barrio, pero nadie los escuchó. Ahora Bello y otros familiares están pensando en entablar una demanda contra los que construyeron el muro.

“Fue un muro mal hecho. Sin hierro, con una mezcla, me acuerdo que trabajaron un montón de chavalos del barrio que nada saben de construcción”, repite Bello.

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