Indiscutiblemente China se ha convertido en una gran potencia económica mundial. Con razón se puede hablar de un “milagro” económico chino, como se llamó a las asombrosas reconstrucciones de las economías de Alemania Federal y Japón después de la II Guerra Mundial, gracias al apoyo de Estados Unidos y a la conversión de aquellos países en sociedades abiertas, libres y democráticas.
Pero hay una enorme diferencia en el caso de China, porque su “milagro” económico lo ha logrado mediante el desarrollo capitalista en su modalidad más salvaje y perversa, sin las virtudes de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos. Capitalismo mafioso, se le llama por eso al sistema económico chino que, por lo exitoso aunque desalmado, se pretende replicar en otras partes del mundo.
Santiago Villa, un periodista investigador colombiano especializado en China, dice que los nuevos magnates chinos son “una nueva ola de empresarios que manejan grandes cantidades de millones de dólares de origen no siempre claro, para la financiación de costosos proyectos de obras públicas en América Latina, EE. UU., Europa o África”. Y advierte que “no siempre se sabe de dónde sale el dinero” que poseen los grandes magnates chinos, “son millonarios con muchos contactos y oscuros pasados que se guardan bien de revelar el origen de sus fondos”.
Villa menciona a Wang Jing, quien “tiene una concesión para construir y operar un Canal Interoceánico en Nicaragua, pero no detalló de dónde saldrá el dinero para esta megaconstrucción, cuyo costo se calcula en cincuenta mil millones de dólares”. Otro de los turbios magnates chinos es Allen Chan, quien “creó una de las firmas más prometedoras de comercialización de madera de Canadá, hasta que se derrumbó en menos de una semana por un escándalo de fraude”. Y señala también a Sam Pa, de quien se cree que fue agente de inteligencia chino y se convirtió en el intermediario entre la compañía estatal de petróleo de su país y el gobierno de Angola, el segundo exportador de petróleo a China”. Sam Pa está metido también en los lucrativos negocios de los diamantes y el comercio de armas en ese país africano que, como Nicaragua, todavía sufre las secuelas de la revolución, el estatismo y el socialismo.
Recuerda el investigador colombiano que esos magnates chinos en algún momento fueron incluso repudiados o negados por su Gobierno. Pero lo cierto es que tienen suficiente dinero y contactos privilegiados en las altas esferas de su país para operar en grandes negocios de América Latina, América del Norte y África. “¿Cuánto dinero manejan estos hombres ajenos oficialmente a las filas de la nomenclatura del Partido Comunista? ¿Cuánto es de otros y cuánto es de su propio bolsillo?” se pregunta Villa, quien informa que Wang Jing “ocupa el puesto 94 en el listado de los hombres más ricos de China, según la China Rich List de (la revista) Forbes. Su fortuna —dice— se estima en 1,400 millones de dólares, y es dueño o accionista mayoritario de 19 empresas”.
En Nicaragua, donde supuestamente para construir el Gran Canal Wang Jing prácticamente compró el territorio y la soberanía nacional a un precio irrisorio, y vergonzoso para los nicaragüenses, también nos preguntamos cuál es el origen de su fortuna y quién es el que realmente va a poner los cincuenta mil millones de dólares, o más, que se necesitan para convertir el proyecto canalero en realidad.
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