Históricamente se ha dicho que el patriotismo es un sentido de orgullo y supervivencia nacional, el cual se activa y convierte en fuerza poderosa cuando el país está en grave peligro de ser dominado por fuerzas extranjeras, e inclusive de desaparecer como nación. Es decir, como ocurrió en Nicaragua en la Guerra Nacional de 1856-1857, cuando la población se movilizó para enfrentar a los filibusteros, expulsarlos del territorio nacional y salvar a la patria de la dominación extranjera y la esclavitud.
Pero también se estima —y es de aceptación común— que el patriotismo no se patentiza solo en acciones armadas y heroicas por la libertad y la independencia nacional. El patriotismo se manifiesta igualmente en actos de contenido cívico y humanista, en el fomento del bienestar público y del desarrollo nacional, como por ejemplo respetar los símbolos nacionales, practicar las normas de la convivencia pacífica, esmerarse en la propia educación y la superación personal, contribuir al bienestar de la comunidad, solidarizarse con las personas menos favorecidas y más necesitadas, etc.
Daniel Ortega, presidente inconstitucional de Nicaragua, proclama en los numerosos, enormes y costosos rótulos de propaganda política personal y fomento del culto a su personalidad que ha hecho colocar en lugares visibles a lo largo y ancho de todo el país, que él y su Gobierno “están haciendo patria”.
Pero violar la Constitución, reelegirse como presidente a pesar de la prohibición constitucional, someter los poderes del Estado a su hegemonía, hacer fraudes electorales para perpetuarse en el poder, menoscabar los derechos de la oposición y de la sociedad civil para acorralarlas y reducirlas a una mínima expresión, acaparar medios de comunicación y ocultar información de interés público, violar los derechos humanos, promover y practicar la corrupción, enriquecerse desmedidamente a la sombra del Estado, discriminar a los que no son partidarios del Gobierno ni se someten a sus indignas condiciones, entregar el territorio y la soberanía nacional a una potencia extranjera para un proyecto canalero o geopolítico, eso no es hacer patria sino todo lo contrario.
También los empresarios dicen que hacen patria. Así lo expresó el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, en su discurso con motivo del Día del Empresario el martes de esta semana. El líder empresarial manifestó que: “Se hace patria al crear empresas, al generar empleo formal, al desarrollar programas en beneficio de los colaboradores, al contribuir fiscalmente con el país, al llevar financiamiento a los que no tenían acceso al mismo, al promover la cultura, al preservar el medioambiente, al desarrollar la educación, al mejorar la salud, al fomentar el emprendimiento en los jóvenes, al trabajar por la equidad de género, al trabajar por el mejoramiento de las comunidades que nos albergan, al representar dignamente nuestras raíces en el mundo ”.
En este caso tiene razón el presidente del Cosep. Quienes hacen patria son los que trabajan, producen, crean riqueza y pagan sus impuestos para financiar las obras públicas y los programas sociales, y sostener a una desmedida burocracia tan ineficiente como arrogante. El otro, el caudillo, lo que hace es vivir de la patria y, para peor, someterla a su dictadura personal y partidista.
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