En el mundo moderno, cuando una persona o entidad, ya sea pública o privada, se dispone a realizar una inversión, considerable o no, siempre tiene que valorar los costos, los riesgos y beneficios en lo que los economistas llaman “el árbol de decisiones”.
Se “sembrarán” cincuenta “arbolatas” más en la Carretera Norte, Carretera a Masaya y en todas las rotondas que se sumarán a las 44 ya existentes. La noticia nos tomó a todos por sorpresa, porque pensábamos que ya teníamos suficientes árboles metálicos amarillos luminosos dominando todos los puntos cardinales de la capital, que agregados a los miles de rótulos comerciales y de culto a la personalidad que plagan Managua, han degradado su espectacular paisaje natural.
¿Alguien valoró los costos y beneficios de esta insólita saturación visual? Comencemos a sumar los costos en el árbol de decisiones: en primer lugar, el costo inicial de hacerlos es alto, expertos estiman que cada una de estas estructuras esotéricas cuesta alrededor de veinte mil dólares.
Según una nota periodística de El 19 Digital, publicada el 20 de agosto, las nuevas estructuras serán de 17 y 21 metros de altura, su peso promedio es de siete toneladas y entre las cincuenta que se están haciendo se llevarán 15,000 bombillos amarillos LED para un menor consumo de energía, lo que implicaría que en los 44 anteriores los bombillos no eran LED, sino incandescentes, que son muy ineficientes en el consumo de energía.
Para “sembrar” cada uno de esos mastodontes esotéricos amarillos se requerirá de costosas grúas especiales y parar el tráfico. Pero contrario a los árboles de verdad, una vez “sembrados” siguen sumando los costos: cada uno necesita un guarda para que no se roben los bombillos y transformadores que tienen adentro, así que la empresa Goliat de los allegados tendrá al menos cincuenta nuevos puestos de trabajo y como el mantenimiento corre por cuenta de la Alcaldía, el gasto de la comuna será mayor.
Igualmente subirá la cuenta de luz de “alumbrado público” a pesar de que en realidad estas “arbolatas” no fueron diseñadas para tal fin y por lo tanto son mucho más caras e ineficientes que las luminarias de mercurio que se utilizan para iluminar las calles de las ciudades de todo el mundo. Al cabo de los años los miles de bombillos fallarán y habrá que reemplazarlos, lo mismo la pintura amarilla y las estructuras del metal expuestas a la intemperie requerirán mantenimiento.
Sin un mantenimiento adecuado se corroerán y pondrán en peligro la seguridad vehicular y peatonal, ya no se diga a la hora de un sismo o un huracán, eventos naturales a los que estamos permanentemente expuestos. En cincuenta años o menos, Managua será un inmenso parque de chatarras y ciertamente tendrán que ser demolidos masivamente, otro costo. Los nuevos “árboles” amarillos no dan sombra, ni producen oxígeno, sino que lo consumen en grandes cantidades, porque cuando están encendidos requieren mucha energía. También pintura: se estima que cada uno necesita al menos tres cubetas de pintura amarilla anticorrosiva y otro tanto para su mantenimiento. Hoy son pintados antes de ser ensamblados, pero ya instalados, todo trabajo de mantenimiento del metal y reemplazo de bombillos requerirá del uso de costosas grúas y ascensores.
Es irónico y ofensivo que este nuevo proyecto de fabricar más “arbolatas” esotéricas, un derroche de fondos públicos a la vista de todos, se ejecuta precisamente cuando el Estado debería estar apretando la faja de la austeridad. Cuando se discute en la Asamblea Nacional una reforma presupuestaria a la baja porque se han caído las recaudaciones y gran parte del país se encuentra sumido en una terrible sequía con graves consecuencias económicas.
Con lo que se ha malgastado en construir las 44 “arbolatas” existentes y las cincuenta anunciadas, se hubiera podido reforestar no solo la cuenca sur de Managua, sino parte de Bosawas y con árboles de verdad, que producen oxígeno y dan sombra. El autor es diputado de la Bancada del PLI y presidente de la Comisión de Turismo.
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